San Pedro Canisio
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una lección para todos.
Para Dictadores y Explotadores,
para súbditos y ciudadanos.
¡Siempre, la Nación sufre!”
E.T.E.
Hoy quiero referirme a la vida de un hombre que con su ejemplo nos puede orientar en estos tiempos oscuros; una persona que renovó y preservó la esperanza en Dios, en esos años aciagos.
San Pedro Canisio emprendió una tarea colosal en Viena, en donde muchas parroquias carecían de atención espiritual, los monasterios estaban abandonados, los pobladores se burlaban de los frailes de las órdenes religiosas, la población había perdido la fe y los pocos católicos que quedaban, practicaban apenas el culto católico.
Canisio empezó por predicar en iglesias casi vacías, y poco a poco, fue ganándose el cariño del pueblo por la generosidad con la que atendió a los enfermos durante una epidemia. La energía y espíritu de empresa de Pedro eran extraordinarios, se ocupaba de todo y de todos, de la enseñanza en la universidad y de visitar a los criminales abandonados en las cárceles.
Hombres como él son necesarios, el mundo actual necesita la guía del “Martillo de los herejes” como era apodado, por la claridad y elocuencia con que criticaba las posiciones de los protestantes.
En la lucha por defender a la Iglesia católica , Pedro aconsejaba: “No hieran, no humillen, pero defiendan la religión con toda su alma.”
¿Quién sería capaz de repartir una cuantiosa riqueza heredada por sus padres, entre los pobres y para obras sociales?
Pedro fue un gran predicador, fue el creador de la prensa católica y el primero del númeroso ejército de escritores jesuitas.
Poseía un carácter de lucha, era amigo de las polémicas y las discusiones, aptitudes que le serían muy útiles durante toda su vida. Siempre fue muy caritativo y amable con las personas que le discutían.
Nació en Nimega, Ducado de Güeldres, Holanda, que en aquel entonces pertenecía a la Diócesis de Colonia, el 8 de mayo de 1521. Su nombre original es Pieter Kanijs.
Era el hijo mayor de Jakob Kanijs, nueve veces alcalde de Nimega.
Aunque Pedro tuvo la desgracia de perder a su madre cuando era todavía pequeño, su madrastra fue para él una segunda madre. El joven creció en el temor de Dios.
A los diecinueve años obtuvo el grado de Maestro en Artes, en Colonia.
Para complacer a su padre inició sus estudios de Derecho Canónico pero abandonó la carrera para estudiar Teología, influenciado por el jesuita Pedro Fabro. En Colonia realiza los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, dedicándose a la oración, al estudio, a visitar a los enfermos y a instruir a los ignorantes, tras prometer a Dios entrar a la Compañía de Jesús.
San Pedro Canisio fue el segundo apóstol en llevar la fe católica a Alemania, después de San Bonifacio.
Canisio tenía la cualidad de resumir las enseñanzas de los grandes teólogos y presentarlas de manera sencilla para el pueblo; así logró redactar dos catecismos, uno resumido y otro explicado, ambos traducidos a 24 idiomas, con 200 ediciones.
Tuvo bajo su orden muchas labores de apostolado, recorrió a pie y a caballo diez mil kilómetros entre Alemania, Austria, Holanda e Italia, predicando, enseñando catecismo, propagando buenos libros y defendiendo la religión.
Parecía incansable, y a quien le recomendaba descansar le respondía: “Quien tenga demasiado qué hacer será capaz de hacerlo todo con la ayuda de Dios”, otras veces decía: “Descansaremos en el cielo”
Fundó el Colegio Jesuita de Praga. Pedro consideraba que un buen libro podía hacer mayor bien que un sermón.
En 1559, a instancias del rey Fernando VII, fue a residir a Augsburgo durante seis años. Ahí reavivó una vez más la llama de la fe, alentando a los fieles, tendiendo la mano a los caídos y convirtiendo a muchos herejes.
Pedro fundó una Asociación de Escritores Católicos. Además recopiló y editó una selección de “Las cartas de San Jerónimo”, un “Manual de los Católicos”, un martirologio y una revisión del “Breviario de Augsburgo”.
Al fin de su provincialato, San Pedro residió en Dilinga de Baviera, donde los jesuitas tenían un colegio y dirigían la universidad. Pedro se dedicó sobre todo a la enseñanza, a oír confesiones y a escribir los primeros libros de una colección de la Historia del Cristianismo por orden de sus superiores. Canisio continuó su obra mientras desempeñaba el cargo de capellán de la corte en Innsbruck y sólo la interrumpió en 1577, a causa de su mala salud.
En 1580, se le ordenó ir a Friburgo, Suiza, allí fundó un colegio católico, que actualmente es la Universidad de Friburgo. En pocos años San Pedro Canisio venció obstáculos y consiguió dinero, eligió el sitio y supervisó la erección de ese espléndido colegio católico.
Se puede afirmar que a San Pedro Canisio se debe el que Friburgo haya conservado la fe en una época tan crítica.
Ya en las postrimerías de su vida y casi paralizado, seguía escribiendo, con la ayuda de un secretario, libros religiosos para el pueblo. Al morir tenía la satisfacción de haber ayudado a formar varias editoriales católicas.
Estando en Friburgo el 21 de diciembre de 1597, después de haber rezado con varios jesuitas el santo rosario, de pronto exclamó: “Mírenla, ahí está. Ahí está” Y murió. Era la Virgen Santísima que había llegado para llevárselo al cielo.
El Papa Pío XI, lo canonizó el 21 de mayo de 1925, declarándolo Doctor de la Iglesia.
San Pedro Canisio se mostraba duro con los que propagaban la herejía. Pero su actitud era muy diferente con quienes habían nacido en el luteranismo o arrastrados a él.
El santo pasó toda su vida tratando de restaurar la vida católica.
Hablando de los alemanes, decía: “Es cierto que muchísimos de ellos abrazan las nuevas sectas y yerran en la fe, pero lo hacen más por ignorancia que por malicia.”
Según San Pedro Canisio: “…no había que enfrentarse ni siquiera a los más conscientes y peligrosos de los herejes con aspereza y descortesía, pues ello no sólo es el reverso del espíritu de Cristo, sino que equivale a quebrar la rama desquebrajada y a apagar la mecha que humea todavía.”
San Pedro Canisio: Tú que descubriste lo bueno de las personas más difíciles. Tú que encontraste sus talentos y los utilizaste, ayúdame a ver más allá de lo que me molesta para amarlos como Jesús y junto con ellos poder servirle. Amen
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