Reinvención de la burbuja marinista
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A estas alturas se me ocurrió que es importante conocer lo que han hecho los miembros de la burbuja marinista y cuál podría ser su tirada después de que concluya el actual gobierno. Así que hoy inicio esta serie de reflexiones o análisis sobre los secretarios de Mario Marín Torres. Y empiezo por Javier García Ramírez.
Hace dos años dije en este espacio que Javier era uno de los más eficientes y eficaces miembros de la famosísima burbuja marinista. Ha pasado el tiempo y sigo en las mismas porque el tipo continúa siendo el operador del progreso de Puebla que, aclaro, concibió y proyectó su jefe el gobernador.
Es obvio que no se ha salvado de los golpes comunes en nuestro medio. La razón de este, digamos que fenómeno, podríamos encontrarla en lo que hace o ha dejado de hacer. Veamos, pues, cuatro de esos motivos:
En primer lugar y por lo que usted quiera y mande, García Ramírez ha logrado crear un importante patrimonio personal. Igual que muchos servidores públicos que gracias a su información privilegiada encontraron las vetas de negocios digamos que lícitos. Los hay en el PAN y en el PRI e incluso en el PRD. A ese éxito financiero que –él me lo dijo– proviene de su profesión (más de treinta años en el medio), se deben algunos de los señalamientos mediáticos en su contra. Lo curioso está en que de los miembros de la “burbuja” que por cierto se encuentra en proceso de desinflado, Javier García Ramírez ha sido el más auditado por las distintas instancias de revisión, incluida las que vigilan y regulan la aplicación del dinero que aporta el gobierno federal, verificaciones que han concluido sin mayores problemas.
En segundo lugar gran parte del golpeteo ocurre porque García es algo así como el “negro de la feria”, o sea el funcionario que sin hacer gestos recibe la mayor parte de los golpes que deberían ser para el gobernador. Ello gracias a su cercanía y confianza con el mandatario, así como por los atrasos o incrementos presupuestales de algunas obras importantes. En este último caso –dicen los constructores– influyen los fenómenos naturales y económicos que han golpeado al país y a los gobiernos de los tres niveles.
La tercera de las causas de haberse convertido en el “negro de la feria”, la encontramos en su pasado. Como varios de sus compañeros de gabinete, Javier también pertenece a una familia de la clase media baja. De ahí que le costara mucho trabajo obtener los beneficios que le caen del cielo a cualquier joven cuyos padres son medianamente ricos. Antes de lograr lo que posee tuvo que “sobarse el lomo” trabajando como chalán de arquitectos, ingenieros u otros profesionistas, muchos de ellos “militantes” del jet set poblano, jóvenes la mayoría que entonces presumían con el poder económico de papi. Imagino que aquella experiencia lo ubicó en medio de la brecha social que el destino le pondría como un reto a vencer. E incluso, por qué no, hasta lo indujo a luchar contra la pobreza aprovechando esas y otras relaciones que después se la cobraron, en el buen sentido, claro.
El último motivo va de la mano con lo que acaba de leer: esos enlaces o amistades profesionales, llegaron a constituirse en colegios y asociaciones, grupos que al cumplir con la normatividad legal obtuvieron (y lo siguen haciendo) parte de la obra pública sin más requisito que el enunciado: cumplir con la ley. Lo demás son especulaciones si usted quiere válidas pero sin sustento jurídico.
En fin, Javier representa el proyecto generacional de su amigo Mario Marín. Lo que uno hace es porque el otro se lo ha ordenado. La intención de ambos fue trascender para vivir satisfechos de lo que construyeron y concluyan hasta antes del próximo 31 de enero.
¿Qué le queda a Javier para el futuro que casi lo alcanza? Según creo, constituirse en uno de los constructores más solicitados de la Puebla en crecimiento, algo que en gran medida depende de él, y después del próximo gobierno.
acmanjarrez@hotmail.com