El gobernador no es Dios
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Hecho el destape o dedazo de Felipe Calderón en favor de su “delfín” Ernesto Cordero, los hombres de Rafael Moreno Valle Rosas, tendrán que aplicarse a poner en acción el plan B, estrategia que obliga al gobierno a bajar el tono de su manejo mediático.
No me han dicho en qué consiste ese plan B, sin embargo, conociéndolos como los conozco, puedo apostar a que esta segunda acción política se encauzará al fortalecimiento de las redes partidistas que, a la alimón, tejieron Rafael y Fernando Manzanilla Prieto, asistidos desde luego por Luis Maldonado Venegas. Se trata de los membretes o partidos políticos que fueron utilizados y que ahora podrían servir a la causa presidencial, sin alterar el leal y comprometido apoyo a la maestra Elba Esther Gordillo, líder moral de otro partido (Panal) y obvio de los maestros. Así que desde Casa Aguayo se manejan los hilos de las llamémosle marionetas que empezaron a moverse en el gran teatro republicano. Un ejemplo, el que tenemos más a la mano: Eukid Castañón, quien desde Convergencia operará las instrucciones de Fernando y de Luis.
Como en cualquier sesuda estrategia, el nuevo esquema en cuestión tiene algunas variantes de beneficio para el grupo; camarilla que al parecer llegó para quedarse, cuando menos doce años más. Para ellos lo ideal sería que Cordero reventara y que este evento obligara a Calderón a buscar un bateador emergente, posibilidad que forma parte de los sueños de los hombres de Boston.
Claro que se trata de un deseo natural del “animal político” que traza su destino de acuerdo con la esencia de su educación, ejemplo o preparación; anhelo en este caso preocupante porque encontró tierra fértil en las cabezas del grupo (Fernando y Rafa) entrenado por los gringos, precisamente para dirigir y conducir apegándose al eje histórico de su digamos que alma máter, acción que puede definirse con dos palabras: destino manifiesto. Ya sabe usted cómo funciona esta teoría apegada a la concepción estadunidense del liberalismo, semilla que sembró Adam Smith.
Ahora veamos cómo se mimetizarán quienes por el hecho de gobernarnos y adoptar a Puebla como su segunda patria, pasaron a formar parte de la historia que para los antiguos mexicanos empezó en el valle donde las víboras cambian de piel (Cuetlaxcoapan).
Como Martin Luther King, en una noche de verano, Rafael y Fernando tuvieron un sueño: obtener el poder. Antes de ponerlo en acción, el primero se vio obligado a obedecer a su señor padre, y por ende a ingresar al sector financiero internacional. Mientras Manzanilla encontraba su espacio en las juventudes priistas que entonces trabajaban en el entorno del malogrado Luis Donaldo Colosio Murrieta. Ocurrió la tragedia que todos conocemos y México se sacudió, agitación que indujo a Rafael a mirar hacia la tierra de su abuelo. Así empezó esta historia que parece un cuento o ficción al estilo de Tom Clancy, pero sin la violencia y la sangre que caracterizan al novelista estadunidense, cuando menos no en esta etapa de gobierno.
En el plan “A” figuraba la posibilidad de que Moreno Valle se fuera a la grande, apoyado por Calderón y la maestra Elba Esther, deseo o aspiración que indujo al grupo a posicionar al mandatario estatal. De ahí la profusa y para los poblanos carísima campaña mediática que hasta hace pocas horas vimos en las pantallas de cristal. De haber tenido éxito esta táctica o estrategia política basada en los medios electrónicos, Fernando hubiera resultado el indicado para ocupar o cuando menos manejar la gubernatura bajo otro esquema también de control transexenal, pero con un ejercicio del poder ya sin la presión que significa equilibrar la relación directa, jerárquica y amistosa: sus acciones serían así mucho más libres y en consecuencia más efectivas.
Al decir efectivas me refiero a no tener que verse obligado a justificar algunas de las decisiones de su jefe, mismas que, verbigracia, vulneran al municipio libre, célula del federalismo mexicano, y sede de la autonomía consagrada por la Constitución. Sabemos que los munícipes han sido convocados para que signen un Convenio donde le ceden al gobierno estatal la licitación y ejecución de la obra pública municipal, acto que convertiría a la presidencia municipal en un ente administrativo sujeto a la autoridad del poder Ejecutivo.
Rescato lo de Adam Smith para destacar algún legado, el que en su esencia jurídica aporta algo que deberían recordar quienes tuvieron como maestros a los neoliberales gringos:
“Al hombre no se le pueden conceder ciertos derechos ya que nació con ellos. Y esos derechos son ilimitados, soberanos y no enajenables. Cualquier poder que trate de derogarlos es visto con profunda sospecha y gran hostilidad, incluso igual o mayor que la que trata de eliminar”.
Eso es si pensáramos en inglés. Pero como lo hacemos en mexicano basta leer la Constitución de México para entender que aquí, en lo jurídico, nadie está hecho a imagen y semejanza de Dios.
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