Puebla de mis rumores
joomla.2009
En Puebla, ciudad de los rumores, hay un nuevo impulso a esta “tecnología” que data de hace cuatro siglos. Claro, ahora tan modernizada que sus efectos superan a los de las redes sociales. De ahí que a partir de hoy el que esto escribe la denomine “la red opaca” ya que es eso, una red poco visible saturada de datos y comentarios tan turbios como sus orígenes.
A doce días de la toma de posesión del actual gobierno, en las calles, cafés, casonas y edificios públicos se escucha un susurro de voces y quejas que, quizá por los nuevos tiempos que vivimos, nunca antes habían surgido al inicio de una administración gubernamental. Veamos algunos:
Los sueldos de muchos funcionarios importados para dar al gabinetazo un digamos que performance-retro, ya forman parte del bagaje de quejas que carga la ex burocracia dorada. Entre otros chismes se comenta a sotto voce que los nuevos servidores públicos dejaron su chamba en el DF porque acá ganarán mucho más. De ahí la necesidad de fusionar las Secretarías para, con los ahorros, sufragar las nuevas y exclusivas “prestaciones”.
Lo anterior nos lleva a otro de los rumores, en este caso ruidosos: varias de esas adquisiciones llegaron a Puebla con la espada desenvainada para hacer negocios; es decir, dispuestos a resolver sus problemas económicos (si los tienen) o a preparar su retiro y oxigenar sus proyectos personales de largo aliento.
El tercer comadreo se refiere al plus que el gobierno otorga a sus adquisiciones humanas: casa en los mejores barrios, autos blindados, seguridad garantizada, apoyo de colegiaturas, pago de menaje de casa y una especie da capacitación para que aprendan las peculiaridades poblanas, mismas que rebasan con mucho a los camotes y dulces típicos.
El nepotismo coyuntural forma parte de la otra hablilla, ésta con la característica de aquellas mechas cuya lumbre hace estallar una bomba molotov. Por ejemplo: que la cuenta pública de uno de los nuevos secretarios será revisada por su esposa, la nueva titular de la Contraloría.
No podía faltar la crítica tendenciosa a los apuros por cumplir promesas como la dotación de tractores, que no lo son en el estricto sentido del término (los campesinos se quejaron diciendo que parecen motocicletas y que mejor les hubieran dado un par de mulas). A esto agregan que el proveedor de esos motores con arado se está cobrando algunos favores.
Esta es la primera dotación de rumores cuya tecnología tiene la patente otorgada hace más de cuatrocientos años, cuando los poblanos de aquellos entonces le ganaron a la Corona el juicio que sentó el precedente de autonomía, la poblana, para, entre otras cosas, ejercer su sagrado derecho de ser barrocos y cabrones. Si vivieran, de ello podrían hablar varios de los gobernadores que arribaron a Puebla con el sello del desarraigo. O algunos alcaldes que tuvieron que dejar el cargo debido precisamente a rumores maliciosos, como aquel que llevó a la cárcel a De Velasco o propició un juicio por homicidio a un gobernador de apellido Sánchez.
¿Qué tendría que hacer el gobernador Moreno Valle Rosas?
Pues adelantar su ánimo de transparencia para de una vez por todas poner freno a la rumorología. Y hacerlo partiendo de entender la sensibilidad de los poblanos que por su influencia empresarial o social, son considerados como factores de opinión. No me refiero a la prensa, que conste, sector que obliga a otra reflexión una vez que se aclare la política de comunicación del gobierno estatal.
El título de esta entrega fue tomado del libro de Gastón García Cantú, quien de vivir estaría diciéndole a los nuevos funcionarios: ¡estudien la historia de Puebla!
acmanjarrez@hotmail.com