El poder de Elba Esther Gordillo
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“Ni modo, Macelo, Rafa tendrá que sacrificarse”, le dije García Almaguer cuando me preguntó qué podría recomendarle a Moreno Valle, entonces diputado federal electo: “Dile que se haga amigo de Elba Esther Gordillo. Ella será la líder de la Cámara; es una mujer muy poderosa”.
Confieso al lector que nunca imaginé el impacto que tendría la influencia de Elba Esther en la vida de Moreno Valle Rosas. Menos aun que de ella dependería el destino político del hoy gobernador y, por ende, el futuro de Puebla. Y qué decir de lo que ocurrió en los previos a la postulación y triunfo electoral de Rafael: si no hubiese sido por Elba Esther, hoy estaríamos gobernados por Zavala y parte de la burbuja marinista.
Viene a cuento la remembranza a propósito de la visita de la doña a Puebla, quien ayer arribó a ésta, la tierra de grandes educadores, como pudo haberlo hecho cualquiera de los príncipes que en el pasado remoto acudían a saludar a los virreyes. Sólo le faltó cruzar debajo del arco de flores y escuchar la crónica del vasallo poeta, palabras como las que enseguida recupero y parafraseo valiéndome de lo escrito por el cronista de Maximiliano (1863), pasaje publicado en mi libro Puebla, el rostro olvidado.
“Brilló por fin la aurora del por tanto tiempo suspirado día en que debía hacer su solemne entrada a esta ciudad de Puebla, la augusta madre de los grandes mentores, la esclarecida reina del abnegado magisterio que con la alegría y la tristeza entreveradas, abandonó su mansión ecológica para traernos el manto del conocimiento que elevará la calidad educativa y de paso el coeficiente intelectual de los niños y jóvenes de nuestro estado. Pero no asistió al te deum en Catedral privando al arzobispo de la oportunidad de recibirla bajo un dosel dispuesto en el presbiterio, al lado del evangelio, a fin de que el preste entonara en su honor el himno de Puebla acompañado de una armoniosa orquesta.”
Y así, respetado lector, con esa aura de mujer invicta y triunfante, Elba Esther Gordillo Morales plasmó su firma junto a la rúbrica del mandatario poblano, autógrafos que validan el histórico convenio para mejorar la calidad educativa.
Aparte de la chacota obligada por el interés de hacerle grata esta lectura, debo decir con la seriedad que amerita el tema educativo, que tanto la lideresa sindical como el gobernador poblano están más que obligados a impulsar el desarrollo a través de mejorar el nivel y la calidad educativa, precisamente. No hacerlo los expondría a quedar como los grandes mentirosos del siglo XXI.
Ahora aquí le voy con otra arrebatada confesión:
Vi el programa de Leo Zuckerman, emisión en la cual tanto el conductor como Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín, sus invitados, entrevistaron a la lideresa moral y vitalicia del SNTE. Al escuchar lo que pareció un debate de ideas, confirmé que la señora es una mujer muy inteligente y que por ello habría que analizar su comportamiento con ojos freudianos. Esto porque sabe lo que quiere y hará lo que sea para lograrlo.
Igual que su ahijado político, el elegante mandatario de los poblanos que por su estilo hollywoodesco, en un descuido hasta podría ser considerarlo uno de los mejores histriones de la empatía, como que en su tiempo lo fue el presidente Bill Clinton.
Al ser cuestionada la maestra por alguno de los tres intelectuales mencionados, precisamente por haber promovido la carrera política de Moreno Valle, surgió la “revelación” que por campechana sensibilizó al que esto escribe. La repito de memoria:
El único compromiso que tengo con el gobernador de Puebla –dijo Elba Esther–, es impulsar la educación para que aquella entidad se convierta en la pionera de ese esfuerzo entre el magisterio y gobierno por elevar la calidad educativa.
Créame que se escuchó bien la breve perorata; sin embargo, la profesora se quedó corta en las verdades dado que el gobernador y ella deben haber apalabrado otros compromisos todavía no publicables. Es el caso del proceso electoral del 2012, en el cual Enrique Peña Nieto será el nuevo objetivo-cliente-ahijado de la inteligente maestra normalista. A ello habría que agregar algunas candidaturas federales y, desde luego, lo que ya está a la vista como la primera respuesta al pacto entre ambos: la presidencia de la Gran Comisión del Congreso local en manos de José Guillermo Aréchiga Santamaría.
¿Y Luis Maldonado Venegas? Ah, ese es otro tema en el cual don Luis juega un importante papel. Prometo abordarlo con cuidadito para evitar el odio jarocho del señor secretario.
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