La Marcha de las Putas en el DF
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Camina en medio de miles. Vacila brevemente y cuando parece que nadie va a escucharla gritar contra el machismo, contra siglos enteros preñados de prejuicios, de acoso, de sumisión, Joyce eleva sus brazos hacia el cielo, hace un par de alas con ellos y deja que sus senos, jóvenes redondeces morenas, queden liberados.
Entonces cientos de miradas se le agolpan, panales de morbo y cámaras fotográficas, flashes que destellan en aureolas y pezones, como si nunca antes hubieran existido senos en el mundo. Pero Joyce avanza, está libre. La artista y estudiante de música de 25 años se yergue sin ruborizarse un átomo, voltea a ver a su madre, Juana María, y sabe que ha ganado una batalla: ha perdido el miedo.