Rafael Moreno Valle, ¿estadista?
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Perdió la ideología, los principios políticos, las plataformas de los partidos, la congruencia y la dignidad. Triunfó el pragmatismo, las traiciones el no importa cómo o con quién, lo importante es ganar las elecciones, ya después veremos cómo le hacemos para gobernar.
Andrés Manuel López Obrador, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Bartlett, Diego Fernández de Cevallos, Manuel Espino, Fernando Gómez Mont, entre otros, resultaron obsoletos y fueron ignorados.
Ahora sólo nos queda ser observadores críticos del camino a la gobernabilidad que seguirán las alianzas triunfadoras.
En Puebla, Rafael Moreno Valle tiene ante sí dos opciones, dos caminos: ser un gobernante de Estado, un estadista preocupado por el futuro de la entidad, o rodearse de amigos, algunos de ellos ineptos, para pasarla bien y fortalecer las finanzas personales y familiares del grupo.
Cuenta con el lamentable ejemplo del presidente Felipe Calderón, quien parece estar empeñado en acabar con la gobernabilidad del país. Cada una de sus acciones acerca a México a la catástrofe.
Calderón no abriga el interés por el fortalecimiento. Ha decidido que lo suyo, lo suyo es la coordinación de las campañas del PAN, su querido partido. En cada una de sus múltiples apariciones en cadena nacional, se le nota la camiseta albiazul; aún no asimila que ya no es el presidente del instituto político, sino el Presidente Constitucional de todos los mexicanos.
Esta actitud, junto con su incompetencia, está llevando a la debacle a nuestro país. Contraviene la lección sobre la necesidad de que las personas de primera se rodeen de colaboradores de excelencia. Recordemos al gabinete de Benito Juárez, todos ellos extraordinarios mexicanos. La gente mediocre le tiene miedo a la inteligencia y prefiere buscar a amigos leales que le den por su lado y lo acompañen en sus tertulias vespertinas.
Los últimos cambios en el gabinete de Calderón, nos indican que se prepara para la elección de 2012 y que lo demás no le interesa.
Fernando Gómez Mont, fue un secretario de Gobernación inteligente, preparado profesionalmente, pero sin la experiencia necesaria para ocupar el segundo cargo en importancia dentro del gobierno federal. Por ello actuaba en forma independiente y franca, chocando con las indicaciones de su jefe. El mismo declaró al escritor Rafael Loret de Mola que no tenía oportunidad de ser Presidente de México, porque era un alcohólico en recuperación.
Al enfrentarse Gómez Mont a casi todos los actores políticos, dejó al gobierno sin interlocutor. Pero su cambio por Francisco Blake Mora fue lamentable. Éste es un señor totalmente gris, cuyo currículo ocupa media cuartilla: secretario de Gobierno en Baja California, en donde él y su gente perdieron estrepitosamente las elecciones. No conoce la política nacional. Es tan borrado que el día de su nombramiento no lo dejaban entrar a los Pinos: ¡no sabían quién era! Sólo recordaban, tal vez, que fue rechazado por el Senado por su inexperiencia para sustituir en 2009 al procurador Medina Mora. Muñoz Ledo lo definió como un cruzado disfrazado de pirata.
A todo esto agregue usted el lamentable desempeño en las intervenciones ante los medios en donde el señor Blake declamó torpemente una tarjeta que memorizó, y que repetía ante cualquier cuestionamiento.
Por otro lado, ese día supimos que Patricia Flores era el poder tras el trono, la Córdoba Montoya o la Camilo Mouriño, y que desde la oficina de la presidencia manejaba los temas más delicados de la agenda del país. Que fue tanto su poder e intrigas –actitud aunada a que es joven y guapa– que se ganó especialmente la animadversión de Margarita Zavala cuya influencia fue determinante para que se le aceptara su renuncia y se le propusiera para ocupar la embajada de Portugal. El nombramiento de Ferrari, enlace de los legionarios de Cristo con los empresarios, me da grima así que dejaremos el comentario para otra ocasión.
Con estas estrategias y el convertir al canal 11 en un medio de comunicación oficial, Calderón se presenta listo para dirigir la campaña hacia la sucesión presidencial de su secretario de Hacienda.
Por otro lado el gobernador electo de Puebla ha declarado que su administración será plural y que se privilegiara la honestidad y la capacidad sobre la filiación partidista y la amistad.
Los poblanos esperamos que cumpla sus compromisos y que se convierta en un estadista, que trabaje por el progreso cultural, económico y político del estado, independientemente de cómo y con quien haya ganado las elecciones.
En Guanajuato Calderón declaró que existen cuestiones que están por encima de cualquier diferencia de género, de grupo, de religión o de partido político y que debe hacerse política de Estado. Quisiera estar equivocada, pero no le creo señor presidente.
alvarezenriqueta@hotmail.com