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Las raíces y los frutos

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Las raíces y los frutos
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 31 de octubre de 2011

Con las festividades del día de muertos, los mexicanos recordamos a nuestros ancestros con admiración y amor. Abrevamos de sus enseñanzas y experiencias para recorrer nuestro camino en la vida.

Permítanme compartir con ustedes una gran satisfacción personal. El Senado de la República y la BUAP, han editado recientemente un libro escrito por mi padre el general José Álvarez y Álvarez de la Cadena, intitulado Justicia Social, Anhelo de México.

En él relata sus vivencias y apreciaciones sobre la Revolución  y la Constitución de 1917. Lo dedica a los jóvenes de nuestra patria, quienes, dice, tendrán irremediablemente que participar en la cuarta revolución, que vendrá después de las de Independencia,  Reforma  y Social.

Fundamenta su necesidad de participar en el movimiento armado, cuando era un joven exitoso, perteneciente a una familia conservadora y de prosapia. Se inició  en una marcha de antorchas organizada para conmemorar el nacimiento de Juárez, en Zamora, Michoacán, una ciudad entonces casi conventual. Llega a ser prefecto político de esa su ciudad natal. Y cuando Victoriano Huerta, el chacal según su concepto, asesina a Francisco I. Madero y a José María Pino Suárez, se une al movimiento revolucionario con Álvaro Obregón y Venustiano Carranza.

Posteriormente, al triunfo de la Revolución, se integra como prefecto de Morelia y al cambio de sistema político, lo corresponde ser el primer presidente municipal de esa ciudad capital. Es elegido diputado constituyente representando al distrito de Uruapan. Forma parte del grupo de los llamados jacobinos, y participa en la redacción y debate de los artículos que incluyen en la Carta Magna los derechos sociales. Posteriormente, dentro de su carrera política llega a ser Jefe de Estado Mayor Presidencial de Plutarco Elías Calles (las revelaciones sobre esta época las publiqué hace dos años en el libro Espionaje y Contraespionaje en México, editado por la BUAP).

Por una afección cardiaca que lo desahució, tuvo que retirarse de la vida pública. Así se dedica por casi 30 años a escribir, de una manera crítica y objetiva, lo que observó de los caudillos, sus errores y aciertos. Esta desafortunada circunstancia nos permitió a sus hijos menores convivir intensamente con él y que en lugar de historias de fantasías nuestra niñez estuviera rodeada de anécdotas de la Revolución y sentimientos nacionalistas. Lo recuerdo en su biblioteca donde leía mientras escuchaba música clásica, sonido que atemperaba el ruido de su antigua máquina de escribir. Quiso dejar constancia de ese período fundamental de nuestra historia.

También dejó grabados sus recuerdos, tristezas y decepciones por las traiciones que trataron de destruir su vida.

Después de su fallecimiento me dedique a compilar todos sus escritos, con la intención de darlos a conocer a esos jóvenes a quienes él deseaba orientar, referencias que forman el contenido de su libro. Por razones de trabajo y familiares se atrasó la publicación que por fin se ha logrado. Se lo debía.

De Francisco I Madero, por ejemplo, admira su valentía para enfrentar al dictador Porfirio Díaz y arriesgar junto con su vida la fortuna que le hubiera permitido vivir holgadamente sin ocuparse de la política. Pero señala su ingenuidad y falta de visión al aceptar firmar los mal llamados Tratados de Ciudad Juárez, en los que “entregó, muerta por suicidio, a la naciente Revolución Social de México en manos del ejército federal que era el peor de sus enemigos, y por ello perdió la vida.”

Del Congreso Constituyente señala: “Cuando la historia juzgue con imparcialidad la labor de los constituyentes de 1917, recordando que la efectuaron en dos meses de intenso trabajo y que estuvieron ausentes los intereses personales y no así las amenazas del todavía poderoso grupo villista, será cuando se reconozca que implantamos al proyecto presentado por el primer jefe de la Revolución, las más trascendentales reformas” (los artículos 3º, 27, 123, 130). Cuando se comprenda el alto ejemplo de civismo democrático dado por Venustiano Carranza, al aceptar sin la menor objeción, protestando guardar y hacer guardar la nueva Constitución, que reformó sustancialmente su proyecto original, cuando se analice el hecho de que estuvimos divididos con puntos de vista antagónicos que fueron la expresión de la libertad absoluta que caracterizó a nuestros trabajos, será cuando se valore el esfuerzo democrático del Constituyente.”

De este Congreso guardaba como un tesoro, los 200 pensamientos que sus compañeros plasmaron en una modesta libreta, con sus fotografías, algunos de los cuales se publican en el libro en comento.

Tanto un hombre como un país, que no tiene raíces, ni deja frutos (hijos, nietos, libros o batallas por la libertad y la justicia social) está condenado a la mediocridad,  la frivolidad y la intrascendencia.

alvarezenriqueta@hotmail.com

Staff Puebla On Line 2009
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