Piedras y pedradas priistas
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La sucesión en el PRI poblano sigue la misma tónica que tuvo la designación del candidato que al final del día perdió la elección. Todos saben quién será ungido y algunos protestan a pesar del riesgo político que ello implica. Parece pues –valga la expresión racista– una cena de negros debido a que todos están contra todos, unos lanzando piedras con la cara al frente mientras que otros también las avientan pero, por aquello de las dudas, escondiendo la mano.
Antes de entrar en materia el lector me permitirá hacer un paréntesis para comentar algo que encaja con esa “cena de negros”; es más, es una historia-leyenda que bien podría usarse para ilustrar lo que ocurre en el PRI estatal.
Cuentan que en Amozoc había varios grupos que buscaban la mayordomía de la iglesia. La líder de una de las camarillas, una mujer apodada “La Culata” (intuyo que por su enorme trasero), tenía harto al padrecito del pueblo. Asi se la llevaron hasta que llegó el día en que el horno tuvo temperaturas no aptas para los bollos. Y no obstante los odios, rencores y resabios, todo el pueblo se reunió en el templo para rezar el rosario navideño. Ya sabe usted: el padre puso a orar a sus feligreses con una beatitud monjil hasta que dijo las palabras que resultaron el detonador de esa bomba social: “Mater inmaculata”. Y ¡zas!, en ese momento los grupos enemigos de La Culata se le fueron encima, precisamente para tratar de matarla: cesaron los rezos para dar fama a la frase: “terminó como el rosario de Amozoc”.
La anécdota, leyenda o cuento me sirve para suponer lo que pudo haber dicho Mario Marín, el gran sacerdote del PRI poblano que un día de Dios tuvo a bien convocar a sus operadores para instruirlos: “Unjan a Zavala”.
Si eso sucedió es obvio que aquellos priistas escucharon: “hundan a Zavala”, y que al tergiversar la frase las palabras se transformaron en algo así como la línea sugerida. De ahí que hoy haya varios priistas que actúan en consecuencia, unos porque están llenos de rencor, y otros porque ése es su estilo digamos que ético o democrático.
Pero algo podrá rescatarse de la rebatiña que protagonizan los priistas. Es el caso de la posición refractaria del abogado Carlos Meza Viveros, un hombre que no se anda por las ramas para protestar contra lo que él considera injusto. Ya sabe el lector: Meza se ha manifestado en contra de la línea (si la hay) exaltando su espíritu de crítico a ultranza. La razón: protestar contra lo que él llama “amenaza de dedazo”. Dice el presidente del PRI municipal:
“Ni el CEN del PRI ni Marín me van a convencer para que yo acepte sus imposiciones. Y si nos echan montón, el de la voz junto con otros compañeros que piensan igual, protestaremos por lo que sería una más de las actitudes antidemocráticas que tanto han perjudicado a mi partido”.
Ahí tiene usted el criterio del priista que, fiel a su costumbre, ya dijo que Zavala no debe presidir al PRI. Quizá porque él se siente con merecimientos para suceder a Alejandro Armenta Mier, o tal vez porque al estar cerca del gobernador –a quien por cierto conoce desde hace tres décadas o más– supone que éste es el momento adecuado para medirle el agua a los camotes. “Si no es hoy, cuándo”, ha de decirse Carlos Meza, igual como seguramente lo han colegido algunos de sus correligionarios. Es el caso de Jorge Morales Alducin, quien ya apareció para presentar sus credenciales. O de Lucero Saldaña y Blanca Alcalá, dos mujeres indiscutiblemente destacadas. Pero…
Como lo digo al inicio de esta entrega, hasta el día de ayer la sucesión en el PRI seguía la tónica impuesta por el actual mandatario. Lo diferente está en que el tiempo se acaba y lo que antes era oposición pronto será gobierno, circunstancia que hace del PRI una organización política con posibilidades de encumbrar a su presidente, claro siempre y cuando el que lo sea tenga los arrestos para dignificar a su partido dándole la presencia opositora que imponga agendas y evite los naturales excesos del poder.
¿Zavala? ¿Meza? ¿Blanca? ¿Lucero? ¿Alducin? ¿Chucho Morales? ¿Jiménez Merino?
Quien resulte ungido sin duda será producto de la “cena de negros” en la que casi todos participan, unos tirando la piedra y escondiendo la mano, y otros aventándola después de haber dado la cara.
acmanjarrez@hotmail.com