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Miranda de Wallace. La otra cara

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Miranda de Wallace. La otra cara
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 17 de diciembre de 2010

Hugo Alberto Wallace fue asesinado por una banda de delincuentes que desaparecieron su cuerpo por temor a ser identificados. La madre del occiso, la señora Isabel Miranda de Wallace, ha emprendido una búsqueda de muchos años para dar con los asesinos y para encontrar el cuerpo de su hijo.

El caso Miranda de Wallace ha atraído la atención y los reflectores en todo el país. Se ha erigido como el paradigma de la voluntad para acabar con el crimen organizado que está azotando y mutilando a la sociedad mexicana. La voluntad de una mujer. La voluntad de una madre, por encima de la incapacidad gubernamental.

No pretendo señalar las ventajas de la señora Isabel Miranda de Wallace para buscar frenéticamente a su hijo y, desde hace algún tiempo, para buscar sin descanso los restos de Hugo Alberto Wallace, sino que me viene a la mente los miles de casos en los que los padres, las madres, los hermanos, los tíos, los hijos, buscan a sus familiares desaparecidos, secuestrados, asesinados, ante la pasividad del gobierno en todos sus niveles.

Es cierto, la señora Isabel Miranda tuvo ciertos medios económicos para indagar el paradero de su hijo, pero hay muchas historias desconocidas que se pierden en la indiferencia gubernamental para combatir al crimen organizado.

El secuestro, alguien decía, es el peor de los delitos, porque acaba con la tranquilidad, tal vez para siempre, de una familia. Pero el secuestro y la “cotidianidad” de las noticias al respecto, no son sino el reflejo de una sociedad que está podrida y que, con tristeza, vemos resquebrajarse. El secuestro es un punto final de cada acto de corrupción. Es sólo la muestra de que la complicidad entre ciudadanos y autoridades para evadir la ley tiene consecuencias fatales.

Por eso, cada vez que rompemos el Estado de derecho violando la ley, evitando su cumplimiento o buscando medios ilegales para incumplir nuestras obligaciones, estamos cooperando para que la ola de secuestros y delincuencia en nuestro país se incremente.

No hay que dejar de lado la responsabilidad de la autoridad. El gobierno es el culpable de la falta de aplicación de la ley. Pero habrá que reconocer que la sociedad, el ciudadano común, también está cooperando con cada acto de corrupción (porque se corrompe la autoridad y el ciudadano es la contraparte) a que la violencia y el Estado de Violencia Salvaje en el que vivimos parezca infinito.

El caso Miranda de Wallace es triste. Como triste son los miles de casos que por poco conocidos o por olvidados, sólo forman parte de una estadística y a los que hemos reducido a un número, a un dato, a una portada.
El caso Miranda de Wallace merece el reconocimiento a la voluntad y amor de la madre, una verdadera heroína de la sociedad civil. Lástima que la otra cara, la desconocida, la que sólo se refleja en una estadística, aunque igual de dolorosa y lamentable, parezca importarnos un poco menos.

Staff Puebla On Line 2009
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