Eduardo Rivera, lento y confuso arranque de gobierno
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El edil de Puebla, Eduardo Rivera Pérez, ha cumplido su primera semana en el cargo y en este corto periodo parece haberse desinflado el ánimo, los proyectos y el ímpetu que mostraba antes de llegar al poder. Tal situación parece empezar a complicar algunos conflictos en el municipio en el ámbito de las juntas auxiliares, los vendedores ambulantes y la seguridad pública.
A diferencia de sus más cercanos antecesores, Blanca Alcalá, Enrique Doger y Luis Paredes Moctezuma, que iniciaron sus respectivos gobiernos haciendo giras, anunciando proyectos y programas, planteando alternativas a los problemas de la ciudad, pero sobre todo impulsando una nueva imagen pública, a Rivera se le ha visto poco en estos días, y en general los nuevos funcionarios de la Comuna son casi desconocidos y nada se sabe de sus intenciones.
Sin duda alguna, Rivera Pérez ha dado muestras de tener un carácter mesurado, prudente y poco estridente. Pero más allá de su personalidad, se empieza a percibir que no tiene claridad para resolver algunos problemas básicos, como los siguientes:
1. En las 17 juntas auxiliares del municipio de Puebla hay una desbordada efervescencia política por la próxima renovación de las presidencias subalternas de dichas comunidades, sin que la autoridad intervenga para poner orden, ya que será hasta marzo cuando se emitirá la convocatoria para iniciar dicho proceso, y es en abril cuando se realizarán los plebiscitos.
El que todavía no se cumpla el plazo para que se hagan campañas poco ha importado a la gente, en algunas juntas auxiliares, como Xochimehuacan, ya se armaron 12 planillas, se empezó a desplegar propaganda y comenzaron los ataques entre los contendientes. Y esa situación se percibe por lo menos en la mitad de las comunidades en donde habrá elecciones.
Si la autoridad municipal no pone orden, en breve ese podría convertirse en el primer conflicto que se le salga de control a Eduardo Rivera, no solamente por la ausencia del ayuntamiento normando el proceso, sino porque además el sistema de renovación de ediles auxiliares es muy complicado, ya que oficialmente no compiten los partidos políticos, pero éstos siempre están atrás de los grupos ciudadanos que contienden por dichos cargos.
2. Eduardo Rivera ha dedicado sus primeros días de gobierno a gestionar fondos federales para Puebla, principalmente del programa de Subsidio para Seguridad Municipal (Subsemun), en donde ya obtuvo una primera partida de 5 millones de pesos, de los más de 90 millones de pesos que había solicitado.
Esa cantidad contrasta con los resultados que obtuvieron los dos anteriores alcaldes de la ciudad. Blanca Alcalá logró tener hasta 100 millones de pesos anuales del Subsemun, mientras que Enrique Doger rebasó los 120 millones de pesos.
Lo que más llama la atención es que Doger y Alcalá eran ediles priistas, que habían gestionado fondos ante un gobierno federal panista. Y en cambio se esperaba, que un alcalde emanado del PAN, como es Rivera, tuviera más pericia para gestionar apoyos del Poder Ejecutivo federal. Lo cual no ha resultado así.
Tal situación mete en un brete a Rivera Pérez, ya que su principal ofrecimiento de campaña fue mejorar la seguridad pública mediante el uso de nuevas tecnologías, pero si no acaba mostrando habilidad y capacidad para gestionar presupuesto, se antoja poco probable que cumpla con sus compromisos.
O por lo menos, resolver los problemas más urgentes, como es el hecho de que actualmente no funcionan muchas de las cámaras de vigilancia que hay en la ciudad, así como los sistemas de radio–comunicación de la Policía.
Y el rubro de la seguridad hoy en día es el más delicado. En las principales colonias de la ciudad se han incrementado los robos de autopartes y a casa habitación, por parte de una delincuencia cada vez más sofisticada.
Resulta inquietante que mientras en muchas partes de la capital se agudizan los robos y asaltos, una de las primeras decisiones que tomó Eduardo Rivera fue ordenar que todos los días, en el zócalo de la ciudad, estén estacionadas 10 patrullas de la Policía Municipal para vigilar el Palacio Municipal.
¿Qué sentido tiene eso?, ¿alguien sospecha que se van a robar el Palacio Municipal o la fuente de San Miguel?, ¿no son más útiles esos agentes en zonas conflictivas de la capital?