Calderón vs. Sicilia
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En un mensaje transmitido la noche de ayer, Felipe Calderón ha emitido el enésimo discurso del sexenio en materia de seguridad en el que lamentó la muerte del hijo del poeta Javier Sicilia y la muerte de decenas de personas encontradas en fosas en San Fernando, Tamaulipas.
Pero el verdadero trasfondo del mensaje de Calderón es la marcha convocada por Javier Sicilia que comienza el día de hoy en la ciudad de Cuernavaca y que tendrá su cenit el día domingo, con manifestaciones en todo el país.
El Presidente parece suplicar, sin dejar de atacar, porque sostiene: “…es indispensable es tu comprensión y tu apoyo, el apoyo de toda la sociedad. Porque hay quienes, de buena o de mala fe, buscan detener la acción del Gobierno.”
La protesta que inundará las calles de muchas ciudades del país será un termómetro importante, del que el Presidente no saldrá bien librado. Su lucha puede que la esté dando con “lo mejor” que tenemos, según él sostiene y -él dice- eso “mejor” es el ejército. El problema es que el hecho de estar dando la batalla con “lo mejor” no tiene como consecuencia inmediata obtener los mejores resultados. Y eso es lo que el Presidente no termina, no quiere o no puede entender. Se trata de corregir la estrategia.
El Presidente quiere apagar el fuego antes de que comience a marchar el día de hoy en Cuernavaca. Pero sus asesores no le han dicho que la reacción provocada a raíz del asesinato del hijo del poeta, no es sino un síntoma del hartazgo ciudadano. El Presidente se equivoca: no debe pedir apoyo ciudadana una vez más, sin dar un golpe de timón.
Las marchas le darán un golpe mortal a la estrategia del Presidente. Lo sabe y quiere evitarlo. El golpe mortal es porque la convocatoria es ciudadana, sin más publicidad que las de las redes sociales le permiten (las televisoras la han vetado) y con un silencio que grita desesperado que el país deje de sangrar.
Calderón ha perdido, lo sabe y se niega a reconocer, a pesar de que pueda señalar a Sicilia como bienintencionado (o malintencionado) que quiere detener la acción del Gobierno. . El pueblo le grita una y otra vez: “Estamos hasta la madre”.
Y el Presidente no entiende