Puebla, otro atractivo para el narco
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Uno de los pocos problemas que tiene Rafael Moreno Valle Rosas, se llama Elba Esther Gordillo. Esto porque a la profesora se le ha echado la culpa de todo lo que ocurre en el ámbito educativo nacional. Por esta llamémosle coincidencia, si los padres de familia decidieran elevar sus airados reclamos por el bajo nivel escolar de sus hijos, en especial los progenitores del estado de Puebla, ella, la lideresa magisterial, sería sin duda la primera culpable.
De ese efecto, digamos que político, partí para presentar al lector parte del negro panorama que expuse en una de las entrega anteriores, nubarrones que, dije, aparecerían al otro día del triunfo de Rafael Moreno Valle debido, entre otras cosas, a la flagrante presencia de una Elba Esther siempre dispuesta a cobrar las facturas políticas a Rafael, uno de sus principales deudores o clientes, lo que se escuche mejor.
La manifiesta intervención de la señora en torno al proyecto de Moreno Valle, liquida cualquiera de los visos de la democracia que pregona el candidato mencionado. No deja ningún resquicio a la duda pues. Y menos aun garantiza que Rafael logre cumplir sus propuestas como, por ejemplo, la de acabar con la pobreza en tres años.
Algún lector de esta columna me escribió para decir que la doña en cuestión fue priista y que por estar asqueada de ese partido decidió abandonarlo.
En parte tiene razón, excepto en que se haya asqueado ya que, como lo hemos visto, aprendió e incluso mejoró algunas de las mañas que critican sus ahora protegidos electorales. Me refiero a Moreno Valle y a sus simpatizantes que se olvidaron de los antecedentes de la profesora, prestigio que pasó por alto Felipe Calderón, quien sin empacho la adoptó como su hada madrina, pero no para resolver lo que el presidente llama tema educativo, sino para ganar las elecciones difíciles, empezando por la suya.
Así que si Rafael se ha quejado de su rival (ya no sé si sea Mario Marín o Javier López Zavala o los dos), dentro de poco, si llegare a ganar la elección (algo que se ve difícil), tendrá que someterse a una especie de exorcismo político-corporal para poder sacar de su alma y de su entraña a doña diabla.
En fin respetado lector: en la democracia que pregonan los panistas de nuevo y viejo cuño, no encaja ni encajará la presencia-influencia de Elba Esther Gordillo Morales. Tampoco ésta funcionaría como aliada o consejera de los panistas o del gobierno estatal, pues dividiría aún más a los ya de por sí divididos maestros poblanos.
¿Y entonces por qué y para qué se ha manifestado aliada y madrina de Rafael Moreno Valle Rosas?, preguntarán los lectores quisquillosos.
No creo que doña Elba lo haga porque esté enamorada del senador con licencia. No. Sus intereses van más allá de lo romántico o de los amores platónicos. Necesita renovar su poder e influencia, estrategia en la que los poblanos estamos siendo algo parecido a los tontos útiles, definición que puso en boga don Fernando Gómez Mont, el jefe del gabinete calderonista. Lo obvio, pues, es que la señora haya planeado renovar y/o ampliar sus áreas de influencia para en el futuro próximo incidir en la sucesión presidencial. Retornar al PRI (o reafiliarse) para que el sistema no le cobre lo que le debe.
Este es parte del escenario en que se mueve la política electoral poblana, ahora con otro foco rojo encendido: la operación desestabilizadora del crimen organizado que ayer ultimó a Rodolfo Torre, candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas. Se trata de un hecho que podría considerarse como otra de las vertientes del desafío del narco al gobierno. Tal vez. Si así fuese Puebla sería una de las entidades que están en la lista de esos grupos por una sencilla razón: la guerra sucia y las intromisiones electoreras elbistas, han hecho del proceso político poblano el altavoz natural que llama, anima y atrae a los delincuentes.
acmanjarrez@hotmail.com