lunes, 15 junio 2026
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La perorata magisterial

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La perorata magisterial
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 26 de mayo de 2011
Ayer escuché a la maestra Elba Esther Gordillo Morales. Vi a una líder convencida de su responsabilidad social y educativa. La percibí distinta al personaje de la caricatura política que de manera lúdica nos ha mostrado la crítica periodística.
 
Su voz y su mensaje me ubicaron en el otro espacio, el del reconocimiento a la tozudez y la inteligencia que se combinan para cumplir con la responsabilidad sindical de ser dirigente del magisterio mexicano.
 
Observé sorprendido a la mentora para descubrir que su éxito abarca y articula lo profesional con el respeto presidencial y las envidias que provocan los triunfadores, así como la riqueza y el poder que anhelan los políticos; es decir, la influencia que le ha permitido crear, desde partidos y organizaciones públicas, hasta gobernantes.
 
Pero lo más impactante de esa presencia, fue sin duda  la osadía que sólo se le permite a las personas tocadas por la magia de la buena suerte.
 
Ahí estaba, pues, la maestra, muy bien plantada en el escenario nacional compartiendo su éxito con Alfonso Lujambio, Rafael Moreno Valle y Felipe Calderón.
 
En ese espacio, casi de la República, ocurrió un interesante duelo retórico del cual sin duda la profesora Elba Esther salió triunfadora por tres razones de peso: ella fue la estrella del Acuerdo para la Reforma de los lineamientos del Programa Nacional de Carrera Magisterial; de ella dependió la consolidación de esa alianza que parece ser en pro de la educación; y sus palabras tuvieron mayor contundencia que las de Lujambio y Calderón.
 
Los discursos y la lluvia de conceptos e ideas educativas, me hicieron reflexionar sobre el origen de la educación en México, que por cierto ninguno de los oradores trajo a colación. Además me indujo a valerme de la travesura periodística para comparar los viejos con los nuevos tiempos, parangón que a pesar del entusiasmo que apunto arriba, redujo el impacto retórico y conceptual de los tres discursos. Va.
 
¿Qué similitudes tiene Elba Esther con Enrique C. Rebsamen, Ignacio Manuel Altamirano y Gilberto Bosques?, me pregunté. ¡Ninguna! fue la respuesta a botepronto. Y ahora le digo las razones:
 
El suizo Rebsamen llegó a México motivado por un artículo del alemán Karl von Gagern (“Quetzalcóatl”, se tituló) y el libro del mismo autor (Muertos y vivos): quería observar los ensayos de educación moderna llevados a cabo por el alemán Heinrich Laubscher, de quien por cierto heredó la primera generación de maestros renovadores de la enseñanza mexicana convirtiéndose así en el precursor de aquel impulso definitivo.
 
Altamirano, alumno de Santiago Ramírez, “El Nigromante”, es el padre del principio de la educación primaria gratuita, laica y obligatoria, dado que el 5 de febrero de 1882 propuso su legislación. La obra educativa de Ignacio Manuel, se consolidó al fundar el Liceo de Puebla y participar en la creación de la Escuela Normal de Profesores de México. A este indígena puro le correspondió el segundo impulso, también definitivo.
 
El poblano Gilberto Bosques Saldivar, fue uno de los fundadores de la educación pública de México, o sea la actividad penetrada por los impulsos renovadores de la Revolución, tendencia que hizo de la escuela del Estado una institución dinámica, sistemática y conexa con las realidades sociales del país. El profesor Bosques llevó al mundo su sentido social. Y esta formación normalista lo impulsó a luchar por el humanismo, actitud que terminó por convertirlo en el salvador de más de cuarenta mil personas perseguidas por Hitler, Franco y Musolini.
 
Una vez terminada mi diablura histórica concluí que tanto a la maestra Gordillo como a Lujambio y a Calderón, les falta hurgar o pensar en la historia de la educación en México, pero no la que representa el liderazgo del SNTE, no, sino la que dio lustre y prestigio a los mentores mexicanos. Lo demás es coyuntural y puede llegar a formar parte de la exhibición de talentos en la improvisación, espontaneidad que, decía el constituyente Ignacio Ramos Praslow, despide el calor que con extraña fecundidad llega a producir una sarta de tonterías (él dijo pendejadas).
 
No quiero sugerir que los oradores hayan dicho banalidades. De ninguna manera. Lo que trato de decir es que se pronunciaron peroratas muy bien articuladas sí, pero carentes del bagaje que enorgullece a los educadores de México. De ahí que el Acuerdo para la Reforma Educativa haya nacido inestable ya que le faltan los cimientos de la historia.
 
acmanjarrez@hotmail.com
Twitter: @replicaalex
 
Staff Puebla On Line 2009
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