Moreno Valle advierte que se terminó el asistencialismo
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En la cima del mundo, Rafael Moreno Valle disfruta. Lejos de los revanchismos y los mensajes ominosos, el gobernador electo escogió la inauguración del restaurante de la familia Riestra para reaparecer en la vida pública de Puebla tras una ausencia voluntaria de dos meses.
En la cima del mundo, Rafael Moreno Valle disfruta. Lejos de los revanchismos y los mensajes ominosos, el gobernador electo escogió la inauguración del restaurante de la familia Riestra para reaparecer en la vida pública de Puebla tras una ausencia voluntaria de dos meses.
Luego de un tiempo nublado, el sol volvió a alzarse para disipar los temores. Llegó al Mesón de Palafox con un mensaje de esperanza y de inclusión: “transformar Puebla no es tarea de un solo hombre… Los necesito a todos”.
A su lado, siempre, enfundada en traje oscuro clásico y discreto, quien promete ya fungir como la guardia pretoriana de la cima del mundo. Martha Érika Alonso y la enorme complicidad con su marido. Una sola mirada, un gesto, un suave toque de mano les basta para entenderse. No necesitan más. Comparten una sola emoción. “Se acabó la era de la dádiva en Puebla, del asistencialismo, para pasar a la era de la corresponsabilidad… Ya no regalaremos pescado, sino que enseñaremos a pescar”, afirmó antes de cortar el listón inaugural de lo que promete ser el comedero de la nueva clase política. Un restaurante, en palabras del propio gobernador electo, capaz de atraer el turismo nacional e internacional.
Tras el protocolo de la inauguración y el recorrido tradicional, Moreno Valle demostró su capacidad de inclusión; que hay una nueva clase política que ronda los 30 años. Se acabaron los apellidos tradicionales de la era tricolor. Lo de hoy son los baby boomers, y el gobernador electo es su tutor. El nuevo Melquiades. El creador de una generación que durará varios años en el poder.
En la mesa principal, a la hora de cantar “Las mañanitas” por los 29 años de Mario Riestra Piña, los baby boomers rodeaban al gobernador electo. Juan Carlos Mondragón, dirigente panista. Juan Pablo Piña, amigo y asesor jurídico de confianza. Elías Abaid Kuri, del Verde. José Juan Espinoza, dirigente y diputado electo de Convergencia. Rafael von Raesfeld, del Yunque. Édgar Salomón Escorza, el joven priísta que rescató San Martín Texmelucan. Los albiazules Chucho Zaldívar y Lucio Rangel. El “perredista” Tony Gali y el socialité y empresario Gerardo Islas. Además del petista Jesús Morales Manzo. En tal mar de juventud, Enrique Doger parecía fuera de lugar, aun cuando apenas rebasa los 50.
Antes sus baby boomers, Moreno Valle es un patriarca. Un maestro de la política que desde la punta del Everest da clases sobre lo que conviene y no conviene hacer. “Eviten los pleitos, porque aunque ganen, siempre se pierde algo”. Les narra sobre cómo lo divirtió la campaña teniendo como rival a Zavala y lo mucho que sufrió en la elección al Senado. “Melquiades era como un roble… por más hachazos que le daba, pues nada”. Risas.
Como la mayoría son diputados electos, el patriarca les cuenta de sus aventuras como diputado local. “Yo, un presidente de la Gran Comisión con alfileres, no pedí integrarme a ninguna comisión y Pericles las pedía todas. Mejor, así yo podía salir al interior y él trabajaba”. Ríen otra vez. Es un triunfador de la política.
Como buen triunfador, está alejado de las revanchas y las persecuciones. Habla, habla y habla otra vez de la inclusión. Ejemplifica. “Hoy fui al informe de Fernando Morales Martínez en Serdán. Martha Érika no estaba de acuerdo, pero Fernando se la está jugando conmigo para cabildear el presupuesto en San Lázaro. Tengo su apoyo real. Por eso lo acompañé. Atrás quedó el pasado”.
Se le ve relajado, sonriente, acelerado, pero sin prisa por tomar el mando. “Voy a respetar los tiempos, y mientras Fernando (Manzanilla) seguirá en el cuarto de máquinas”. Es Moreno Valle. El hombre que a tres meses de su victoria, disfruta. Disfruta como los niños con juguete nuevo.
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Por supuesto que el gobernador electo era el invitado estelar del evento, en su reaparición pública tras dos meses de ausencia. “Hay que dosificar el protagonismo”, confesaría ya en plena confianza. Sin embargo, antes de que él arribara, los Riestra conjugaron una asistencia plural. Pocos priístas como José Luis Flores y los diputados electos Enrique Doger y Édgar Salomón Escorza. Panistas de cepa como Juan Carlos Mondragón y Rafael von Raesfeld, y los ganadores del 4 de julio Josefina Buxadé, Jesús Zaldívar, Toño Vázquez y Lucio Rangel. Los convergentes Espinoza y Lorenzini. Cirilo Salas, de la Sección 51 del SNTE. Elías Abaid, del Verde, y Tony Gali. Nadie de la nueva clase política faltó.
Son nuevos tiempos. Se acabó la era de “Rafa”, “el candidato” o el “Moreno Valle” a secas. Tan pronto arribó al Mesón de Palafox, todo fue “gobernador”. “Gobernador, ¿me puedo tomar una foto?”. “¡Gobernador, qué chingao gusto de verte!”. “Gobernador, como sabía que iba a venir le traje un regalo”. “Gobernador, de este lado de la cinta”. “A la hora que usted quiera gobernador”. “¿Algo de beber, gobernador?”. “¡Qué buen mensaje, gobernador”. “Ya te extrañábamos, gobernador”. Gobernador. Gobernador. Gobernador. Por más que Martha Érika defiende el “Rafa”. Y es que “no hemos cambiado”, dice. “Somos los mismos”.
