Una jornada incierta
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Desde la una de la tarde iniciaron los telefonazos, mensajes y correos. Los resultados de las primeras encuestas de salida en Puebla daban un empate técnico entre el PRI y la alianza opositora. Lo mismo ocurría en Oaxaca. Se informaba de una ligera ventaja en Hidalgo, Tlaxcala y Sinaloa. En el resto de los estados no había mayor complicación para el Revolucionario Institucional.
Para las seis de la tarde cuando inició la difusión de las encuestas de salida en medios nacionales, la incertidumbre fue mayor, en Oaxaca y Puebla se autodeclararon ganadores Gabino Cué y Rafael Moreno Valle. El PRI, por su parte, negaba estos resultados y anunciaba esperaría a tener los primeros datos del PREP, a eso de las ocho de la noche finalmente se pronunciaron arriba en los estados. A esas horas también Beatriz Paredes informaba del triunfo de su partido en todos los estados excepto Oaxaca y Baja California. Todos preparaban sus respectivos festejos.
Con ello daba inicio lo que alertamos hace semanas, la mediatización y posterior judicialización de los procesos que para la alianza opositora representaba la joya de la corona. La noche del domingo, con toda seguridad velaron armas a sabiendas que la conclusión final de esta batalla dependerá, en gran medida, de la actuación de las fuerzas nacionales de ambos bandos en los días venideros.
¿Quién pensaría hace unos meses que la conclusión y legitimación de la elección saldría del control de Mario Marín y Ulises Ruíz?. Hoy, habrán de hacer uso de las alianzas y pago de favores pendientes que tengan con las grandes figuras de su partido que, desde el centro, mueven varios de los hilos en cuyas manos estará la definición de estas elecciones.
Lo cierto es que mucho está en juego para ambas partes. Si antes vimos rudeza, estos días se pondrá peor. Para Felipe Calderón y su partido, así como para Marcelo Ebrard y el suyo, el 2011 y más importante aún, el 2012 dependerán del éxito que obtengan en estas dos entidades o al menos en una de ellas. Para el PRI, y más que para el partido, para los actuales gobernadores, se hace imprescindible mantener a los suyos en el poder. Su futuro político y personal dependen de ello.
No se requiere una bolita de cristal para saber que si el PRI pierde cualquiera de estas posiciones, se desatará irremediablemente una cacería de brujas de pronóstico reservado.
Lamentablemente para Puebla y para el país, el conflicto electoral trascenderá a este cuatro de julio y se empatará con la crisis política y de seguridad que se vive a nivel nacional. Ningún partido accederá al diálogo propuesto por el Presidente de la República en tanto este asunto no haya sido resuelto. La polarización política se mantendrá y afectará la normalidad de dos estados que, mal que bien, no habían sido afectados por la violencia generalizada que se vive en el resto del país.
Malas noticias para Puebla y Oaxaca, lo ideal hubiera sido que este domingo ya tuviéramos certezas contundentes acerca de quién dirigirá los destinos de las dos entidades.
Malas noticias también para el país, la constante en los procesos electorales venideros será la guerra sucia, la violencia física, el desprestigio del contrario, el enfrentamiento y el encono. Y conforme nos acerquemos al 2012 la cosa se pondrá peor. Nuestra democracia está en riesgo, elección tras elección se debilita más y con ello, la vida institucional de México.
En lo personal creo que el PRI ganó en ambas entidades, sin embargo habremos de esperar todavía para conocer el resultado final de un proceso que aún no termina.