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Gobierno vs prensa

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Gobierno vs prensa
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 2 de mayo de 2011
Me pregunto si la prensa es enemiga del gobierno, o el gobierno es enemigo de la prensa. Es obvio que hay una repuesta, la cual se percibe con un sí, en su segunda opción.
 
En esta primera etapa (100 días) el gobierno parece enemistado con la prensa. O cuando menos con el 90 por ciento de los periodistas cuya pluma resulta incómoda para los nuevos servidores públicos.
 
Esta observación que parte del sentir de la mayoría de los trabajadores de los medios de comunicación escrita, me anima a repasar brevemente la historia de las relaciones entre prensa y poder. A lo mejor le sirve al morenovallismo que hasta ayer parecía rechazar lo que aquí y en todo el mundo civilizado es una expresión de la sociedad.
 
Antes de entrar a los antecedentes le comparto la siguiente frase, digamos que lapidaria, pensamiento del periodista español Arcadi Espada (la repito de memoria): “El periodismo nació de la sociedad para controlar al poder. Hoy el poder maneja al periodismo como si quisiera controlar a la sociedad”.
 
Empiezo este condensado viaje recordando sólo un trazo de Maximino Ávila Camacho. Aquel gobernador no ató de manos a los periodistas, no, prefirió mandarlos matar. Trinidad Mata resultó una de sus víctimas, crimen que perpetraron el Baby y Galina, dos de los pistoleros a su servicio. Ya sabe usted cómo ha tratado la historia a este “emérito hijo” de Teziutlán.
 
Gustavo Díaz Ordaz aplicó el torniquete moral y económico para “ahogar” a quienes él consideraba enemigos de su gobierno. El operador de la estrategia, que incluía algunas variantes judiciales y fiscales, fue don Francisco Galindo Ochoa. Así, durante su gestión, el presidente poblano ganó más críticos que aliados. Por eso le fue como en feria, asunto que se agravó con lo ocurrido en el 68, cuando la reacción del poder acabó por aplastar la poca fama pública que le quedaba al coautor, por cierto, de la entronización de varios gobernadores que no cantaron mal las rancheras.
 
A Mariano Piña Olaya le caían mal los periodistas. Solía menospreciarlos. Como una muestra de ese desprecio nombró al hijo de Alberto Jiménez Morales: lo hizo director de Comunicación Social. Un buen muchacho pero muy lejos de la experiencia que se requiere para manejar la información intermediando entre gobierno y prensa. La fama pública del ex gobernador quedó por los suelos, no obstante que escogió a tres o cuatro periodistas para dotarlos de algunos beneficios extra curriculares.
 
Miguel de la Madrid le traía ojeriza a los medios, en especial a los escritos. Hubo quienes habían sugerido que tanto en él como en su descendencia había tendencias homosexuales, algo que por aquellos entonces era una mácula. A Manuel Buendía, por ejemplo, lo asesinaron antes de que publicara una fotografía comprometedora para el entonces presidente. Algo parecido le ocurrió a Carlos Loret de Mola Mediz. En fin, el rechazo del gobierno hacia los periodistas se manifestó en la selección de diez periódicos, mismos que fueron los únicos designados para insertar la publicidad oficial. La historia sobre la gestión de De la Madrid se ha estado escribiendo a partir de los puntos negros de su régimen. Ojalá que Manuel Bartlett publique pronto sus memorias para que se sacuda de aquellos lodos, acción que inició siendo gobernador de Puebla.
 
Decía Bartlett: hay que leer la prensa porque nos muestra lo que el gobierno ignora.
 
Carlos Salinas, el harvariano, nunca quiso oír ni ver a los representantes de los medios de comunicación. No pensaban como él, o sea en inglés. Por ello se ganó su lugar en la historia del desprestigio, fama aderezada con tres escandalosos crímenes que la sociedad endilgó al Estado mexicano.
 
Mario Marín es otro caso: al día siguiente de haber tomado posesión, manifestó su desprecio por la prensa. Les leyó la cartilla a los directivos diciéndoles que no permitiría que lo criticaran. Y además soltó la amenaza de cerrar las llaves de la propaganda a quienes se alebrestaran. Ya sabemos que varios apechugaron, los mismos que al final de esta anécdota se adicionaron a la crítica contra su gobierno, actitud que de alguna manera se podría justificar.
 
Ahí están pues las lecciones de la historia, insisto, a vuela pluma. Esperemos que las asimilen los asesores del gobernador Moreno Valle, no para soltar los chayos, como argumentan sus errados escribientes oficiosos en las redes sociales, sino para que su jefe evite meterse en el camino de otros gobernantes truncos.
 
acmanjarrez@hotmail.com
Twitter: @replicaalex
 
Staff Puebla On Line 2009
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