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Se acabó el marinismo

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Se acabó el marinismo
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 31 de enero de 2011

Termina un mandato sexenal en el gobierno de Puebla. Llegó el momento de darse cuenta de que las porras, los saludos y los vítores, son para el gobernador, no para la persona que  ocupa el cargo. Los sueños y las ilusiones de un grupo de políticos, de la “cultura del esfuerzo”, han llegado a su fin. ¿Con qué se van y qué dejan a sus gobernados?

Mario Marín Torres, es un hombre de origen campesino, que se propuso superar su situación económica y social; llegar a gobernar a los poblanos, entre ellos al sector que en una etapa de su vida lo humilló y despreció por su origen humilde y su aspecto indígena, no agraciado. Estudió derecho en la BUAP y desde ahí  creó su  llamada burbuja cuyos miembros  hicieron un pacto de lealtad y el compromiso de llegar al poder y protegerse de los “polveados”, como se conoce en los niveles universitarios a los blancos y ricos.

Su camino estuvo lleno de obstáculos y tuvo el valor y astucia de sortearlos. Dentro de la administración pública sirvió a muchos políticos como secretario particular, cargo que obliga exceso de trabajo y muchos malos tratos o culpas ajenas y, al mismo tiempo, estar cerca del poder sin tenerlo. Esto propicia en las personas la ambición e incluso cierto resentimiento en individuos con problemas de personalidad, algo que Marín pudo haber tenido desde la infancia. De que fuera un gobernante sui generis no tanto por su forma de gobernar sino por su estilo para usar el poder en su provecho personal y de sus familiares, algunos de ellos herederos de su animadversión hacia quienes representan la antítesis de su vida.

Con estos sentimientos y complejos tuvimos un sexenio lleno de contradicciones. Hubo actos de soberbia, prepotencia y menosprecio. Pero también el deseo de ser recordado por las obras que se hicieron y que quedarán para algunos como elefantes blancos y para otros como la oportunidad de dar un paso a la modernidad y el progreso. También se privilegiaron las obras pequeñas en las comunidades rurales, en donde el gobernador se sentía visiblemente  más a gusto y con mayor compromiso.

Algunos de sus cercanos colaboradores dicen que en corto era  amable y sencillo y que  se apenaba de las acciones de sus familiares que se volvieron ostentosos y querían exhibir a todos su cambio de estatus económico. Pero que el espíritu de clan, de protección, se impuso.

Cuando tomó posesión como gobernador, según trascendió, tenía la esperanza de llegar a ocupar la Presidencia de la República, emulando a Benito Juárez, sin embargo, su menosprecio a la periodista Lydia Cacho y la estulticia de Kamel Nacif lo condujeron al desprestigio, actitudes que quedaron grabadas para ser repetidas hasta el hartazgo. A ello hay que agregar los errores de sus asesores en comunicación quienes le dieron el tiro de gracia a aquellos sueños de grandeza. Todo se le deshizo, se desvaneció. Y el final de su mandato fue marcado por el desprestigio y la tristeza.

Los priistas se preguntan qué fue lo que lo motivó a no tomar las acciones necesarias para lograr el triunfo electoral en la contienda pasada. Unos dicen que la soberbia, el menosprecio y exceso de confianza, la necedad de imponer a un candidato que no reunía el perfil necesario para triunfar. Otros piensan que se trató de una negociación con el Presidente para lograr impunidad.

Estamos en el inicio de una nueva era. Hay inteligencia y preparación y un plus que a todos ha impactado: el ejemplo de lo que no se debe hacer. Esperemos que haya sensibilidad, inteligencia y deseos de servir a Puebla sin el lastre que significa el menosprecio, ahora al revés.

alvarezenriqueta@hotmail.com

Staff Puebla On Line 2009
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