Luego de cortar el listón, el gobernador desenfunda el discurso que lo acompañará en los próximos meses: la corresponsabilidad de todos los poblanos. Multicolor, no distingue entre rojos, azules, verdes o amarillos. “El chiste es que se la jueguen para cambiar a Puebla, porque no puedo solo”. Da tranquilidad verlo centrado, lejano a la vanidad o la superficialidad. “La única forma de mantener el bono democrático es con resultados. No hay de otra”.
En el recorrido tradicional, de pronto, se anuncia la llegada de monseñor Víctor Sánchez para la bendición. Se saludan con un guiño de complicidad. Los saludos de los pactos secretos. La imagen laica y religiosa caminando juntos por el Mesón de Palafox.
A su paso se encuentra a los jóvenes Morales Manzo, Édgar Salomón y Elías Abaid. Los invita a su mesa, junto a su amigo Juan Pablo Piña, el poblano talentoso que protege periodistas en la CNDH.
Se inauguran los cursos del ciclo impartido por el mentor Moreno Valle a sus baby boomers. La nueva camada del poder.
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Alguien cuestiona a Martha Érika Alonso sobre cómo se relajó su marido en las vacaciones. Confiesa que amenazó con tirarle el Blackberry al mar si lo llevaba en la maleta. Esposo centrado, dejó en México sus aparatos de radiocomunicación para disfrutar de las islas griegas.
“Dormimos mucho”, relata quien se niega a ser tratada como primera dama. Y luego de la vacación, el trabajo.
“Fui a Columbia a tomar un diplomado en Planeación Estratégica”, relata el gobernador electo. Luego iré en noviembre nuevamente a tomar otro curso a Estados Unidos. Aspirantes a baby boomers, tomen nota: Moreno Valle entiende el poder como un ejercicio de capacitación.
Abstenerse políticos que no leen ni en defensa propia.
Y otra vez, las lecciones de la campaña. “Siempre supe que iba a ganar”. Ni en confianza se atreve a revelar el número de paraguas multicolores que regaló y que todavía circulan por las calles poblanas. Recuerda que la idea le nació en la campaña para el Senado, cuando en la última semana se fue a combatir a Melquiades Morales en el corazón de Ciudad Serdán. “Mi exjefe regalaba despensas casa por casa y yo sólo tenía 25 mil paraguas que me habían llegado de última hora. Pero a la gente le encantó”.
El matrimonio Moreno Valle-Alonso tiene una vida de anécdotas de poder. Se reprochan mutuamente que en campaña él bajó ocho kilos, pero ella subió cinco. “Fueron los nervios”, se disculpa, “pero ya bajé tres. Me faltan dos”. A su vez, el gobernador electo ya recuperó seis.
“Pero ahí me voy a quedar”. Más anécdotas de campaña, como cuando en plena campaña por la diputación federal, las oriundas de Serdán le pidieron a Martha Érika que ya no lo acompañara para que lo pudieran “agasajar”. O aquella mujer que se presentó como la “socia” lugareña. Risas cómplices. “Hay que tener buen ojo”, recomendó la “no primera dama” a Paty, la novia de Mario Riestra.
El tiempo corre y el gobernador electo no resiente su ausencia a la boda de César Nava, pese a contar con invitación. Eligió a la familia Riestra para reaparecer, una “familia que ha demostrado su compromiso por Puebla”. El guiño político es evidente. Un guiño que se hace más grande cuando el talentoso diputado electo Riestra Piña, tras “Las mañanitas” de rigor, está a punto de apagar sus velitas. “Espera”, le dice el gobernador electo. “Elige bien tu deseo, ¡eh!”.
Monseñor abandona la cena y el tutor de los baby boomers prosigue explicando las diferencias entre el Congreso local, la Cámara de Diputados y el Senado. Y es que él recorrió toda la pirámide de la clase política nacional. De vez en cuando suelta un elogio, así como que no quiere la cosa. “Pablo Rodríguez es un tipazo”, “Juan Pablo Piña me avisó que la Corte dictaminaría elección en noviembre, se las sabe de todas”. Martha Érika asiente mientras Rodrigo Riestra, a cargo del negocio, explica que se ha preferido a los productores poblanos para comprarles los insumos.
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Moreno Valle en la cima del mundo. En las alturas hay un panorama diferente, se respira un aire distinto al que muy pocos tienen acceso. Evita hablar en todo momento de Mario Marín, pero varias veces evoca y agradece a Melquiades Morales. Es parco para hablar del gabinete, no suelta prenda porque “todavía hay muchos que no han renunciado a su trabajo actual”, una afirmación que promete sorpresas. La camaradería con Doger es evidente, aunque inevitablemente también actúa como su tutor. Y a Juan Carlos Mondragón, ya a su derecha, le agradece todas las aportaciones en campaña.
Así, Moreno Valle reapareció en la vida social de Puebla eligiendo a la familia Riestra. Algo debe significar, así como la mesa plural en la que se mostró como “Rafa”. Pero hay algo diferente en él. La esencia, la mirada, el gesto. Y es que pocos pueden darse el lujo de visitar la cima del mundo. Una cima donde se acaba el asistencialismo para dar paso a la corresponsabilidad. La palabra de moda del sexenio que apenas inicia.