La conspiración contra Myriam
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Myriam Arabian dormía el sueño de los justos mientras se fraguaba en su contra lo que López Obrador hubiese catalogado como un compló de baja estofa.
La maquinación inició en las oficinas de un ex proveedor del ISSSTE que hizo su agosto durante los no muy alejados tiempos del entonces delegado Jorge Fouad Aguilar Chedraui. Su nombre: Carlos Veana Zetina.
Aquella relación entre comercial y amistosa, sirvió para que Carlos fuera designado candidato del PANAL, campaña que, como el lector sabe, perdió con más pena que gloria.
Ya en el ostracismo, Carlos pudo haber pensado que al revivir la denuncia electoral, misma que siendo candidato interpuso contra su oponente, la señora Arabian, le permitiría desquitarse, ya no de la derrota que sufrió, sino de la frialdad a que ha estado sometido por parte del equipo morenovallista que, vaya usted a saber las razones, lo marginó del reparto de cargos y prebendas.
Veana supuso que Myriam le ganaría la elección y por eso su equipo le aconsejó judicializar su derrota antes de conocer el resultado. Tenía que responder a los patrocinadores de la campaña, que por cierto eran constructores y proveedores al servicio del ISSSTE, precisamente. Sorprendido por el triunfo del PRI, Carlos se olvidó y archivó el asunto hasta que uno de los demonios que trae dentro le aconsejó revivirlo con la, tal vez, deliberada intención de lesionar la imagen del gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas.
De ahí que se rehiciera el expediente contra la titular de la Secretaría de Desarrollo Social, y que ocurriera todo lo que usted ya sabe.
Esos demonios desatados aconsejaron a otros demonios, los que estaban en hibernación dentro de la cabeza de algunos beneficiarios del poder que ejerce el hoy gobernador Moreno Valle. Ya se había revivido el proceso contra Myriam, lo cual representaba la oportunidad de rescatar la candidatura senatorial (que por cierto ya quedó fuera del compromiso con la Primera Dama del país). Pero, ¿y cómo hacerlo sin dejar huellas? Algún iluminado (hay varios en el gobierno) propuso que el tema se filtrara a la prensa para hacer el consabido escándalo mediático, bulla que dejaría sin ninguna oportunidad a su compañera de trabajo.
“¡Chelo!”, gritaron. Y Chelo operó.
Antes de esa sesuda decisión, es obvio que hubo un aviso de cuates, alerta que permitió a la hoy indiciada ampararse contra la orden de aprehensión. Alguien ligado a Los Pinos hizo la llamada para poner sobre aviso a alguien de arriba del gobierno poblano. Enseguida corrió la voz por los recovecos del poder y de ahí tuvo que salir lo que menciono arriba, o sea la estrategia mediática basada en la filtración que produjo la reacción esperada: antes de darle oportunidad de armar su defensa en los medios de comunicación, había que destruir el prestigio de quien era la aspirante cincha a la senaduría por Puebla.
Preguntando por aquí y por allá constaté que el caso en comento es una de las excepciones de la Fiscalia Especializada para la Atención de Delitos Electorales, organismo que en sus archivos duermen el sueño de los justos ene número de denuncias con la misma esencia electoral. ¡Claro que hubo presión!, dicen. Y por ello le dieron celeridad a la de Myriam, ahora ex secretaria del gobierno morenovallista (le antepongo el prefino ex porque quince días de gracia son muy pocos para que funcione de prisa y apurada la maquinaria judicial).
Como lo he mencionado, Carlos se encargó de presionar. Y como ya quedó dicho, es obvio que su interés no se ciño a la justicia sino al desquite que anima a las personas que son marginadas a pesar de contar con información delicada.
Otra de las líneas de investigación, en este caso periodística, nos lleva a preguntar si en esa estrategia no metió la mano el protector de Veana. O si en el ámbito del poder hubo algún estratega que diseñó el plan que dejaría sin validez la recomendación que apechugó el gobernador debido a que se dio en las alturas del paraíso que, para el PAN, en seis meses podría ser el infierno.
En fin, como recomendaría el escritor siciliano Leonardo Sciascia, habrá que esperar para ver quién se va a beneficiar con ésta que tiene visos de lo que podría ser una obscura conspiración meramente electorera.
Se trata, pues, de una de las dudas que flotará en el ambiente gubernamental hasta que sepamos el nombre del o la política que llegue a ocupar la candidatura que por recomendación presidencial pertenecía a Myriam Arabian.
Hay que esperar.
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