Marín y el Poder Judicial
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Thomas Jefferson ganó a John Adams la primera elección del siglo XIX en los Estados Unidos de América. El grupo de Adams fijó su atención en el Poder Judicial para seguir teniendo peso político. En otras palabras: se refugió en el Poder Judicial ante la pérdida del Poder Ejecutivo.
La historia viene a colación porque el Gobernador Marín quiere hacer lo mismo en Puebla. El virrey (él y todos los gobernadores en México lo son) se imaginaba campando 6 años más en territorio poblano, con su alfil (López Zavala) gobernando el Estado y teniendo el control en un puño. Pero el futuro lo alcanzó y las cuentas pendientes le fueron cobradas antes de lo que imaginaba. Su partido perdió la elección a Gobernador y de pronto vislumbró un futuro incierto, desprotegido. No me refiero incierto al tema económico; el problema es político: le pesa mucho quedarse sin poder.
Por ello, decidió hacerse del control del Poder Judicial. Ya hace algunos meses impulsó a uno de sus amigos (Ricardo Velázquez Cruz, su abogado en el caso Lydia Cacho) para que se hiciera de la presidencia del Tribunal Superior de Justicia: lo mismo hizo Adams con su amigo John Marshall (uno de los más grandes juristas de todos los tiempos). Sólo que Marín y Velázquez Cruz solo sueñan ser Adams y Marshall y su objetivo se vio truncado.
Así, ahora Marín ha puesto la soga al cuello de los Magistrados que integran el Poder Judicial. De pronto, por arte de magia, a 12 magistrados del Pleno del Tribunal Superior de Justicia se les ocurrió la idea de jubilarse. Todos al mismo tiempo, vaya coincidencia: política de “república bananera”.
Todo parecía encaminarse a que esos 12 magistrados se fueran a descansar –falta que les hace ante tanto trabajo-, pero el Gobernador Electo, Rafael Moreno Valle, parece que ha llegado a un acuerdo con los Magistrados: protegerlos. Si el Poder Judicial ha llegado a un acuerdo con Moreno Valle será por dos razones: 1) porque tienen cola que les pisen (ya lo sabemos); y 2) porque se están vendiendo al mejor postor: el que al menos les garantiza una salida tranquila de su cargo, sin la premura y el sometimiento que Marín les proporcionaba.
¿Esto qué significa? Que el plan de Marín parece haber fallado. Ni su amigo será Presidente del Tribunal Superior de Justicia, ni podrá realizar nuevas nominaciones para cargos de magistrados (como Cristo, ya se veía nombrando a 12 apóstoles). La jugada parece haberle salido mal y el Gobernador Electo parece haber sido lo bastante hábil para aprovecharse de la situación y hacerse –el sí- con el control del Poder Judicial.
El punto más negativo de todo esto es que el Poder Judicial sigue sometido al Ejecutivo. Los Magistrados siguen viviendo y juzgando como en la época de Partido hegemónico. No se han dado cuenta que representan un poder; que son, en conjunto, tan importantes como el Congreso y el Ejecutivo. Por supuesto, ahí radica la diferencia entre los grandes jueces y los leguleyos que juzgan en el Estado.
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