Los nuevos diputados
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más la tierra es siempre la misma.”
Eclesiastés, 1:4
¿Qué hace un diputado?, ¿Votar y cobrar? ¿Cobrar bien y hacer negocios?, ¿Todos hacen eso? ¡No, no todos!,
¡Algunos sólo hacen bulto y alboroto!
¡Algunos son muy dedicados, elaboran iniciativas, estudian las que les envía el ejecutivo, hacen uso de la palabra!
La mayoría nunca redacta una iniciativa. Éstas las elaboran en el ejecutivo o algún asesor. Para el líder, los diputados impreparados son mejores, no protestan, sólo obedecen.
De cualquier forma todos son valiosos. Lo que cuenta es su disciplina y su voto.
Los legisladores, los gobernantes y los policías, en general, son los grupos de mayor descrédito ante los ciudadanos.
La verdad es que muchos se desempeñan en sus cargos con eficiencia y honradez.
El 15 de enero asumirán su cargo las diputadas y los diputados que integrarán el Congreso del Estado.
En Puebla, el 19 de marzo de 1824 se instaló el Primer Congreso Constituyente, con trece diputados propietarios y cinco suplentes; en el Porfiriato fueron veintidós; en 1917, veinticuatro propietarios; en 1978, veinte diputados propietarios y seis de representación proporcional y a partir de 1996, el Congreso se conformó con veintiséis diputados de mayoría relativa y quince de representación proporcional.
Hoy, los electores activos decidieron integrar un Congreso con diputados de diferentes partidos políticos.
Ningún partido cuenta con mayoría calificada. Algunas expresiones o grupos parlamentarios obtendrán mayoría de treinta y un votos y así reformarán la Constitución Política del Estado.
Estamos ciertos de que la mayoría de los diputados se han preparado.
Su primera tarea será legislar a favor del pueblo, sin perjudicar a algún grupo o clase social.
Muchos desean que se conduzcan con propiedad, que se expresen correctamente. No se espera que todos sean oradores, pero sí que conecten la lengua con el cerebro.
¡No queremos redentores pero sí legisladores que sean justos y prudentes!
Están obligados a conducirse con humildad, no como patrones injustos y soberbios ó como amos de horca y cuchillo.
El supremo mandato: el bien mayor de la sociedad, no el mal menor.
Ellas y ellos tendrán mandantes: los gobernadores, los partidos, los poderes fácticos, sus impulsores ó sus propios intereses.
El asunto es sencillo: cuando estos factores quieran imponerse hay que elegir el bien de la comunidad.
Si el gobernante quiere que la ley se apruebe sólo para su interés y en contra del pueblo hay que decirle: ¡no!
Habrán quienes expresen: “así lo quiere el señor”; entonces hay que negarse si se atenta contra el bien de la mayoría.
Es frecuente que los partidos ordenen a sus diputados legislar o no, sólo para salvaguardar sus intereses, esto es, para mantenerse en el poder o para obstruir al otro o para generar el caos y así mantenerse en el trono ó volver a él.
En este caso, el sentido común ordena que hay que ponerse del lado del pueblo y desobedecer al partido.
Ningún partido es eterno. Cuando se actúa contra la voluntad popular ésta los derriba. Los dirigentes obsequiosos pronto son relevados.
Los poderes fácticos no son perversos por sí mismos. Son un medio al servicio del hombre. Son creación de éste, para su bien y no para su destrucción. Sin embargo, ellos son poderosísimos y más cuando forman una triada maléfica con los gobernantes y los partidos.
¿Qué hacer? ¿Cómo tratarlos? ¿Cómo evitar que hagan daño?
¡Siempre hay forma de entendimiento de manera legal, lícita, abierta, justa y en bien de la comunidad: el diálogo, la escucha, el acuerdo!
Hay que recurrir a las enseñanzas de la historia. ¡No ocultar nada es un camino cierto!
¡Siempre será mejor actuar frente a la opinión pública!
Los impulsores: los padrinos y los intereses personales son otro de los obstáculos para el correcto desempeño de un diputado. A éste le está prohibido sobreponer al interés colectivo, el de sus padrinos o el de los intereses personales.
Los negocios personales o familiares, al amparo de los cargos públicos son contrarios a los de la gente y pronto se conocen, estallan y se vuelven contra los hechores.
No hay funcionario millonario, salvo excepciones, que no haya esquilmado al pueblo o que se haya enriquecido al amparo de la impunidad.
No se puede servir a dos amos: al pueblo y al bolsillo.
Los legisladores de un color o los de otro, sólo deben actuar en función de la gente, de los pobres, de los excluidos, de los desheredados.
Así lo prometieron durante sus campañas ¿Veremos más de lo mismo?
¿Usted estima que en verdad el poder legislativo, será autónomo, que no estará subordinado al poder ejecutivo?
¿Cree que legislarán a favor del pueblo o sólo de sus partidos?
¡Por los resultados los conoceremos. Por sus actividades serán calificados!
Estimado lector tengo dos correos electrónicos a través de los cuales recibiré sus comentarios:
alarconpuebla@yahoo.com.mx y alarconpuebla@hotmail.com