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Moreno Valle y Eduardo Rivera fuman la pipa de la paz

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STAFF PUEBLA ON LINE 2009 5 de septiembre de 2011

Dado el revuelo mediático que provocaron los desencuentros verbales (y no verbales) que sostuvieron la semana pasada, Rafael Moreno Valle y Eduardo Rivera acordaron retomar la senda de la amistad y las buenas relaciones políticas para acallar las críticas que ellos mismos generaron.

Al término de la comida de la unidad a la que convocó Moreno Valle el viernes en las Bodegas del Molino, en la que participaron cerca de 70 integrantes del renovado Consejo Estatal del PAN, el gobernador y el presidente municipal de Puebla abordaron la camioneta del primero para dirigirse con rumbo a Casa Puebla.

Una vez instalados en la residencia oficial del mandatario, ambos gobernantes conversaron acerca de algunos temas de interés común.

Uno de ellos, obligado, el de la primera sesión del consejo blanquiazul que se realizaría al día siguiente.

Y otro, más obligado todavía, el de las diferencias evidenciadas a partir de la separación de los policías estatales de los municipales, y del debate discursivo en torno a las “grandes obras” y las “obras pequeñas” que se dio domingo y martes, con Moreno Valle y Rivera como protagonistas, en las juntas auxiliares de la capital.

Los dos políticos prefirieron definir como “malos entendidos” los desencuentros de la semana que terminaba, reiteraron su disposición para trabajar coordinados por el desarrollo de la ciudad de Puebla y se despidieron con el compromiso de establecer una agenda de actividades en común para los próximos días.

Esto no lo expresaron ellos, pero no resulta difícil imaginar que esa agenda de actividades en común tendrá como objetivo mostrarle a los poblanos, pero principalmente a la clase gobernante, que entre ellos no ha habido ni hay problema alguno, y que todas esas historias que se han escrito alrededor de una (mala) relación han sido producto de mentes perversas, interesadas en verlos distanciados y hasta peleados.

Por supuesto que las fricciones fueron reales.

Que a ellas se sumaran después personajes deseosos de hacerlas más grandes, y trascendentes, es otra cosa.

Lo importante por ahora es que no pasó ni una semana para que Moreno Valle llamara a Rivera y lo conminara a marchar de manera pacífica a su lado.

Eso es lo que mostrarán en los días por venir.

Así que no descarte ver juntos nuevamente al gobernador y al presidente municipal en una que otra inauguración de obras y en el arranque de otras más.

Ya lo dijo Moreno Valle en una entrevista realizada por este reportero en mayo, a propósito de los primeros 100 días de gobierno:

“Lalo es mi amigo en lo personal y además es presidente municipal de la capital del estado, y yo entiendo que para que él tenga éxito yo tengo que tener éxito y viceversa, es decir, no puedes pensar en un gobierno que trascienda, en un gobierno que transforme, si no transformas la capital del estado.”

 

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Algunas versiones dieron por hecho que Juan Carlos Mondragón había acompañado al gobernador y al edil en la camioneta a su salida de las Bodegas del Molino.

Eso no fue así.

El presidente del Comité Directivo Estatal del PAN no iba a bordo del vehículo en el que viajaban Moreno Valle y Rivera, y que los trasladó a la casona de Los Fuertes.

Mondragón abandonó el restaurante, propiedad del secretario de Turismo Ángel Trauwitz Echeguren, media hora después.

Y lo hizo por su cuenta.

 

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Juan Carlos Mondragón no mintió cuando expresó el sábado que se cancelaba la sesión del Consejo Político debido a la falta de acuerdos para nombrar a los integrantes de las nuevas comisiones, entre ellas la de Vigilancia y la de Orden.

Lo que ya no expuso el dirigente del PAN, pero que sí revelaron otros panistas, es que fueron los alfiles del morenovallismo quienes pidieron una tregua para elegir a esos comisionados en otra ocasión.

De haberse llevado a cabo la sesión como estaba prevista, habrían sido los panistas tradicionales, los de cepa pues, quienes se habrían quedado con las mejores posiciones dada la situación de debilidad anímica y moral en que se encontraban personajes como Ángel Alonso Díaz Caneja y Roberto Grajales.

Mondragón contuvo el deseo de imponerse sobre sus oponentes y aceptó, junto con otros miembros del partido, la solicitud.

La idea era no fracturar la unidad por la que había pugnado el gobernador un día antes.

 

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No fueron cuatro sino 15 los poblanos que el martes fueron integrados a la lista de consejeros propietarios que formarán parte del Consejo Político Nacional del PRI.

El pasado martes, la Comisión Nacional de Procesos Internos del Comité Ejecutivo Nacional de ese partido aprobó los nombres propuestos desde Puebla por Juan Carlos Lastiri, dirigente estatal.

La selección corresponde a un segundo grupo de consejeros emanados de las entidades donde no hay gobernador priista, como es el caso de Puebla.

Vea los nombres, seguro reconocerá a varios de ellos:

Mario Marín Torres,

Lucero Saldaña Pérez,

José Alarcón Hernández,

Blanca Alcalá Ruiz,

Adela Cerezo Bautista,

Jaime Alcántara Silva,

Héctor Jiménez y Meneses,

Javier López Zavala,

Enrique Doger Guerrero,

Germán Sierra Sánchez,

Ana Isabel Allende Cano,

Ericka Alatorre Abundis,

Guadalupe Pérez Pazos,

Jessica Luengas Rivera y

Carlos Villalbazo Giorgana.

Los señores (y señoras) que usted ve en esta lista tendrán a su cargo, junto con otros mil 483 consejeros, la definición de la estrategia electoral del próximo año y del candidato a la Presidencia.

Pero no serán los únicos poblanos, faltan los que emanen del Senado, de la Cámara de Diputados y del Congreso local, donde hay priistas y de donde también salen consejeros.

 

 

Staff Puebla On Line 2009
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