Mercadotecnia y poder
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Estamos en una época en que todo se maneja por medio de la publicidad mediática. Y se compite para ver quién tiene la mejor estrategia en mercadotecnia para posicionar su imagen y desde luego obtener mejores ganancias, ya sean electorales o económicas.
En estos días se nos han presentado a nivel mundial, eventos que confirman lo anterior. En primer lugar la beatificación de Juan Pablo II. Ocurre en un momento en que se ha reducido en forma alarmante para la iglesia católica romana, la vocación sacerdotal (en algunos seminarios preparados para atender a 2000 aspirantes, sólo se encuentran 2); ya no existen los diezmos y las primicias que sostuvieron a la organización eclesiástica en la antigüedad; las limosnas, sobre todo en Europa, han disminuido considerablemente; y la Iglesia se encuentra sumida en una ola de desprestigio por los actos de pederastia de muchos sacerdotes.
De ahí que haya sido indispensable realizar un acto que atraiga las miradas de todo el mundo y ponga una cortina de humo a lo negativo.
Karol Wojtyla, fue antes que nada un político totalmente anticomunista y conservador (combatió la Teología de la Liberación).
Durante su largo papado, más de 26 años, intervino para acabar con la Unión Soviética, derrumbar el Muro de Berlín, desaparecer el régimen de izquierda en su natal Polonia y, según lo publicado por Joaquín López Dóriga, perdiendo el control en el palacio Pontificio exclamó: “¡Ni un día más de PRI en México, ni un día!”. Así que hay que investigar cuál fue su intervención para que el PAN arribara a la Presidencia.
En cuanto a su papel como cabeza de la Iglesia Católica, poco es lo que se puede decir: fiel a la tradición no aceptó dar ninguna injerencia a las mujeres dentro de la jerarquía eclesiástica; las confinó a seguir siendo servidoras de los curas y sirvientas de las casas de sus eminencias. No quiso terminar con el celibato para proteger a los niños de los abusos sexuales de los sacerdotes, a pesar de que en Toronto, Canadá, manifestó su vergüenza y tristeza por los casos de abuso sexual en la iglesia. Tampoco dijo nada de Marcial Maciel y de otros sacerdotes sobre los que pesaban gruesos testimonios.
Y desde luego Felipe Calderón, después de su gran desprestigio y baja de popularidad, ahí va a ponerse de hinojos para ver si se le pega algo del gran carisma del beato y los mexicanos dejan de gritarle que ya están hasta la madre de su ineptitud y los norteamericanos dejen de sacarle sus trapitos al sol diciendo, entre otras cosas, que protege al cártel de Sinaloa. Por ello, entiendo, decidió violentar la Constitución y el estatus de laicidad del Estado mexicano. Ha tratado de justificar su actuación anticonstitucional diciendo en el comunicado oficial de la Presidencia de la República, que “en respuesta a una invitación diplomática, el Jefe del Ejecutivo mexicano realizará una visita oficial a la Santa Sede para asistir el primero de mayo próximo a la ceremonia de beatificación del Papa Juan Pablo II”. Trata de hacernos creer que fue como jefe de Estado a un acto oficial del estado Vaticano y que por ello no violentó la Carta Magna. Pero eso es una más de sus mentiras. En realidad Felipe Calderón fue a Roma a una misa de beatificación que concierne a la feligresía católica. Si se trataba de cumplir diplomáticamente para eso está desde 1992 (gracias a Carlos Salinas) el embajador de México ante la Santa Sede. Pero por si hubiera alguna duda va acompañado de los obispos de Chalco, Tehuacán y Morelia. Total que importa, no hay castigo, ya sucedió cuando el Tribunal Electoral determinó que violó la Constitución por su intervención en las elecciones.
El otro caso fue el matrimonio de William y Kate, en la Gran Bretaña. También la monarquía británica tenía necesidad de un acto mediático importante. Después de la muerte trágica de Lady Diana, y de las sospechas recaídas sobre la participación en este accidente de la familia real, necesitaban un acercamiento a su pueblo y una promoción ante el mundo. La pareja real, al igual que el Papa beatificado, tienen carisma, son bien parecidos, elegantes, se ríen, saludan, se ven cómodos con su papel de representantes de la juventud moderna de Inglaterra. Los dos son universitarios, viven juntos desde hace años. Trabajan. Ella no aceptó el voto de obediencia y él no quiso que le pusieran anillo por no ir de acuerdo con su personalidad, muy masculina.
A la ceremonia religiosa invitaron al plomero, al carnicero, al de la tienda, en fin a personas representantes de la comunidad en donde ella vivía. Así como a representantes de organizaciones de beneficencia con las que trabajaba la madre de William. Les salió bien la puesta en escena y millones de televidentes siguieron el cuento de hadas del señor entre el príncipe y la plebeya.
En nuestra pequeña aldea, tenemos también nuestra pareja real. Son jóvenes, bien parecidos, ricos, con una preparación adecuada, pero les falta carisma. No sonríen, ni saludan, ni se acercan a la gente que gobiernan. Se les nota distantes, a veces molestos, casi siempre incómodos y posando para la foto sin disfrutar del mandato que les dio el pueblo y que ellos buscaron.
Como un posicionamiento mediático, están las acciones de los cien días, que salvo alguna sorpresa, no han sido nada digno de comentar. Su declaración patrimonial lejos de propiciar tranquilidad, porque alguien que a los 43 años tiene un capital de 22 millones, no tendrá necesidad de acudir a la corrupción para formarse un patrimonio, generó la duda de cómo adquirió ese capital.
Lleva 12 años en el servicio público de donde no se puede ahorrar tanto (Manuel Buendía le otorgó el camote de oro a Guillermo Jiménez Morales, por haber declarado un capital de 2 millones; lo consideró el premio al niño ahorrador). Tal vez fue una herencia en vida de su padre o de su abuelo, o es un genio de las finanzas.
La otra percepción, fue de distancia y de incomprensión. Qué va a saber un joven con una gran fortuna, de las tribulaciones de un padre que tiene que pagar la alimentación de su familia, la renta, la luz, las colegiaturas de sus hijos, en fin todo lo que se requiere para sobrevivir,.
Entre los que piensan así, están todos los burócratas cesados sólo por haber colaborado con el anterior régimen, y los periodistas a los que han mandado al purgatorio, lugar al cual llegan los pecadores para que se reivindiquen, comprando indulgencias o haciendo méritos para, en vez de quemarse en el infierno por los siglos de los siglos, poder aspirar a un lugar en el cielo al lado del Ejecutivo Local.
alvarezenriqueta@hotmail.com