Mexicanos condenados a muerte en Malasia obtienen pequeña victoria legal
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Con una victoria parcial pero pequeña para su defensa, el juicio en contra de los hermanos González Villarreal –Simón, Luis y José Regino—comenzó ayer en Malasia, en donde los tres sinaloenses aparecieron por primera vez en la corte de Jalan Putra para responder a los cargos de narcotráfico de los que se les acusa y que podrían llevarles a ser condenados a muerte.
El juez encargado del caso, Mohamed Zawawi, aceptó de último minuto una petición del abogado de los González Villarreal, Kitson Foong, para analizar si las evidencias presentadas en el caso fueron “alteradas” y, por ende, es posible desechar los cargos en su contra.
“Su señoría, pedimos que se mire en el espejo y que defina si no hay riesgo de que se cometa una seria injusticia”, reclamó Foong al inicio del tenso juicio, en el que trabó una discusión de más de media hora con Zawawi en torno a la legalidad de las evidencias.
Y es que Foong aseguró que las drogas analizadas por un químico de la Real Policía de Malasia no son las mismas que fueron confiscadas en la fábrica en la que los González Villarreal fueron detenidos, el 4 de marzo de 2008. “Hay serias inconsistencias, su señoría”, dijo.
“Pero tenemos un análisis químico”, insistió el juez, afamado en Malasia por su estricta interpretación de las leyes antinarcóticos. Aun así, para beneficio de los acusados, accedió a realizar el juicio en inglés, que fue traducido para los mexicanos por una intérprete contratada por el gobierno mexicana, una malaya que, de todas las posibilidades, estudió español en Tepoztlán hace varios años.
Tras escuchar los argumentos de Foong, el juez accedió a regañadientes a aplazar la cita. “Les daré un día para sustentar esta acusación”, replicó Zawawi, quien se mostró molesto durante buena parte del proceso. Ordenó reconvenir el juicio a las primeras horas de este jueves –hacia las 10 de la noche de la Ciudad de México—para determinar si el argumento de la defensa es válido o no.
Pero en contra de los González Villarreal opera un hecho, un antecedente: hasta ahora nunca se ha desechado un juicio de esta naturaleza bajo un argumento como ese. De ser aceptado, sería la primera vez que algo así ocurriría en el sistema judicial de Malasia.
Al final del primer día de audiencias, el juez Zawawi sostuvo un encuentro privado con personal diplomático de la embajada de México en Malasia, que también por primera vez en esta etapa del proceso se hizo presente en el juzgado de Jalan Putra. No se informó del contenido de la discusión.
MILENIO pudo hablar con los detenidos. “La fiscalía quiere desechar nuestros argumentos, pero creo que nos puede ir bien”, aventuró, brevemente, José Regino. Junto a sus hermanos, ingresó esposado de las manos al juzgado, bajo escolta de guardias armados con metralletas MP5 y ante la mirada de sus hermanas, Alejandrina y Leticia y la esposa de Luis, Consuelo.
Tanto Alejandrina como Consuelo rompieron en llanto a la llegada de los tres sinaloenses, calzados con sandalias y seguidos de otros dos reos encadenados. Era la primera vez que se veían en persona, sin una pantalla de por medio, en tres años.
“¡Sean fuertes!”, reclamó Leticia.
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La realidad es que en el papel, la lista de todos los elementos que están en su contra no es larga. Es kilométrica: el idioma, errores en un sistema que no los perdona, un juez duro, una de las leyes antinarcóticos más estrictas del mundo y el hecho de que la pena de muerte por ahorcamiento se ha vuelto un remedio ampliamente popular contra el narcotráfico en Malasia.
Los tres sinaloenses llegan a su cita con el destino con una difícil encomienda: convencer al juez Zawawi, el “Juez Soga”, de su inocencia. Una tarea de por sí complicada en la que no hay espacio para el error. Fallar implica ser condenados a ir a la horca e iniciar un proceso de apelaciones con destino incierto que puede escalar hasta terminar en las manos del sultán de Terengannu y rey de Malasia, Mizan Zainal Abidin, único con poder de absolverlos y conmutar su pena a cadena perpetua si los mexicanos pierden judicialmente.
Pero el juicio que definirá el futuro de los tres hermanos arranca en medio de claros ejemplos de la aplicación de mano dura en lo que al narcotráfico se refiere en este país. Apenas el lunes pasado, dos ciudadanos indios fueron condenados a muerte por una corte en la ciudad de Sha Alam, a 25 kilómetros de Kuala Lumpur, acusados de traficar 12 kilogramos de ketamina, una droga recreativa.
La cantidad que llevó a estos dos indios –Samad Mohamad y Mukthar Shaker Aslien– a ser sentenciados a colgar del cuello es 20 veces menor a la que se decomisó a los González Villarreal, 250 kilogramos de metanfetamina.
Justo el martes, The Strait Times, uno de los periódicos más influyentes de la región, publicó un editorial que parece tener dedicatoria. “Este espíritu debe ser exorcizado sin duda ni reserva alguna”, exigió el diario en sus hojas centrales. Se refería al narcotráfico. “Las sospechas de que los carteles mexicanos pudieran estar estableciendo una base alterna de operaciones aquí son preocupantes”.
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Después de haber permanecido encarcelados en Malasia durante los últimos tres años bajo acusaciones de tráfico de drogas, José Regino, Luis y Simón González Villarreal ahora enfrentan la recta final del juicio bajo un escenario que podría serles riesgoso: si el juez desecha el argumento de la defensa sobre la violación en la cadena de custodia, tendrán que tomar el estrado.
Y a partir de ahí, rendirán su versión de los hechos ocurridos en la fábrica de Johor Bahru en la que les detuvieron agentes de la Unidad Antinarcóticos de la Real Policía de Malasia. Estarán abiertos a una interrogación por parte del fiscal Ummar Saiffudin. Cualquier inconsistencia en sus versiones podría echar abajo su defensa.
Deberán responder también a una interrogante crucial: ¿qué hacían en Malasia? Una pregunta cuya respuesta la defensa ha guardado celosamente hasta el momento.
Si las cosas salen mal para los sinaloenses, si Zawawi desecha el plan A de la defensa y se tiene que pasar al estrado, el guión que habrá de seguir la continuación del drama de este jueves se apegará a las tradiciones judiciales de Malasia, basadas en el common law británico: José Regino, Luis y Simón deberán sentarse en el banquillo central, reservado para los acusados. Estarán frente a frente con el juez Zawawi y con el público a sus espaldas. No habrá jurado.
Uno por uno, serán llamados al estrado. Ahí, deberán prestar juramento y después rendirán su testimonio. En un proceso muy similar al que puede observarse en los juicios de Estados Unidos, durante su testimonio serán cuestionados directamente por Saiffudin, que buscará echar por tierra sus argumentos, ya sea atrapándoles en contradicciones, presentando testigos o dando a conocer evidencias que desacrediten sus dichos.
Pero que eso pase depende de qué diga Zawawi este jueves. De una apuesta arriesgada que busca ante todo evitar el estrado y cerrar el juicio de una vez. Foong pronostica que, si el juez desecha las evidencias, sólo quedaría un recurso: “tendría que liberarlos de forma inmediata”.
Frente a la historia, a los González Villarreal sólo queda cruzar los dedos para que su caso sea la excepción, no la norma.