¿La solución está en los maestros y no en los políticos?
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La legítima megamarcha convocada este fin de semana por Javier Sicilia en que participaron miles de personas hermanadas por la pérdida de algún familiar o amigo cercano a partir de la errática guerra contra el crimen organizado de Felipe Calderón, derivó en una serie de peticiones poco factibles. Pese a ello, habría que rescatar, además de los motivos y fuerza propia de la movilización ciudadana, la coincidencia generalizada de exigencia al Gobierno Federal de un cambio de estrategia en esta guerra, aunque el contenido es la diferencia, mientras unos pugnan por medidas que solo atienden las consecuencias del problema, otros lo hacemos bajo la premisa de atacar las raíces.
Esta segunda postura, sin embargo, requiere de un mucho mayor tiempo y voluntad política –que no existe- para replantear en su totalidad las políticas públicas en materia de educación, economía, salud y seguridad, así como reformas integrales que impacten en la relación entre los Poderes, la generación de mayorías, la autonomía real del Poder Judicial, entre otras. No creemos que con la sola renuncia de García Luna se logre algo positivo.
La gravedad de la situación requiere de un cambio profundo institucional y de una estrategia integral que combata la pobreza y la severa desigualdad social que produce millones de niños y jóvenes sin oportunidades y listos para embarcarse en acciones delictivas –al menos 3 millones de niños viven en pobreza severa-; que brinde educación de calidad a todos los mexicanos a fin de romper la inercia de descomposición social y cultura de la violencia que crece agigantadamente en nuestro país; que ponga freno al brutal incremento de adicciones –en 7 años el número de niños y jóvenes con algún tipo de adicción a drogas no legales aumentó en más de 400%-, entre otros cientos de cosas. No podemos pensar, tal como sugiere Calderón, que pueda solucionarse con solo balas y ejército en las calles.
Lo que es muy cierto es aquello que dijo Sicilia sobre el hecho de que si no se hace algo, el próximo Presidente, llámese como se llame, se dedicará únicamente a administrar el caos, de hecho creo que éste ya lo está haciendo.
Y a propósito del tema y de la proximidad del día del maestro, les reproduzco la siguiente fábula que me envío mi amigo Farber hace unos días:
“Murió un profesor y se fue a las puertas del cielo. Sabido es que los maestros, por su ser y hacer, siempre van al cielo, sin embargo, san Pedro buscó en su archivo pero no encontró su nombre así que le envió al infierno donde rápidamente le dieron alojamiento. Poco tiempo pasó y el profe se cansó de padecer las miserias del infierno, así que se puso a diseñar un proyecto y un programa anual de trabajo. Organizó un órgano colegiado, una asociación de padres de familia y el comité escolar de participación social. Con el paso del tiempo ya tenían certificaciones en varias áreas, infierno libre de humo, aire acondicionado, centro de cómputo, círculos de lectura, grupos de alfabetización, internet inalámbrico, todo tipo de becas, festivales, desfiles, etc. Un día Dios llamó al diablo por teléfono y con tono de sospecha le preguntó: ‘Y qué, ¿cómo andan las cosas por allá?’ ‘¡Estamos a toda madre!’, contestó el diablo. Por si algo se te ofrece apunta por favor mi nueva dirección de email: eldiablofeliz@infierno.com. Sorprendido, Dios preguntó entonces: ‘¿Qué acaso tienen un maestro allí?’ El diablo contestó que sí. ‘Nunca debió haber llegado ahí. Los profesores siempre van al cielo. ¡Me lo mandas inmediatamente! ’dijo Dios, ‘¡Ni loco’, replicó el diablo. Dios se pufo rojo de furia: “¡¡Mándamelo de inmediato o… te demando!!’ ‘Y el diablo, con tremenda carcajada le contestó: ‘¿Ah, sí? Y nada más por curiosidad, ¿de dónde vas a sacar un abogado si todos están aquí?’ Moraleja: Un maestro no ve el mundo, lo transforma.
Sin duda, la educación es la base del cambio de fondo que requerimos en nuestro país. La escuela y la familia son parte vital de esta transformación, así que a todas las mamás y maestros, además de desearles un Feliz Día, les recuerdo el enorme compromiso que tienen en la formación de mejores mexicanos y, en consecuencia, en la construcción de un mejor México. Aunque lo anterior, por supuesto no exime a nuestros poco patriotas e ineptos políticos de su responsabilidad en el desastre de país que han dejado. ¡Feliz Día de las Madres!