¡Jtatic, jtatic!
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Un día, en una reunión, una persona le preguntó al Nuncio Apostólico Justo Mullor García, español y persona muy apreciada por su ciencia y por su espiritualidad: ¿Qué nos puede decir del desempeño de Don Samuel Ruiz, es hombre de iglesia o está contra Ella?
Entonces Mullor, enrojeció y sin mostrar coraje, al fin diplomático, dijo: “Yo no quería hablar de ese tema pero voy a contestar su pregunta. Don Samuel y yo viajábamos en una camioneta, ya muy usada, entre el polvo. Era una breve visita a su diócesis. Resulta que en el camino nos balearon. Afortunadamente los agresores no nos causaron daño. ¡Sólo el susto!
En la noche, yo no podía conciliar el sueño, entonces decidí ir a orar a la capilla en donde estaba expuesto el Santísimo.
Era una casita de tablas y ramas. Allí encontré a Don Samuel, en oración, hincado. Eran las dos de la mañana”.
Don Samuel fue un hombre de controversia entre algunos de sus compañeros obispos. El Nuncio Apostólico Girolamo Prigione, estaba en desacuerdo con la actuación del Tatic.
Don Samuel también fue un obispo incómodo para ciertos sectores de católicos de la elite chiapaneca y nacional.
Samuel nació el 3 de noviembre de 1924. A los 13 años de edad entró al seminario de León, Guanajuato.
En 1943, a los 23 años su Obispo lo envió a estudiar a la Universidad Gregoriana, en Roma. Cursó Teología y Sagradas Escrituras.
En 1960, el Obispo de León Manuel Martín del Campo y el Delegado Apostólico Luigi Raymondi, le informan de su elección como Obispo en San Cristóbal de las Casas.
El 25 de enero de 1960, fue consagrado Obispo. Lo nombró el Papa Juan XXII. Sustituiría a un obispo poblano, Lucio Torreblanca y Tapia.
Don Samuel, llegó con grande entusiasmo a evangelizar al pueblo chiapaneco, predominantemente indígena y católico.
Los hechos no sucedieron así, Don Samuel, afirmaba, que Él resultó el evangelizado por los indígenas. Él prefería a los indígenas, a los pobres, a los excluidos.
Jean Meyer y Carlos Fazio resaltan el detalle de la decisión que tomó de ser consagrado en la misma catedral de su diócesis. El único antecedente igual, había sido el del mismísimo fray Bartolomé de las Casas.
Ruiz García llegó a Chiapas con toda su familia y su bagaje cultural: conservador, militante anticomunista, que no conocía otros rituales más que los del boato de ese tiempo.
La conversión a favor de los indígenas comprendió cierto tiempo. Visitó su diócesis caballo, en mula o a pie. No había comunicaciones modernas. Sí pocas escuelas y uno que otro hospital. En fin, desgracia, pobreza, injusticia y explotación.
También aprendió algunos de los dialectos para comunicarse con sus feligreses. Estudió sus costumbres. Él mismo tuvo un proceso de inculturación.
En esos primeros años de episcopado, se realizó el Concilio Ecuménico Vaticano II, en el cual participó. Así encontró un fuerte factor que lo ayudó a comprender el estado de cosas tan lacerantes.
Durante las décadas de los 60, 70 y 80´s la tarea fue ardua. Atender las necesidades materiales de su pueblo y a su vez evangelizarlo.
De alguna forma entendió pronto el trabajo que ya había iniciado su antecesor.
Su biografía es rica en buenos resultados y la patria y la sociedad construyó con sus diocesanos, abarca buena parte de la historia de Chiapas, de México y de los indígenas, tanto que propició que se reformaran la Constitución Federal y las de los estados para normar ese tema.
Se ha ido de esta tierra un gran mexicano que sin distinción de razas, lenguas o religión, luchó por los desposeídos.
Las exequias del Tatic fueron presididas por el Nuncio Apostólico, Christopher Pierre, el Obispo de San Cristóbal de las Casas Felipe Arizmendi Esquivel y su auxiliar Enrique Díaz Díaz; y su compañero de lucha, converso como Él, Raúl Vera López Obispo de Saltillo, Coahuila.
El presidente Felipe Calderón Hinojosa y su esposa, Margarita Zavala, expresaron: “Fue pieza esencial en la pacificación de Chiapas, tras el conflicto que estalló en 1994. Admiraba a Samuel Ruiz por haber sido un gran mexicano, comprometido con la gente más pobre del país, con los indígenas. Un hombre fiel a sus ideas, a sus creencias, a sus valores, hasta el último día. Le hará falta al país”.
El rector de la UNAM, José Narro Robles, definió a Samuel Ruiz como “hombre que hizo escuela, al trabajar en favor de las causas sociales sin renunciar a sus convicciones religiosas”.
El presidente de la Comisión de Asuntos Indígenas de la Cámara de Diputados, el priísta Manuel García Corpus, afirmó que permanecerá el ejemplo de Samuel Ruiz de promover la justicia, la paz y los derechos de los indígenas.
Luis H. Álvarez, quien fue miembro de la CoCoPa en Chiapas durante las negociaciones entre el gobierno federal y el EZLN en la década de los noventa, comentó que el obispo “marcó el camino” en la defensa de los pueblos indígenas.
Manuel Camacho Solís, nombrado en 1994 coordinador para el diálogo en Chiapas por el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, destacó que Samuel Ruiz creó una conciencia mucho mayor sobre el problema de los pueblos indígenas, y dio su ayuda “para que lo que pudo ser una guerra prolongada se resolviera por la vía pacífica”.
Cuauhtémoc Cárdenas destacó la labor fructífera y valiosa que realizó durante años: “Ojalá hubiera mucha gente como él, trabajando cerca de la gente”.
El poeta chiapaneco Juan Bañuelos se refirió así de don Samuel: “Hoy murió uno de los más grandes sabios que defendió toda su vida los derechos humanos de los pueblos indígenas de México, sobre todo en Chiapas. Su humildad y su grandeza humana fue el camino que nos hizo a los que convivimos con él en organizaciones de fraternidad y paz en la selva chiapaneca.”
Heriberto Cruz, lo recuerda: “en sus recorridos por las comunidades indígenas de Chiapas, vestido de lo más sencillo, los zapatos enlodados, el tzotzil en la lengua y las noches cuando dormía sobre tablones. ¿Será obispo este señor, me decía yo?”
A don Samuel Ruiz, le fueron otorgados numerosos reconocimientos, como el premio Simón Bolívar de la Unesco y el Internacional de Derechos Humanos de Nüremberg, así como el doctorado honoris causa por la Universidad Iberoamericana, entre otros.
En su condición de obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz escribió una carta pastoral en enero de 2004 en la que decía: “La pregunta que Dios nos hará al final de nuestra existencia será: ¿De qué lado estuvimos? ¿A quién defendimos? ¿Por quién optamos? Preguntas que nadie, ni los poderosos, podrán eludir al final de su vida”.
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