Nueva farsa se cocina en Haití
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Hoy justo se cumple un año del terremoto en Haití que dejó cientos de muertos y miles de heridos y damnificados, quienes por cierto siguen estándolo. Esta tragedia que conmovió al mundo estuvo plagada de declaraciones de apoyo de los grandes líderes políticos de la comunidad internacional, quienes anunciaron la donación de enormes cantidades de dinero para su reconstrucción, recursos que pararon en las manos de Naciones Unidas y que solo han servido para pagar la gran burocracia de dicho organismo asentado en tan vapuleado país.
En lo personal, y sin conocer físicamente la isla, me siento comprometida con ella por el simple y sencillo hecho de que una persona que fue parte importante de mi vida, dejó la suya en esa tierra, y que pese a lo mucho que dio e hizo, murió sin siquiera ver iniciado el proceso de reconstrucción política, social y económica por la que tanto luchó, y más triste aún es saber que por cuestiones de política internacional ello no será posible en mucho, mucho, mucho tiempo.
Francamente, bajo esa contingencia es que conocí de la inutilidad de la Organización de las Naciones Unidas y de su carencia absoluta de rostro humano. En ese entonces cuestioné su trabajo y compromiso social. Hoy, después de 365 días, he confirmado que solo representan intereses y responden a ellos, de modo que el pueblo haitiano habrá de seguir esperando por la ayuda prometida, porque hasta este día los únicos beneficiados han sido los miles de trabajadores de dicho organismo que, por servir de tapaderas, devengan un sueldo proveniente de la ayuda internacional destinada “en palabras” a su pueblo.
Y por si todo lo anterior fuera poco, este país se encuentra sujeto a una nueva farsa montada por las mismas Naciones Unidas, quienes ahora bajo la bandera de defensores y propulsores de la democracia se han dado a la tarea de organizar nuevas elecciones para renovar la Presidencia y el Congreso de ese país. Tras una primera vuelta desastrosa que justo fue planificada para llevarse a cabo en medio de una terrible epidemia de cólera que cobró la vida de más de 2000 haitianos -sobre la que, por cierto, nada se hizo para controlarla y/o detenerla-, y que estuvo plagada de acusaciones sobre irregularidades y fraude, se prepara una segunda vuelta entre dos candidatos: Michel Martelly, apoyado por los intereses internacionales y cuyo mayor mérito es el de ser cantante y, por tanto, con una alta tendencia a convertirse en títere de los mismos; y Mirlande Manigat, una mujer con prestigio, credibilidad y autoridad moral que, pese a ser la más calificada para el cargo, no será electa bajo el mandato de los organizadore
s de esos comicios. De hecho, muchos expertos consideran que ella ganó en la primera vuelta de forma contundente y que de no haber habido manipulación en la votación no se hubiese llegado a la segunda.
Tristísimo ver como se juega con el futuro de un país entero, de una nación ávida de esperanza, de un pueblo noble que ha sido capaz de aguantar tanto abuso, desprecio y utilización por parte de una comunidad internacional que desde hace décadas se vanagloria autonombrándose defensora de los derechos humanos, promotora de la democracia y garante de dios sepa cuanta causa noble más, cuando en realidad no son más que una bola de burócratas al servicio de ciertos gobiernos y más que eso, de ciertos intereses.
Nuevamente agradezco a todos quienes nos han acompañado solidaria y permanentemente a lo largo de esta dolorosa experiencia. A todos Ustedes muchísimas gracias.