jueves, 04 junio 2026
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Moreno Valle planeó llegar a gobernador desde el escándalo de Lydia Cacho

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STAFF PUEBLA ON LINE 2009 4 de octubre de 2010

Fue en febrero de 2006, en el contexto del escándalo desatado a partir de que se hicieron públicas las conversaciones telefónicas sostenidas por el gobernador Mario Marín y el empresario Kamel Nacif sobre el tema de la periodista Lydia Cacho, cuando Rafael Moreno Valle hizo su primer intento real por convertirse en  gobernador del estado.

Fue en febrero de 2006, en el contexto del escándalo desatado a partir de que se hicieron públicas las conversaciones telefónicas sostenidas por el gobernador Mario Marín y el empresario Kamel Nacif sobre el tema de la periodista Lydia Cacho, cuando Rafael Moreno Valle hizo su primer intento real por convertirse en  gobernador del estado.

La exposición masiva en medios nacionales de la tristemente célebre conversación y el consecuente costo en imagen y prestigio para la figura de Mario Marín, le dio elementos al entonces diputado priista, presidente de la Gran Comisión del Congreso, como para pensar en una petición de licencia por parte del ejecutivo estatal.

A diferencia de otros que apostaron a la caída vía un procedimiento de juicio político, Moreno Valle sabía que la única vía realista por medio de la cual Marín podría dejar la jefatura del ejecutivo estatal era por decisión propia, producto de la presión mediática.

Si bien tímidos, Moreno Valle realizó algunos esfuerzos en aras de convertirse en gobernador interino.

Por ello, un día después de aquel 14 de febrero, desde muy temprano, gente muy cercana a Rafael, los que se desempeñaban como sus asesores en materia de medios de comunicación, llamaron a sus incondicionales y les dieron instrucciones de comenzar a filtrar el rumor para que poco a poco subiera de tono.

El tema permeó de tal manera que, cerca de las diez y media de la mañana, la hora de aquella lamentable conferencia de prensa del gobernador Marín, en donde inmortalizó aquello de “no es mi voz” e involuntariamente se auto-invitó a formar parte del elenco de “La Parodia”, el garlito era ya del conocimiento de los representantes de los medios de comunicación, que sobre eso cuestionaron al mandatario.

No hubo una respuesta.

El encargado de dar a conocer la opinión del marinismo sobre la posibilidad de que hubiera en Puebla un gobernador interino fue Pericles Olivares, entonces presidente de la Comisión de Gobernación del legislativo local.

Por supuesto, el diputado priista negó de manera por demás rotunda y contundente la posibilidad de que su compañero de legislatura y presidente de la Gran Comisión, volviera realidad su sueño dorado de gobernar este estado.

Rafael echó mano de sus aliados en otros partidos políticos y sus relaciones en los medios nacionales para garantizar que el tema permaneciera vigente.

Y así se hizo.

La madriza mediática fue de antología, sin embargo la tan anhelada solicitud de licencia jamás llegó.

Así se rompió el último lazo que mantenía a Moreno Valle unido al PRI.

Semanas antes del escándalo, ya se daba como un hecho su salida del partido, ante la imposición marinista de Mario Montero como compañero de Melquiades Morales en la fórmula tricolor que buscaría el Senado de la República en aquella elección federal que convirtió a Felipe Calderón en presidente de México.

Con insistencia se manejaron versiones que lo colocaban como parte de la oferta política de la Alianza por el Bien de Todos, conformada por el PRD, el PT y Convergencia.

Si bien el PRD tenía ya asignados los lugares principales que le correspondían dentro de la alianza, el enroque se haría a través de Convergencia, a quien le tocaban cinco posiciones de aspirantes a la senaduría por la representación proporcional.

Lo anterior era posible por la magnífica relación que Moreno Valle tenía con Dante Delgado, en ese entonces líder nacional de Convergencia y con Luis Maldonado Venegas, quien era diputado federal y vicecoordinador de la bancada naranja además de Vicepresidente de Estrategia y Desarrollo Político del CEN de ese partido.

La influencia que en ese entonces tenía Moreno Valle en convergencia se confirmó con la llegada de Fernando Manzanilla Prieto como responsable del área financiera del partido naranja.

No fue así.

Paralelamente, Elba Esther Gordillo negociaba con los calderonistas la posibilidad de llevar a Moreno Valle y no a Ángel Alonso Díaz Caneja como número uno de la fórmula poblana que intentaría llegar al Senado por la vía de la mayoría simple.

Consciente de la importancia que para el panismo tendría la operación del magisterio a favor de Felipe Calderón en un escenario de cerradísima contienda electoral, la propuesta fue aceptada casi de inmediato y a pesar de la oposición de Díaz Caneja.

A pesar de que su inclusión en la oferta política del PAN tuvo como consecuencia inmediata el desplazamiento de una de las figuras de mayor peso del yunquismo poblano, su candidatura recibió un anticipado certificado de defunción al suponer que el voto duro de la derecha local jamás aceptaría cerrar filas en torno a un perfil “atípico” en comparación con las candidaturas tradicionales que hasta la fecha había impulsado el partido.

Moreno Valle puso a disposición de AN una estructura electoral personal que desde años había creado y mantenido y que lejos de operar bajo los siempre ambiguos criterios ideológicos, su único objetivo era favorecer políticamente al aspirante a senador.

Arrastrado por el antiperredismo detonado alrededor de la figura de Andrés Manuel López Obrador y aprovechando la capacidad de operación electoral de Elba Esther Gordillo, a través del partido del magisterio, Moreno Valle obtuvo un rotundo triunfo en las urnas, derrotando inclusive a su maestro y padrino político, el ex gobernador Melquiades Morales.

Este fue tan sólo el inicio.

Ya adentro del redil panista, Rafael se dedicó a aprender la complicadísima lógica con la que se mueven internamente los diferentes grupos que interactúan en el blanquiazul.

Tejió fino con el entonces líder nacional, Germán Martínez y con personajes cercanos al presidente Calderón, al grado de que, un año antes del proceso interno del PAN para elegir a su candidato al gobierno estatal, se manejaba ya su inminente nominación.

Así fue.

La pinza se cerró con una inédita, pero a la vez exitosa negociación con el siempre impredecible Yunque poblano.

Se establecieron acciones y compromisos, acuerdos y amarres de tal magnitud, que los más altos jerarcas de la organización no dudaron en cerrar filas alrededor de  su candidatura.

Ya como abanderado, enfrentó al gobernador y lo convirtió en eje central de su críticas.

Detonó el antimarinismo latente en más de un millón de poblanos, que lo vieron como la única posibilidad real de lograr un cambio político radical en la entidad.

Y así, por la vía de la legalidad, Rafael pudo lograr lo que en algún momento pretendió a través de un imposible interinato.

Staff Puebla On Line 2009
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