Escenario de alarma en la salud financiera de Puebla
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La crisis de las pensiones no es privativa de Puebla. Es más, puede decirse que en el país todo el sistema está crujiendo y el temor es que en cualquier momento colapse el sistema financiero. Por lo pronto, las calificadoras han advertido que de no tomar medidas drásticas, el daño a la economía se reflejará al aumentar los riesgos para préstamos a las entidades públicas, notablemente estados y municipios.
Puebla no es ajena a este fenómeno. Para muestra, en los últimos seis años se gastaron casi mil 800 millones de pesos del fondo del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado de Puebla (Issstep), y hoy los 700 millones que quedan en sus arcas no alcanzan quizá ni para cubrir apenas poco más de un año de pensiones a burócratas y maestros, lo que obligará a usar recursos del presupuesto estatal, ya de por sí magros.
Conocedores del tema revelaron que desde 2006 hay “focos rojos”, pero las autoridades estatales postergaron la reforma al régimen de pensiones y el pasivo creció 300% en 2010, según estudios actuariales, por el elevado número de maestros que empezaron a tramitar su jubilación.
El último estudio actuarial efectuado al fondo de pensiones del Issstep con datos de 2006, establece que el instituto podrá cubrir su gasto corriente solamente durante un periodo de cuatro años, fecha –si bien les va– que vence en 2013, aunque hay elementos en los últimos meses para pensar que ese plazo se redujo ya.
Actualmente se necesita de dinero extraordinario, seguramente aportado por el gobierno del estado, de por lo menos 400 millones de pesos para mantener la operación correcta del instituto, que vive verdaderos momentos de angustia, aunque sus anteriores directores presuman que todo tiene solución.
El Issstep está quebrado, empezando por su fondo de pensiones, y eso debilita la salud financiera del estado, que francamente –aunque no lo reconozca la autoridad– enfrenta una situación extrema, donde dos elementos se conjugan: no hay dinero suficiente para hacer frente a las demandas que existen; y su viabilidad para enfrentar esa realidad con préstamos se redujo, porque en este momento su calificación ante los mercados es de alto riesgo.
El escenario es de alarma, y los que saben aseguran que aún falta por descubrir lo peor.