Moreno Valle y arzobispo Sánchez Espinosa, una difícil relación
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La importancia de este día para el mundo católico de Puebla no solamente será por la ordenación de dos nuevos obispos auxiliares, sino porque por primera vez el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas y el arzobispo Víctor Sánchez Espinosa mostrarán públicamente una nueva relación de cordialidad y acercamiento, que deja atrás la etapa de rispidez entre ambos, como producto de que el mandatario veía al prelado como un religioso vinculado al PRI y al grupo político del ex jefe del Poder Ejecutivo, Mario Marín Torres.
Para que se pudieran dar un par de encuentros directos entre ambos personajes, luego de que hubo una reunión privada hace dos semanas, tuvo que transcurrir un largo cabildeo entre Eugenio Lira Rugarcía –quien es el vocero del arzobispado y a partir de hoy será prelado auxiliar– y miembros de la Secretaría General de Gobierno, para aclarar tres incidentes que habían generado la visión en el gobierno estatal de que Sánchez Espinosa era un religioso vinculado al PRI.
Esos tres incidentes eran: la versión de que en 2010 Víctor Sánchez Espinosa pidió a Mario Marín que convirtiera en diputado local a su primo David Espinosa Rodríguez y que el entonces mandatario le cumplió, razón por la cual actualmente el pariente del arzobispo es legislador por el distrito de Chiuatla de Tapia.
Que en marzo de 2009 operadores priistas de Puebla, en particular de la Secretaría de Desarrollo Social, habían viajado a Axochiapan, Morelos, a ayudar a Francisco Sánchez Espinosa a ganar el proceso interno del tricolor para convertirse en candidato a edil de ese municipio. Resulta que ese priista –que por cierto no alcanzó la nominación– es hermano del arzobispo de Puebla.
Y el tercer incidente, y que era el más sentido en el equipo cercano a Moreno Valle, es la existencia de dos fotografías en las que aparece el arzobispo y Javier López Zavala, el ex candidato del PRI a la gubernatura.
En particular había una fotografía en la que se ve a López Zavala con un cirio en la mano y una virgen de Guadalupe en el fondo, la que había causado más disgusto entre la gente cercana a Moreno Valle, sobre todo por el uso electoral que el PRI le dio a esa imagen.
Esos tres incidentes detonaron la desconfianza del círculo cercano de Moreno Valle hacia el arzobispo. Y esa condición se hizo notoria el 1 de febrero de este año, cuando en su toma de protesta como gobernador de Puebla, el actual jefe del Poder Ejecutivo omitió mencionar a Víctor Sánchez Espinosa como uno de los principales invitados al evento.
Tal parece que esa misma circunstancia propició que en un par de ocasiones el arzobispo cuestionara la aparición y el trato que había en retenes militares instalados en carreteras poblanas, los cuales se colocaron por solicitud del titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Ardelio Vargas Fosado.
Parecía que esa mala relación entre Sánchez Espinosa y Moreno Valle podía estar construyendo un enfrentamiento entre el clero católico y el gobierno del estado.
Sin embargo, en ese escenario apareció Eugenio Lira Rugarcía, hombre de todas las confianzas del anterior arzobispo Rosendo Huesca y Pacheco, y que ahora se ha vuelto a colocar como uno de los principales operadores del clero católico, consiguió un paulatino acercamiento, primero con el especialista de temas religiosos de la Secretaría General de Gobierno, y luego con el titular de esa dependencia, Fernando Manzanilla, para aclarar los tres incidentes antes mencionados.
Como parte de ese diálogo, se sostuvo que el arzobispo nunca hizo una petición a Mario Marín de convertir a su primo en diputado. Esa habría sido una versión que inventó David Espinosa para intentar intimidar a los priista que le disputaban la postulación de aspirante a legislador por el distrito de Chiuatla de Tapia.
Y que fue Javier López Zavala quien se entrometió de manera unilateral en el proceso interno del PRI en Axochiapan, Morelos; y el ex candidato priista buscó salir retratado con el arzobispo para aparentar que contaba con el apoyo de la jerarquía católica, pero en realidad no había ninguna vinculación del prelado con el ex secretario de Desarrollo Social.
Más allá de que sean ciertas o falsas esas excusas, en el gobierno del estado se ha ido disipando los resquemores hacia Víctor Sánchez Espinosa y ahora la relación con el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas se puede calificar de “muy buena”, definía ayer un importante operador del Poder Ejecutivo, sin que todavía se pueda catalogar de “excelente”.
Esa nueva condición se mostró cuando Víctor Sánchez Espinosa fue a invitar a Moreno Valle a la ordenación de los dos nuevos obispos auxiliares, Eugenio Lira y Dagoberto Sosa Arriaga.
Ahora, este día, no solamente el gobernador y el arzobispo se mostrarán públicamente cordiales, sino que la administración pública ha ayudado con la logística del acto que congregará a miles de católicos, así como jerarcas de ese culto. Por si fuera poco, el jefe del Poder Ejecutivo acudirá a la comida que se ofrece por dicha celebración.
Más allá de las negociaciones entre Lira y los enviados de la Secretaría General de Gobierno, queda claro que la disposición de Moreno Valle de eliminar la rispidez que tenía con Víctor Sánchez Espinosa es resultado de que el prelado tiene un liderazgo que no tienen otro actor social, político o religioso en Puebla, que le permite al arzobispo tener un contacto permanente con los 194 presidentes municipales que hay en la arquidiócesis poblana.
Para los católicos liberales o los ateos –entre los que se incluye este tecleador– se considera más sana una relación de distanciamiento entre la jerarquía católica y el gobierno, pues eso permite que no haya una combinación de intereses y que cada quien se desenvuelva en su ámbito.
La asistencia de gobernantes a un acto de la iglesia católica no solamente vulnera el Estado laico, sino atenta contra las libertades religiosas y genera una peligrosa relación que apunta a la construcción de un Estado clerical. Pero eso será tema de otra reflexión.