Pablo Montiel y Mario Rincón demostraron su verdadero tamaño
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Más allá de que las nuevas autoridades municipales festinen el hecho de que tendrán nuevamente ediles auxiliares cómodos, las elecciones del pasado domingo ubicaron en su justa dimensión a personajes que en el papel prometieron mucho pero que en la realidad sirven para muy poco.
El tema hay que verlo mucho más allá de la disputa PRI-PAN o Moreno Valle-Marín.
La cancelación del proceso en más del 13% del total de estas demarcaciones y los enfrentamientos producto de monumentales irregularidades en muchas de las restantes, nos enseña problemas de fondo en el amarre y conciliación con los grupos políticos que participaron en la elección.
No se pudo o no se quiso operar.
Lo anterior resulta más que evidente en Puebla capital.
El encargado de la dirección de gobernación municipal, Pablo Montiel, se vio de plano muy menor ante el reto de llevar a buen puerto la elección.
Se volvió ciego o sordo y no quiso ver los focos rojos ni oír las señales de alarma que le indicaban que el proceso podía salirse de control.
No se puede decir sorprendido del desenlace cuando minimizó la importancia de estudiar a fondo la realidad de las juntas auxiliares del municipio; cabildear con los grupos, sentarse con ellos y a partir de ahí, darle forma a un diagnóstico de riesgos potenciales que le permitiera entregarle buenas cuentas al edil.
Nada de lo anterior lo echó a andar, en parte por su obsesión de hacer ganar a como diera lugar a personajes cómodos al PAN, que en los hechos se convertirán en incondicionales del gobierno de Rivera Pérez.
A nivel estatal, la realidad no fue diferente.
Si bien la responsabilidad legal de organizar y calificar la elección es de los gobiernos municipales, al tratarse de un asunto que potencialmente podría poner en riesgo la gobernabilidad del estado, las elecciones en juntas auxiliares históricamente han sido motivo de operación política por parte del gobierno estatal.
Quien recibió la encomienda de descender a los sótanos de la “real politik” para amarrar grupos y evitar conflictos fue ni más ni menos que el priista Mario Rincón, hoy flamante Subsecretario de Participación Ciudadana de la Secretaría General de Gobierno.
Sus buenos oficios tuvieron como resultado la cancelación de los comicios en 86 juntas auxiliares a lo largo y ancho del territorio poblano y mucho más dudas que certezas en la transparencia y legalidad del desarrollo de los plebiscitos en donde se dieron las condiciones para llevarlos a cabo.
Más allá de lo anterior, los hechos del domingo nuevamente ponen sobre la mesa el eterno debate de modificar el status legal de las juntas auxiliares, en aras no sólo de mejorar los procesos de selección de sus autoridades, sino de que por fin sean copartícipes del desarrollo municipal.
En el ámbito político urge legislar para abrir la participación abierta de partidos y candidatos, asignar partidas presupuestales que regulen el gasto en las campañas y que sean sujetas a fiscalización y por supuesto, atribuir facultades al órgano electoral para que sea este y no la autoridad municipal quien se encargue de la organización y la calificación de las elecciones.
Todos los directamente involucrados parecen estar de acuerdo, pero sólo en el discurso.
Pocos, muy pocos, realizan acciones concretas para lograrlo.
¿Hasta cuándo?