Periodistas poblanos fueron al Congreso sin estrategia y como “chamacos regañados”
joomla.2009
Qué flojera tan brutal hablar de la twitteada #rafamordaza.
O mejor dicho, hablar largo y tendido de la ley para despenalizar la difamación y la calumnia.
Y digo que qué flojera no porque el tema no sea por sí solo interesante, ni debería dejar de ser objeto de interés público general. Me explico. Sostengo que la mejor ley de prensa es la que no existe, y que legislarla –sobre todo ante tanta ambigüedad de términos y condiciones– nos acerca más a un régimen dictatorial que a uno de libertades (algo así ocurre en Venezuela); pero en este caso, al parecer la lucha está perdida y los medios habremos sido los grandes derrotados ante una bien trazada estrategia del gobierno actual.
Paso a paso. Digo que esta estrategia para aprobar la ley fue bien trazada por el gobierno, dados los 4 siguientes puntos.
1. A poca, muy poca gente de la sociedad en general podría interesarle el tema. Es más, el nombre de la ley está tan bien planteado, que a quien se le preguntara si cree necesario que se despenalice difamar y calumniar, no sabría a ciencia cierta qué responder, por una razón: no es algo que ataña a su vida diaria. El ciudadano común está preocupado por comer y trabajar. Nada más.
2. Sirvió para identificar grupos “opuestos” a las políticas del sexenio. Y es que al parecer, la medida actual (lo dice una ley donde destipificar significa multar con hasta un millón de pesos a quienes se atrevan a herir sentimientos) será aprobada tal vez hoy o en pocas semanas, y quienes firmaron un desplegado aparecido ayer son en su mayoría los grandes damnificados del sexenio: los medios impresos (dueños y reporteros), ésos en los que se ha hecho correr la voz de que no se depositará un solo peso de publicidad, por dedicarla sólo a los medios electrónicos. Ayer no hubo ninguna televisora –el verdadero medio creador de opiniones públicas en este mundo lleno de Homo videns– en el Congreso para cubrir la reunión de reporteros con diputados para discutir el tema.
3. Evidenció que entre reporteros, si bien hay unión, falta estrategia. Llegamos al Congreso como chamacos regañados y con más buenas intenciones que argumentos. Cero presentaciones profesionales, cero argumentos jurídicos, mucho sentimiento. Y no, no es culpa de los medios quejosos, es más bien estrategia de un Gobierno-Congreso que convocó “en fa” para evitar mayor organización.
4. Mostró que las nuevas tecnologías son punto de especial atención para el gobierno. Tan pronto apareció el hashtag contra la ley, un ejército cibernético –dicen que operado desde el Instituto Poblano de la Juventud– se movilizó para atacar de manera ruin a aquellos columnistas que hablaran del tema. ¿El objeto? Desacreditar su opinión y saturar el tema bajándolo de nivel, a fin de que la atención general se disperse por considerarlo confrontativo.
En resumen: desde mi opinión personal no hay que hacer más olas por parte de los medios, si es que no existe una estrategia seria desde donde en verdad podamos luchar al tú por tú para defender nuestros derechos. Por otro, ni hablar, aquí nos tocó vivir y si el actual gobierno tiene tanta prisa por esa ley, descubriremos muy pronto las razones. En tanto, que quede el beneficio de la duda hacia el gobierno entrante y el cuidado absoluto para ejercer la profesión ante tal desamparo (hay que aceptar que hace falta profesionalizarnos más), pues pagar un millón de pesos por “dañar los sentimientos” de un político que tal vez se robó todo el dinero del erario o lucró con su puesto como casi no pasa en este México, es sin duda una exageración.