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Colonia La Paz: una señorona renovándose

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Colonia La Paz: una señorona renovándose
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 18 de mayo de 2011
A sus 80 años, la colonia La Paz goza de cabal salud, a pesar de la creación de nuevos espacios para las élites poblanas, el sitio es punto de reunión y referencia. Hoy, en el cerro de San Juan se extinguen las residencias para ceder el paso a modernos departamentos
‘La Colonia Residencial La Paz tiene para usted el lote con el que siempre ha soñado: completamente urbanizado; espléndido alumbrado; magnífico drenaje y los paisajes más bellos de la ciudad’. Así se promocionaba en 1931 el nuevo fraccionamiento de Puebla, construido en el cerro de San Juan, y que en su núcleo contaba con la iglesia de Nuestra Señora del Cielo. 
En la actualidad, se promociona con departamentos y condominios primordialmente para personas de clase media y media alta.
A principios del siglo XX, los predios que se vendían en la colonia alcanzaban los mil metros cuadrados, mientras que hoy en día uno puede comprar departamentos de entre 100 y 120 metros cuadrados a un costo de hasta 11 mil pesos por metro.
A pesar de que la oferta ha cambiado con los tiempos y los espacios de vivienda se han reducido considerablemente, La Paz sigue siendo una de las colonias más representativas y predilectas de los poblanos.
LA HISTORIA
La idea original de la construcción de viviendas en la zona conocida como el Rancho de San Juan, vino de parte de trabajadores de dependencias del Poder Ejecutivo municipal, quienes solicitaron al ayuntamiento que ese terreno se aprovechara por estar cerca de las rutas de camiones con dirección a Cholula, Atlixco y la Ciudad de México.
Al darse cuenta del enorme potencial que tenía el rancho, su dueño, el doctor Isaac del Río se adelantó y solicitó un permiso para convertir su terreno en un fraccionamiento. En un principio se daban grandes facilidades para comprar los lotes, como lo eran créditos y la condonación del pago del predial hasta por 10 años. Fue así como muchas familias empezaron a construir sus casas en esta zona, que rápidamente se convirtió en una de las favoritas de los poblanos.
Para Ricardo Serrano, agente inmobiliario en la ciudad de Puebla desde hace 27 años, la estructura de la colonia rompió esquemas, ya que fue la primera donde se vendían lotes de hasta mil metros cuadrados, por lo cual sobretodo familias de muchos recursos se instalaron en la zona.
EL CHANCLAS DE ORO, LA CUEVA DEL ZORRO Y UNA MALENA
 
 
“Siempre se vivió muy bien en La Paz, siempre fue una colonia padre, bonita, tranquila cuidada, bien” comenta Maribel Conde, quien vivió en las calles Acatlán y Reforma Sur desde su nacimiento (1958), hasta hace tres años.
Maribel destaca que una de las cosas que le gustaba de vivir en esa colonia era que todo mundo se conocía y que, al menos de lo que ella recuerda, nunca se escuchó que robaran, secuestraran o mataran a alguien. 
De sus recuerdos de la infancia en las calles de La Paz, Maribel cuenta con mucho cariño sobre una paletería que había en la calle Acatlán: “dejábamos las bicis ahí afuera, y nos sentábamos en la paletería horas; ahí nos congregamos todos, los que vivíamos en la calle, los que vivían más arriba, más abajo, y ahí teníamos nuestra bola de cuates”.
Otro de los aspectos característicos, de acuerdo con la señora Conde, de la colonia La Paz era la iglesia y el sacerdote, Rafael Figueroa, a quien, recuerda Maribel entre risas, le decían “el Chanclas de Oro”, ya que venía de una familia bastante acomodada y aunque entró al seminario y más tarde profesó no perdió sus costumbres de clase.
Maribel explica que monseñor Figueroa fue quien ayudó a la construcción de la iglesia que se conoce hoy, que hizo mucha presión para juntar el dinero entre los asistentes a misa, y que poco a poco logró lo mejor para “su iglesia”.
Al hablar de las misas de su juventud, Maribel menciona que ahí era donde todos se reunían. Narra cómo la misa de los domingos a las seis de la tarde era donde se juntaban todos los jóvenes: “nos quedábamos hasta atrás, pegados a la puerta, entonces veías quien pasaba, y de ahí ya te ibas a pachanguear a la Juárez”.
 
 
En la plática, siempre menciona que la Juárez era el lugar donde los chavos iban a pasar el rato, ya fuera a dar la vuelta en el coche o a algún café o disco. Esto se debe en parte a que, desde su diseño, lo que fue la colonia La Paz, la avenida Juárez hasta antes del Paseo Bravo, fueron ideadas como un corredor con atractivos para la clase alta poblana.
Durante su adolescencia en La Paz, destaca ver el crecimiento de los tacos que dieron origen a La Cueva del Zorro: “Bien chavos íbamos a cenar y era un señor que tenía un garage dos calles más adelante donde ahora está, nos empezamos a juntar y se empezó a llenar y llenar”. Ante la respuesta que tuvo el pequeño local se fue cambiando a espacios más grandes, y se ha consolidado como un lugar “emblemático” de La Paz.
Un aspecto de La Cueva del Zorro que considera muy interesante es la historia del Chino. Ella narra que él empezó como mesero hace muchos años, cuando la taquería empezaba, y que se quedó trabajando con el dueño por tanto tiempo, que hace unos años se asociaron y hoy el Chino administra el local que se encuentra en La Paz.
Maribel Cortés 
 
Otro lugar emblemático de la vida de Maribel en La Paz fue la discoteca Cuché, inaugurada entre 1976 y 1978 y que fue muy famosa en su tiempo. Refiere el caso del que fue cadenero de la disco, quien además tenía un puesto de tacos afuera del local y era chofer de una señora muy conocida en Puebla; por lo que era curioso, dice Maribel, ver al señor en la disco el fin de semana y luego encontrarlo en la misa del domingo con la jefa en el coche.
Cuando vivió con su familia en la calle Reforma Sur, comenta que tuvieron unos vecinos un tanto peculiares. En la acera de enfrente de su casa, se encontraba “La Casa de Malena”, una casa de citas muy conocida en la colonia y que nadie, por más que trató, logró quitar. 
“Me acuerdo una vez estábamos con unos amigos y tocaron, abrimos y eran estas niñas con unos como cobertores, que decían que las habían dejado afuera que no podían entrar y creo que mi hermano les ayudó a saltarse la barda para entra al antro, algo así nos pasó no me acuerdo”, ese, dice Maribel, fue de los pocos roces que llegaron a tener con la vida del Malena Siete, como también era conocido el antro. Otro de los pocos acercamientos era cuando los taxistas se equivocaban y llegaban a su casa a recoger a las chicas, pero nunca pasó a mayores.
En la próxima entrega de este reportaje, el abandono, los comercios, las secas y las demoliciones en el cerro de San Juan…
Staff Puebla On Line 2009
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