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Murió el poeta Tomás Segovia

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STAFF PUEBLA ON LINE 2009 8 de noviembre de 2011

Tomás Segovia (Valencia,1927-Distrito Federal, 2011) fue un hombre que abrazó la vida, y entonces la vida le dijo cosas. Las guardaba en la cabeza y cuando llegaba a algún café, las escribía.

“Era un poeta de café. En casa sólo escribía ensayos y alimentaba su blog, porque no era un hombre del siglo pasado, sabía que el internet llegaba a la gente y estaba en ello”, dijo su viuda María Luisa Capella, quien recuerda como sus cafés favoritos el Moheli, en Coyoacán, y el Comercial, en Madrid.

El autor de La luz provisional y Sonetos votivos falleció ayer a las 15:00 horas a causa de un cáncer.

Sus hijos Inés, Rafael, Francisco y Ana y su yerno Carlos estaban con él.

En la última entrada de su blog, un poema inédito de 56 líneas, Segovia escribió: “Tendría que aceptar que me reprochen/ Si es que puede nacer ese reproche/ Que siempre haya esperado mucho más que buscado/ El amor la alegría la dicha el cumplimiento / Que nunca haya buscado aunque lo haya esperado / Pertenecer a nada / Que haya alterado yo tan poco el orden / A pesar de haber sido tan poco resignado”.

En los últimos tiempos, las preocupaciones del poeta, dramaturgo, ensayista y traductor, que realizó su última aparición pública en octubre en San Luis Potosí, estaban enfocadas a los movimientos ciudadanos contra la injusticia, la violencia y las políticas financieras, entre ellos el de “los indignados” en España.

“Vivía abrazado a la vida, por eso le preocupaba lo que pasaba en todo el mundo. Pensaba que tendría que haber un concierto de indignados. Participó en manifestaciones públicas, entre ellas, a la que Javier Sicilia hizo en el Zócalo. Tuvo que ir en silla de ruedas”, cuenta Capella.

Nunca utilizó su poesía como un arma, aseguró su viuda. Sentía que era necesario participar, no darle la espalda a la vida. Fue uno de los intelectuales que en 2006 pidieron un recuento en México del voto por voto.

“No era de estos poetas retirados del mundo que pedía silencio para que el genio trabajara. Salía a la calle a enfrentarse con la vida, a sentir el aire, a observar los árboles, los niños, las nubes, el cielo. La vida le decía cosas”, narra.

El autor, mencionan las escritoras Margo Glantz y Sandra Lorenzano, transitó y tendió puentes de palabras entre España y México.

Segovia, quien salió de su país natal durante la Guerra Civil, jamás se decía a sí mismo “exiliado”, subraya el escritor José de la Colina, quien recuerda que en sus poemas eligió la imagen del nómada.

Era como un renacentista, inventor, constructor, describe la narradora Carmen Boullosa.

“Algún día me dio una maqueta para una máquina de coser libros. Levantó su casa de Tepoztlán con sus propias manos. Lo atraían las ciencias y las artes con igual intensidad”.

Para el crítico Christopher Domínguez Michael, fue un poeta que se ocupó no sólo del contenido de la poesía, sino de la métrica, de cómo estaba construida internamente.

“Le reprochaba a los poetas contemporáneos no tomar en cuenta este aspecto. Fue uno de los grandes conocedores de la naturaleza esencial de la poesía”, indicó.

Su poesía no tenía adornos inútiles ni poses sublimes, aclara De la Colina. Era de una profunda musicalidad, dice el lingüista Luis Fernando Lara.

“Fue un amador de la vida y de la naturaleza, un admirador profundo de la feminidad. Nadie como él pensaba en las mujeres. Su poesía lo enseñaba a uno pensar, sus poemas se mueven como el agua transparente”, dice.

La última vez que el premio Xavier Villaurrutia 1973 salió del País fue en marzo pasado a Francia. No era afecto a los encuentros públicos, pero en esa ocasión recibió el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Paris 8.

“No le interesaban porque para él esas eran cosas efímeras y él era un hombre muy profundo”, describe su deuda, quien detalla que sus últimas publicaciones fueron Estuario en marzo y El tiempo en los brazos, un cuaderno de notas.

EL ÚLTIMO PREMIO RULFO

Durante una mañana de agosto del 2005, en la tradicional rueda de prensa para dar a conocer el fallo en donde Segovia se alzaba como vencedor de este reconocimiento otorgado por la FIL, comenzó la polémica que luego desterró al galardón de su nombre y apellido.

“Siempre he pensado que él (Juan Rulfo) es un tipo de escritor muy peculiar, creo que es el tipo de escritor que tiene el puro don, es decir, es un escritor misterioso, nadie sabe por qué Rulfo tenía ese talento, porque en otros escritores uno puede rastrear el trabajo, la cultura, las influencias, incluso la biografía, pero Rulfo es un puro milagro, nadie sabe por qué tiene ese talento, fueron las palabras de Segovia, durante su encuentro telefónico con los medios.

La familia de Rulfo manifestó su enojo por las palabras del autor y emprendió un largo viaje jurídico, por los derechos de uso del nombre y para que la Feria Internacional del Libro dejara de asociar el galardón al escritor jalisciense.

Dulce María Zúñiga, coordinadora del ahora llamado Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, recuerda el evento como desafortunado, porque se malinterpretaron las palabras de Segovia.

 

Staff Puebla On Line 2009
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