Puebla en el Centenario
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Segunda de dos partes
“En 1845, habiendo sido Santa Ana declarado rebelde por el Congreso de la Unión, se dirigió inmediatamente sobre Puebla con la esperanza de tomarla otra vez. Abrió el ataque a principios de Enero, pero después de apoderarse de varias posiciones ventajosas abandonó su intento, retirándose con sus tropas.
En la época de la invasión norte-americana, volvió Puebla a desempeñar un papel prominente viéndose entregada de nuevo a las calamidades de la guerra.
El ejército invasor se dirigió sobre la Capital Nacional, derrotando a las fuerzas de Santa Anna, en Cerro Gordo el día 18 de Abril, victoria que permitió a Scott continuar su marcha sin más resistencia, apoderándose de Puebla el 24 de Mayo de 1847.
Los franceses persistieron en el empeño avanzando sobre la Capital después de recibir refuerzos en Veracruz, pero su impetuoso avance fue refrenado en Puebla por las tropas nacionales que ocupaban una posición al norte de la ciudad. La comarca que la rodea tiene una topografía irregular formada por colinas y montañas, pero militarmente, la colina de Guadalupe posee una posición en extremo importante y ahí fue donde se libró una de las batallas más gloriosas para la ciudad, pues aunque no estaba fortificada la loma, las tropas del General Ignacio Zaragoza, no superiores a 2,000 hombres, se mantuvieron firmes como los árboles en los flancos de las montañas, resistiendo bravamente la contienda de más de 6.000 soldados franceses. La espléndida táctica del General Ignacio Zaragoza y la heroica conducta de sus oficiales y soldados en esta acción, el 5 de Mayo de 1862, dieron por resultado la derrota del enemigo que fué rechazado con grandes pérdidas.
Así fue como se formó uno de los días nacionales de México y el aniversario más glorioso que conmemora la ciudad de puebla: “El 5 de Mayo”.
En este combate el General Porfirio Díaz dirigió una división importante a cuyo cargo se había encomendado la defensa del camino de Amozoc, uno de los puntos vitales más expuestos.
En el curso de los doce meses siguientes, el ejército francés continuó su marcha a través del país después de tomar y ocupar la Capital y otras ciudades de importancia, retornó a Puebla poniéndole al punto en estrecho cerco. El ejército mexicano en número de 12,000 hombres, estaba mandado por el General Jesús González Ortega, y el francés, fuerte de 26,000 soldados, estaba mandado por el General Forey. Los sitiados se defendieron hábilmente por espacio de 60 días, pero la abrumadora superioridad del enemigo obligó al General Jesús González Ortega a sucumbir aunque rehusándose repetidas veces a capitular. Los franceses ocuparon la ciudad el 17 de Mayo de 1863, entregándoseles en calidad de prisioneros de guerra los oficiales y soldados del ejército sitiado, en número de 12,000 hombres.
Benito Juárez visitó la ciudad en Febrero de 1863 para inspeccionar el ejército y el mes siguiente el General Jesús González Ortega lo sujetó a la ley marcial.
Maximiliano entró al país en 1864 y paso por la ciudad de Puebla en su viaje a la Capital el día 5 de Junio. Se le preparó una recepción brillante y entusiasta, adornándose la ciudad profusamente con banderolas. El año siguiente visito nuevamente el Emperador y la bienvenida que se le dió fue tan brillante como la primera. La última visita á la ciudad de los Ángeles fué la que le hizo el príncipe en Diciembre de 1866, permaneciendo en ella más de tres semanas, ocupado en la organización de sus imperiales tropas.
El General Porfirio Díaz después de capitular en Oaxaca fué aprisionado nuevamente en Puebla, pero su confinamiento no duró tanto como se lo figuraban los franceses, pues que se volvió a fugar el 29 de Diciembre, habiéndose ofrecido por su captura un premio de $100,000. Tanto le temían lo invasores.
Hacia 1866 los dos partidos contrarios del país, el partido clerical y el liberal, haciendo estallar sus mutuos resentimientos, dieron origen a otra revolución, en el curso de la cual las fuerzas revolucionarias atacaron la ciudad de Puebla, apoderándose de ella el 16 de julio de ese mismo año.
En 1867, volvió el General Porfirio Díaz a ver el sitio de su última corta prisión, a la vez que el teatro de su triunfo de 1862. Volvió, con ánimo impetuoso, comprendiendo perfectamente cuán importante era la posición ocupada por los imperialistas en Puebla.
En las tempranas horas del 2 de abril de 1867 el General Porfirio Díaz asaltó Puebla con tan desesperado empuje que al romper el día había tomado la ciudad, consumando una de sus más grandes victorias. El imperio de Maximiliano se desplomó con este triunfo.
En 1877 fue sujeta a la ley marcial, pero librada de ella el 2 de Agosto ha disfrutado desde entonces de las ventajas de la paz, progresando mucho, y haciéndose notable, muy en breve, por la prosperidad de su industria, la magnanimidad de sus hijos, y la sutileza de sus ingenios.
Pruebas de esto son: nuestras numerosas fábricas, nuestras grandes casas de beneficencia, y nuestros suntuosos monumentos de arte.
Según opinión unánime de los viajeros más entendidos, así por su brillante arquitectura, como por sus joyas artísticas que encierra.
Sabido es que aquí tuvo su cuna la industria de los tejidos de lana y algodón, implantada heroicamente por D. Estéban de Antuñano.
Puebla ha dado el contingente más distinguido, también, en lo intelectual: a Vázquez, Camacho, Montoya, Zamacona, entre los diplomáticos; a Cordero, Zendejas y Morales, entre los pintores; a los Coras, Olivares y Guerrero, entre los escultores; al gran Manzo, entre los arquitectos y grabadores; a Sánchez de la Vega, Carrasco y Bustamante, entre los filarmónicos; a Jiménez, Marín y Sosa, entre los médicos; a Rodríguez de San Miguel, Martínez de la Torre y Joaquín Ruíz, entre los abogados; a Pesado, Arango y Flores, entre los poetas; a Negrete, entre los más gloriosos caudillos de la República; a Lafragua, Comonfort y Carrera, entre los políticos; a Beristáin y Veytia, entre los historiadores; a Múgica y Osorio, Bonilla y Méndez, entre los gobernantes; a Escandón, entre los hombres de empresas que han enriquecido a la Capital de México; a Rodríguez Alconedo y Fernández Veytia, entre los mártires de la Independencia Nacional.
Puebla fué el primer Estado que abolió la pena de muerte, inaugurando el régimen penitenciario; que suprimió las alcabalas, que estableció Escuelas Normales, que celebró exposiciones del arte y del trabajo.
A nuestra prosperidad ha contribuido en muy buena parte, la acción de las colonias extranjeras, que han aportado entre nosotros sus elementos valiosísimos, dando gran empuje a la industria, y abriendo amplios horizontes de riqueza, con su actividad laboriosa y sus proyectos bien maduros.
Todos estos factores, unidos a las fuentes naturales de prosperidad con que Puebla se ufana, y la acción de nuestros gobiernos, han dado a la ciudad el sitio prominente que ocupa el país.”
Estimado lector tengo dos correos electrónicos a través de los cuales recibiré sus comentarios: alarconpuebla@yahoo.com.mx y alarconpuebla@hotmail.com