Poblanos se divierten en un pequeño oasis
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Suena una alarma. La gente se emociona. El agua se empieza a mover y los bañistas por un momento se sienten en el mar…
Suena una alarma. La gente se emociona. El agua se empieza a mover y los bañistas por un momento se sienten en el mar, mientras las olas artificiales de la alberca los refresca.
Empezando la semana santa, varias familias poblanas acuden al balneario Agua Azul, para pasar un rato de diversión y buscando un pequeño escape de las altas temperaturas que desde hace varias semanas se registran.
“¿80 pesos adultos?” dice un hijo a su madre llegando al balneario, “pues sí, ya ni modos” dice la señora, mientras voltea a ver a su marido, quien respira resignado. Pagar la cuota es el calvario de los jefes de familia, con tal de pasar un rato a gusto y olvidarse un poco de las presiones laborales.
Dependiendo de las edades y gustos, los visitantes se dirigen a las diferentes partes del parque acuático.
Los más pequeños corren a las albercas con resbaladillas, los columpios y los hongos que chorrean agua.
Algunos papás vigilan desde los camastros a los pequeños, otros se divierten con ellos en el agua. Otros, los más resignados, encienden el carbón para poner a asar carne.
En la alberca de mayor profundidad están jóvenes de entre 18 y 27 años, jugando voleibol, nadando o simplemente tomándose unas cervezas, todo lo necesario para mitigar el calor.
Mientras estas familias se divierten en el agua, a las afueras del balneario, una señora acompañada de su hija y su nieta, esperan en la banqueta a los bañistas, para ofrecerles salvavidas o varios tipos de inflables para acompañar su diversión acuática. De una u otra manera, este lugar une a las familias, por esparcimiento o trabajo.