Los demonios de la cultura
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Aunque todavía faltan meses para saber de que lado masca la iguana, hay una duda que por su importancia ya debería haberse aclarado. Me refiero a la propuesta cultural del nuevo y elegante gobierno que le está sacando filo a su charrasca.
¿Temprano? Para nada porque se trata de las luces que aquí o en China deben ser las prioridades del mando político. Ya lo sabe usted pero lo repito: los gobiernos que se olvidan de la historia, de sus tradiciones, del intelecto del pueblo y del conocimiento como método para fomentar el progreso, están etiquetados para fracasar, derrota que suele manifestarse precisamente en las urnas electorales.
¿Qué estará pensando Moreno Valle sobre la cultura en Puebla? ¿Habrá considerado que la familia Slim puede ayudar a su gobierno aplicando parte de los recursos de la Fundación Telmex? ¿Convencerá a otros millonarios para que se asocien con el fisco valiéndose de la cultura? ¿Dejará tal cual el magro presupuesto destinado al cultivo del espíritu? ¿Tolerará que las mafias sigan imponiendo su delicado estilo cultural? ¿Nombrará a un tecnócrata como titular del ramo?
La verdad es difícil saber lo que piensa el gobernador electo y lo que opinan sus operadores de confianza. Quizá Fernando Manzanilla sea el único que visualiza el “tema”, pero desde su particular punto de vista financiero. Si así fuese ojalá que haya leído o escuchado lo que alguna vez dijo don Manuel Espinosa Yglesias cuando alguien se quejó de que la cultura era una mala inversión: “Lo mejor de la cultura –respondió enfático el filántropo– es que se trata de un buen negocio por el lado que se le vea”. Después dijo que si la cultura no dejaba dinero inmediato, con el tiempo produciría el talento y el conocimiento que a la postre generan compensaciones económicas y la riqueza que hace a los pueblos productivos.
En fin, como lo digo arriba, ya veremos por dónde mastica la iguana.
Mientras llega ese día (que ojalá sea uno de los más próximos) déjeme platicarle que acabo de leer un novedoso libro lleno de literatura. Se llama Aliento a muerte y su autor es F.G. Haghembeck, el joven escritor que “creció entre misas y nopales en Tehuacán, Puebla”.
La obra tiene algo del realismo mágico que trazó Juan Rulfo, estilo que mejoró Gabriel García Márquez. Y además cuenta con una digamos que novedad: toma como punto de partida óleos, litografías, cerámicas, artesanías, vestidos, documentos ilustrados, papel rotulado y grabado en oro, recortes de periódico y/o estampas, tallas, burilados, instrumentos musicales, fotografías, monedas, esculturas, bordados y albúminas, todo ello obras de arte del siglo XIX. Cada objeto está relacionado con la vida de Adrián Blanquet, soldado del Imperio de Maximiliano de Habsburgo, quien después de un año de prisión retorna a Tehuacán en busca de vengar la muerte de su padre y esposa.
He aquí algunas líneas para que el lector se anime a comprar para leer el libro de marras:
“–¿Dónde te regalaron esas nuevas piernas, muchacho? –preguntó el jinete sin mirarlo.
A Baltasar le brillaroin los ojos. Se acomodó el sucio traje militar de artillero. Saludó con una mano, y se sostuvo con la otra para no irse de bruces.
–Querétaro, señor –contestó.
–¿Estabas con los artilleros del emperador?
–Al mando del general Ramírez de Arellano…
–¿Cuándo la salida de los lanceros por el Cimatorio? Debiste ser muy valiente. Los tiros de los cañones republicanos hicieron más daño esa vez. Dicen que ahí fue cuando se perdió el sitio. Dolió a muchos ese ataque.
–A mi más, señor. La salva me tatemó los huevos.
El del caballo volteó a ver al soldado inválido. Levantó su sombrero para que un rayo de sol se colara y pudiera verle la cara…
–Cuida esta iglesia, muchacho. Nuestra Señora del Carmen necesita gente valiente como tú, para que la defienda de los demonios…
–¿Demonios, señor?
–De la peor calaña. Sigilosos y falaces…”
Es un libro cargado de la cultura, expresión ésta que ahora necesita de alguien (con huevos, obvio) que la defienda de los demonios de los “ojos traicioneros”.
acmanjarrez@hotmail.com