El reacomodo del PRI en Puebla
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De un triunfalismo desmedido dentro de la clase política tricolor por el supuesto retorno de su partido a Los Pinos en el 2012, de pronto, los fangos y sinuosidades tambalearon a un importante grupos de políticos, que hoy azarosos gritan, reclaman, amenazan con mesura porque han descubierto que no cuentan con el poder, fuerza o capital político para disputar las senadurías y diputaciones en una entidad federativa sui generis como Puebla.
Se olvidan que hace 6 años en la coyuntura del proceso electoral federal el PRI-Puebla estaba dividido y que sufrió dos importantes rupturas.
Primero estaba dividido en el PRI-Marinista frente al PRI-tradicional que viene desde el toxquismo y que encarnó como melquiadismo. Disputa que a la distancia y la relectura de los resultados comiciales muestran la intensidad de la pugna y por ende la habilidad de los actores del melquiadismo para sobreponerse y al final de cuentas mantener el poder más allá de quien en ese momento era el gobernador en turno. No es casual que en la elección de senadores, el exgobernador Morales Flores haya obtenido la votación jamás imaginado en la historia electoral poblana.
La otra ruptura fue de carácter nacional pero repercutió en Puebla, y se dio con la salida del PRI de los miembros del SNTE a través del PANAL.
Desde ese año de 2006 con la crisis política por el Lydiagate: la fragmentación de liderazgos tricolores; el posicionamiento del PANAL que irrumpió de pronto transformando a los diputados priistas en panalistas y por ende en elemento de negociación utilitaria para la gobernabilidad política. El PRI-Puebla ya no es ni será el mismo partidazo de la hegemonía.
Pero, ¿el triunfo de las elecciones locales del 2007? Fueron las exigencias de unidad para la garantía de conclusión de un gobierno que había sido acribillado en el ámbito estatal y hasta mundial por el fenómeno góber precioso. Triunfo que jugó para las elecciones intermedias del 2009, ya con una unidad más trabajada, que por supuesto la apuntaló la opinión dividida de la SCJN, que por mayoría le concedió una respiración normal a la administración Marín.
En la ruptura del PRI-Puebla 2006 se puede leer el escenario actual, en ese momento Rafael Moreno Valle le fue cerrado el camino para ser senador por el PRI; por ello, el PAN le brindó la oportunidad, dicha decisión acercó a los panalistas hacia el PAN, tanto que la entonces diputada Leticia Jasso, que llegó al Congreso local por el PRI, formó parte de la fracción parlamentaria del PANAL a la constitución del partido, fue nombrada suplente al Senado.
El PANAL simple y llanamente para formar una coalición sólo reclama mantener el poder que tiene. Locos aquellos que no lo miren así. Los comentarios y descalificaciones son irrisorios. Los priistas muestran su inconformidad a través de razonamientos del poder popular por regiones y claro en esa lógica el PANAL tiene poco valor y por ende poco poder.
Si a lo anterior se suma la desarticulación que el PRI sufrió en el proceso electoral del año pasado, reproducen una cultura que por muchos años el mismo PRI forjó, esto es de doblegarse los alcaldes frente al poder institucionalizado.