Las nubes negras de Puebla
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RÉPLICA Y CONTRARRÉPLICA
Alejandro C. Manjarrez
Después de varias elecciones para gobernador, digamos que tranquilas, la que se avecina se presenta con enormes nubarrones negros. En un fenómeno extraño, nunca antes visto, ni siquiera cuando el atrabiliario Maximino Ávila Camacho obtuvo el poder a pesar de la voluntad de los ciudadanos. Si usted quiere hacerlo podrá otear que después del 4 de julio próximo, la entidad ingresará a un proceso judicial y político con una extraordinaria carga de resabios, amenazas, acciones y reclamos que sin duda alterarán la paz social o la calma chica que vivimos.
Me pongo en ese mirador y vea usted lo que percibo:
Si como parece el PAN no logra gobernar el estado de Puebla (su “joya de la corona”), desatará desde acusaciones de lo que a usted se le ocurra, hasta la organización de un gobierno alterno cuya misión será la de presionar al titular del nuevo poder Ejecutivo. ¿Cómo? Pues obligándolo a alejarse del marinismo e incluso, por qué no, a proceder de acuerdo con las denuncias públicas que harán los grupos de la derecha y, obvio, del PAN.
Y si el candidato del Compromiso por Puebla llegara al poder, ya como gobernador tendría que enfrentarse al “vudú político” que representan los sindicatos en rebeldía, la maledicencia popular, las críticas virulentas a cada una de las acciones del mandatario, las tomas y cierres de calles y lo peor para cualquier gobernante: el escarnio y la chacota a cada uno de sus actos, sean éstos oficiales o personales.
Es así como el pueblo responderá a todos los males provocados por la intensa actividad política electoral y el desprestigio que ésta conlleva gracias a la cochina guerra sucia. Es de hecho la única venganza que tiene un pueblo agredido en su inteligencia por los desvergonzados estrategas del marketing político.
Ahora veamos algunas de las reacciones digamos que naturales si partimos de los efectos de esa intensa guerra sucia:
Con el PAN en el gobierno del estado, la Casa Aguayo cambiaría de nombre para ser reconocida como la “Casa de las locas”. Y el gobernador no podría quitarse de encima los motes que acostumbra el pueblo para burlarse de las minorías sexuales. Cada uno de sus nombramientos llevaría ese “estigma” (lo entrecomillo para que no me acusen de homofóbico) y así, a contrapelo, tendría que gobernar con el siguiente agregado: a cambio de respeto los poblanos le pedirían algunas cabezas del anterior gobierno.
Con el PRI como repetidor la sociedad exigiría al nuevo mandatario que gobernara sin la presencia de los funcionarios marinistas. Cada uno de sus nombramientos sería escrutado con la lupa de la moral pública. Algunos de los directores de medios de comunicación sufrirían por el cúmulo de denuncias contra los “servidores públicos” del pasado o incluso los nuevos, dependiendo el origen de sus fortunas.
Aclaro que lo anterior sólo es un brochazo del cuadro que la sociedad ha empezado a dibujar, pintura que enmarco con los siguientes chistes que ya circulan en las calles de la capital poblana.
1-Preocupado por su futuro, uno de los candidatos le pregunta a su inseparable computadora: “Dime compañera de mis sueños y sorpresas: ¿seré yo el próximo gobernador?” La BlackBerry parpadea y tiembla sacudida por la lucha entre el faceboock y twitter, antes de que en su pantalla aparezca la leyenda: “Yo computo, no hablo”.
2-El candidato es conminado por su equipo para que entone alguna de sus canciones preferidas. “¡Qué cante, que cante!, le insisten. El no quiere hacerlo y para expresar su negativa les sentencia en tono burlón: “Miren cabrones: si yo canto muchos de ustedes se van al bote”.
Este es, pues, parte del panorama de las nubes negras, si usted quiere expuesto de manera vulgar. Hay otros efectos que espero abordar en las próximas entregas, poco a poco para que no se le acabe el agua al coco.
