Moreno Valle empieza a cometer los mismos errores que Marín
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Una constante de los foros ciudadanos que organizó el equipo de transición de Rafael Moreno Valle Rosas en Teziutlán, Izúcar de Matamoros y Tehuacán, es que ahí se ha expresado el malestar de empresarios, grupos políticos y asociaciones civiles como reacción al alejamiento absoluto que el gobernador electo tiene con quienes lo apoyaron en el proceso electoral. Sin embargo, esa condición no hace mella en el círculo cercano del panista, que no hace nada para cambiar tal actitud. Ello está empezando a generar las primeras reacciones de desencanto hacía el triunfo del que fuera candidato de la coalición Compromiso por Puebla.
“No tenemos dinero; no podemos ofrecer trabajo; no le debemos nada a nadie”, son las respuestas comunes que esgrimen quienes forman el equipo cercano a Moreno Valle para justificar esa actitud evasiva del gobernador electo hacia quienes le brindaron apoyo político, económico y de movilización de electores en los pasados comicios. Mientras que los comentarios de muchos empresarios y grupos sociales son:
Cuando Moreno Valle los fue a buscar para que lo apoyaran primero en convertirse en candidato y luego en ganar las elecciones, siempre llegó sin guaruras, sin intermediarios, y se caracterizaba en darle a todos sus números telefónicos que él mismo contestaba.
Esa muestra de sencillez y apertura, cambió luego del 4 de julio, para dar paso a actitudes que empiezan a rayar en cierto autoritarismo, como es que nadie tiene contacto con el ahora gobernador electo –a excepción de algunos colaboradores y figuras del PRI– y que aparecieron tres grupos de seguridad que impiden que alguien se le acerque cuando hace actividades públicas.
Dicho equipo de seguridad de Moreno Valle es heterogéneo, y se muestra poco profesional. Está formado por un grupo que aportó el empresario y ex alcalde de Atempan, Germán Cristóbal Borzani, entre los que está un personaje apodado el chipotes, que se caracteriza por ser muy violento. Otro más lo contrató el chofer del gobernador electo. Y un tercer grupo, al parecer, se lo habrían mandado desde el gobierno federal.
El problema de fondo no son los guaruras, sino que éstos se comportan de acuerdo con el ánimo de quien vigilan. Y queda claro que la actitud de impedir el paso a mucha gente en los actos públicos es una orden de Moreno Valle que no quiere tener contacto con los ciudadanos, incluidos lo que fueron sus aliados electorales.
Mucho se ha dicho que el reto del próximo gobernador es evitar cometer los errores de Vicente Fox Quesada, quien fue el primer presidente de oposición en México, que creó una elevada expectativa de cambio en la población y al final, su gobierno acabó decepcionando a los propios panistas.
Es valida que se haga ese paralelismo. Pero en realidad el riesgo que enfrenta Moreno Valle es acabar cometiendo los mismos errores de su antecesor y principal enemigo político, el actual mandatario Mario Marín Torres.
Hace seis años, Marín ganó las elecciones con un amplio margen, creó una enorme expectativa de buen gobierno, ya que se le consideraba que podía trascender a la política nacional y que era un hombre conocedor de los problemas del estado. Se decía mucho que como era un personaje que había pasado por todos los cargos públicos más importantes de la entidad y que había enfrentado la oposición de Melquiades Morales Flores para que fuera el candidato del PRI, tenía la madurez y la experiencia para hacer una administración del Poder Ejecutivo mucho mejor que la de sus tres antecesores en el cargo, con quienes había colaborado.
Al final, Marín cometió tres errores capitales:
1. Inició su gobierno mostrando su malestar con la prensa en general, lo cual le provocó caer en el Lydiagate.
2. Hubo mucha soberbia de quienes formaron su círculo cercano y acabaron excluyendo a todas las corrientes del PRI que no eran parte de la “burbuja marinista”. Eso impidió que llegara al gabinete gente capaz y esa exclusión, creó mucha crispación de corrientes políticas priistas contra quienes controlaron el Poder Ejecutivo.
3. El grupo de Marín no cumplió acuerdos políticos. Uno de ellos, era hacer senador a Moreno Valle en 2006. Esa situación generó que surgiera el opositor más fuerte que ha enfrentado el PRI en el estado y que logró sacar al tricolor de Casa Puebla.
En el presente, sería incorrecto decir que Rafael Moreno Valle ya está cometiendo los mismos errores de Marín, pero tampoco está lejos de transitar por la misma ruta de yerros. Veámoslo así:
1. Moreno Valle iniciará su gobierno con un fuerte agravio hacía la prensa. Tal vez de manera justificada hacia algunos medios de comunicación. Pero más allá de eso, se percibe a él y su equipo poco receptivos a la crítica. Un error que ya cometen es que quien disiente con ellos de inmediato lo tildan de “marinista”.
2. Se empiezan a percibir signos de soberbia, ya que una frase común en el equipo de Moreno Valle es decir: “que a nadie le deben la elección”. Y al aparecer por esa actitud el gobernador electo no ha tenido contacto con muchos grupos sociales, en lo que parece ser una especie de mensaje de que ya no los necesita.
Esa situación contrasta con el comportamiento que tuvo Javier López Zavala, el candidato del PRI, que luego de perder la elección hizo lo que llamó la “gira del agradecimiento”, que no tuvo la respuesta deseada, ya que la gente no le interesa escuchar a un político que ya perdió unos comicios, pero finalmente se reconoce el gesto.
3. El gobernador electo está creando su propia “burbuja”, ya que desde ahora se sabe que los puestos más importantes de su gabinete son para quienes son su gente más cercana, como Fernando Manzanilla y Antonio Gali Fayad; los recomendados por la presidente del SNTE, Elba Esther Gordillo Morales, como son los casos de Luis Maldonado, Luis Carlos Ugalde y Emilio Zebadúa; a algunos panistas; y miembros cercanos a su familia, como es Ardelio Vargas Fosado.
Y al parecer dejará fuera a muchos aliados, como son los dirigentes del PRD y otras fuerzas políticas.
Dicha condición, si no la cuida Moreno Valle, le podría provocar en un futuro la generación de enemigos políticos letales. Tal como le pasó a Marín.