Jiménez Merino busca deslindar a Marín del caso del narcoganadero
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En corto, dirigentes del Consejo Agrarista Poblano comentan que el actual diputado federal Alberto Jiménez Merino, cuando fue secretario del Desarrollo Rural en el gobierno de Mario Marín Torres, invitaba a las organizaciones para que conocieran los “búfalos de agua” en un rancho de Tecamachalco; se ufanaba entonces del éxito de dicho proyecto, que el promovía incansablemente, y luego les servía de comer suculentas milanesas de búfalo, queso de búfala y tequila, para que contentos las probarán.
La investigación de Reforma sobre el respaldo de la administración marinista a un presunto capo y lavador de dinero del narcotráfico publicada el lunes pasado se originó en la Procuraduría General de la República en el primer bimestre de este año, luego de la detención del capo Ismael Coronel Sicairos conocido como El Judío, quien no solo tenía negocios sino también residencia en Puebla.
Ayer, el diputado federal -seguramente luego de un largo acuerdo con el exgobernador Marín- no tuvo más que asumir que es responsable de omisión, pues no investigó el origen del capital ni la trayectoria de quien se presentó como empresario sin tener en realidad mayores antecedentes.
El diputado federal priista declaró que el sinaloense Coronel Sicairos fue contactado a través de Internet por sus colaboradores, explicó, para desarrollar un proyecto de cría de búfalos de agua. Sus asesores del área de ganadería encontraron a Coronel en la red y “concretaron un acercamiento para aterrizar el proyecto debido a su rentabilidad productiva”. Es decir que el gobierno poblano lo invitó y no como lo negó el lunes pasado en las primeras entrevistas, cuando aseguró que Coronel llegó solo.
Fue el gobierno de Mario Marín -seguramente con su conocimiento pues no era un gobernador que les diera mayores libertades a sus funcionarios- quien entregó primero en comodato un predio denominado El Lindero en el municipio de Venustiano Carranza, en la sierra norte y más tarde uno conocido como Amatitlán en Izúcar de Matamoros.
Precisó el legislador: “no hubo inversión, no hubo presupuesto para el programa que era una alianza entre el productor, el empresario y el gobierno, buscando opciones productivas” y se declaró como único responsable. Además de su curul actualmente preside la Fundación Isidro Fabela en Puebla y desde ahí construye su proyecto para llegar al Senado de la República.
Aseguran dirigentes campesinos priistas, que Jiménez Merino y Marín si sabían del proyectos de los búfalos, y para que las organizaciones lo apoyaran en sus aspiraciones políticas, les ofrecía proyectos y les decía “aprovechen ahorita, porque después no habrá” y siempre usaba como ejemplo la inversión del sinaloense, actualmente detenido.
Conforme a su estilo siempre presumía que conocía todas las especies, les mostraba un libro sobre cualquier cultivo que se cosechaba en el campo poblano y en ocasiones se fusilaba la información de la Comisión de Agricultura del Congreso de la Unión.
Ese es el diputado priista que hoy niega todo pero se asume como el único responsable de invitar desde 2007 y casi cuatro años a Puebla a invertir, a uno de los lugartenientes de los hermanos Beltrán Leyva.
Él, que tanto presumió sus exquisitas milanesas de búfalo, ahora las niega.