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Los 3 errores de Armenta: apoyar a Zavala, promover imposiciones y caer en confianza

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STAFF PUEBLA ON LINE 2009 9 de noviembre de 2010
El sábado anterior a las votaciones del 4 de julio, cuando se tenían que hacer los últimos ajustes a la estructura del PRI que operaría en las primeras horas del día de los comicios, el presidente del partido, Alejandro Armenta Mier, abandonó las tareas de su partido y se dirigió al restaurante California de Plaza Loreto a reunirse con un grupo de jefes de prensa de diferentes dependencias del gobierno del estado, para exigirles lealtad y sobre todo, repartirles cargos en el siguiente sexenio.
 
 
El sábado anterior a las votaciones del 4 de julio, cuando se tenían que hacer los últimos ajustes a la estructura del PRI que operaría en las primeras horas del día de los comicios, el presidente del partido, Alejandro Armenta Mier, abandonó las tareas de su partido y se dirigió al restaurante California de Plaza Loreto a reunirse con un grupo de jefes de prensa de diferentes dependencias del gobierno del estado, para exigirles lealtad y sobre todo, repartirles cargos en el siguiente sexenio.
 
Al final, Armenta no acudió a las últimas reuniones para afinar el manejo de la estructura electoral del PRI, ya que para él era más importante garantizar cotos de poder en el siguiente sexenio, que buscar afinar los detalles de la movilización de priistas el día de los comicios.
 
Uno de los asistentes sostiene que Armenta los instruyó para que el domingo, una vez que se diera el triunfo del PRI en la elección de gobernador, su grupo tomaría el control del manejo de la estructura de comunicación social del entonces candidato Javier López Zavala. Eso no ocurrió, por obvias razones de la estrepitosa derrota del otrora partido oficial.
 
La anterior anécdota sirve para entender por qué el PRI en este último proceso electoral dejó de ser la maquinaria poderosa, disciplinada, experimentada y exitosa que ganaba comicios locales aún en las condiciones más adversas.
 
En abril de 2008 Alejandro Armenta Mier llegó al PRI con un discurso que prometía una renovación de las prácticas internas de este instituto político.
 
Ahora, 32 meses después, ha dejado al partido inmerso en la peor crisis de toda su historia, al estar dividido, quebrado financieramente y con una estructura debilitada. Ello como consecuencia de la soberbia, la exclusión y la falta de autoridad que mostró el dirigente saliente, quien se va con el estigma, de ser el peor presidente que ha tenido el tricolor poblano.
 
Por lo cual resulta irónico, o mejor dicho raya en el absurdo, que el nuevo trabajo de Alejandro Armenta –quien ayer dejó la presidencia del tricolor– sea recorrer los estados en donde habrá elecciones locales en los siguientes meses para advertir sobre las prácticas que utiliza el PAN y el gobierno federal para ganar comicios.
 
Cuando en realidad lo que deben hacer en esas entidades es no reproducir los vicios que privaron en el Comité Directivo Estatal del PRI de Puebla.
 
Pues si algo caracterizó a Armenta en los más de dos años en que estuvo al frente del PRI, es que siempre acababa haciendo lo que decía que no se debía hacer. Para muestra es necesario revisar tres yerros que cometió el ahora ex presidente del PRI:
 
1. Al día siguiente de los comicios federales de 2009, en que el PRI poblano ganó todos los distritos en disputa, como parte de una dinámica nacional que favoreció al tricolor, las palabras de Alejandro Armenta parecían las de un político sereno, mesurado y con los pies  puestos sobre la tierra.
 
El entonces presidente del PRI definía que el partido no podía caer en la soberbia y el exceso de confianza. Que el triunfo de 2009 no era garantía de que se ganaría las votaciones de 2010. Esas advertencias parecían ser un mensaje en contra la posible postulación de Javier López Zavala como candidato a la gubernatura y reconocían, la posibilidad de que la oposición pudiera triunfar en los comicios locales del año siguiente.
 
Sin embargo, no fue así. Armenta se acabó convirtiendo en un promotor de la postulación de López Zavala, pese a que las encuestas no lo favorecían. Y su peor error, es que en los meses siguientes al proceso electoral de 2009, excluyó del PRI a casi de los grupos del tricolor que no coincidían con sus intereses.
 
Por eso el PRI acabó controlado por la gente de Armenta y muchos grupos priistas, al sentirse ignorados o marginados, prefirieron no unirse a las labores de campaña del partido o de plano se pasaron con la oposición.
 
En ese proceso, los operadores más experimentados y sagaces del PRI, que en el pasado fueron factor clave para que el PRI se levantara de estrepitosas derrotas, como las de 1995 y 2006, se acabaron pasando del lado del entonces candidato opositor, Rafael Moreno Valle.
 
2. En diciembre de 2009 Armenta se reunió con este columnista y le afirmó, que el PRI emprendería un proceso de capacitación para los aspirantes a ser candidatos a ediles y solamente aquellos que pasaran dicha evaluación podrían ser postulados, además de que tendrían que estar bien posicionados en las encuestas y ser facto de cohesión entre los grupos del PRI de cada municipio.
 
Y advertía que ser cercano o conocido de Javier López Zavala no le garantizaba a nadie obtener la postulación a alcalde.
 
Meses más tarde, ocurrió lo contrario: en la cabeceras municipales más importantes se eligieron a candidatos a ediles que no estaban posicionados en las encuestas, que su principal mérito era ser cercanos a López Zavala y fueron factor de división y confrontación entre los grupos del PRI.
 
Por si fuera poco, no solamente se mandó a los peores candidatos a competir por las presidencias municipales, sino que Armenta nunca emprendió la llamada “operación cicatriz”, que consistía en negociar, en dialogar y pactar con los aspirantes perdedores de la contienda interna del tricolor.
 
3. El llamado de Armenta de que los priistas no debían caer en “un exceso de confianza” no fue seguido por el propio presidente del partido.
 
Se dice que el día de los comicios el 40 por ciento de los nombramientos de representantes de casillas del PRI tenían errores y de manera sorprendente, por esa razón, a muchos no los dejaron estar presentes en los centros de votación.
 
¿Esa situación se pudo haber evitado?
 
Se podría haber evitado sí Alejandro Armenta se hubiera ocupado de su partido un día antes de las elecciones, en lugar de haber estado en el restaurante California repartiendo cargos para el siguiente sexenio.
 
Armenta se olvidó de que primero se tenía que ganar las elecciones, antes de estar pensando en futuros cotos de poder.
Staff Puebla On Line 2009
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