Sesquicentenario de la Batalla de Puebla (II)
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En la entrega anterior, rememoré el escaso entusiasmo de la sociedad poblana para festejar el cincuentenario de la Batalla del Cinco de Mayo.
Las razones fueron varias, pero sobre todo, el peso de la losa histórica de lo ocurrido durante el inicio del “Segundo Imperio”.
En 1862, muchos poblanos, mantuvieron un sepulcral silencio después de la Batalla, lo que llevó al general Ignacio Zaragoza a confirmar que en verdad los ciudadanos se habían dispuesto a tapizar de flores el paso de los invasores. El obispo de Puebla, Pelagio Antonio Labastida y Dávalos ordenó que se negaran los servicios religiosos a los liberales.
Antes de la Batalla, el general Santiago Tapia emitió un Decreto de Estado de Excepción, en el que se leía:
“Los habitantes de esta ciudad pueden desde luego desplazarse a otro lugar, porque en éste quedarán sólo los hombres patriotas buenos y dignos ciudadanos, dispuestos a salvar su honor particular, el decoro del Estado y la Independencia de su Patria.”
Al anunciarse el triunfo de las tropas mexicanas el Cinco de Mayo, los poblanos cayeron en desánimo, pues su fiesta de bienvenida a los invasores se malogró.
El general Zaragoza, molesto por la falta de patriotismo de los poblanos, escribió a Benito Juárez: “Qué bueno sería quemar a Puebla. Está de luto por los acontecimientos del cinco. Esto es triste decirlo, pero es una realidad lamentable.”
Aún cuando lo que sucedió en los Fuertes, no fue una victoria, sino sólo un rechazo al ataque francés, sirvió de ejemplo para todo el país, para mostrar la actitud antipatriótica de muchos de los poblanos de la hoy capital.
Un año después, el 17 de mayo de 1863, el ejército mexicano sufrió desastrosa derrota, a pesar de que el grueso de sus tropas se localizaba en Puebla.
El presidente Benito Juárez, escribió a los soldados:
“Para repeler a los orgullosos soldados de la Francia os basta el ejemplo de nuestras propias hazañas en el cinco de mayo:”
Ese ejemplo no bastó. El general Jesús González Ortega hizo una gloriosa resistencia pero no pudo salvar lo insalvable: derrotar a 20 000 invasores. Los mexicanos hacían propaganda bélica distribuyendo panfletos escritos en francés entre el enemigo, en donde se leía: “Vosotros los soldados de un tirano. Lo mejor de Francia está de nuestro lado. Tenéis a Napoleón. Nosotros tenemos a Víctor Hugo.”
Era verdad, el célebre escritor francés, autor de “Los Miserables”, se había opuesto a la invasión, y cuando se enteró de que se le mencionaba en la propaganda mexicana, envió un mensaje a los defensores de Puebla, que decía: “No es Francia quien les hace la guerra, es el imperio… Combatid, luchad, sed terribles… Valientes hombres de México, resistid. Abrigo la esperanza de que el imperio fracasará en este infame intento, y que vosotros prevaleceréis.”
Cuando los franceses entraron finalmente a Puebla, no hubo ya el gran festejo de bienvenida que se había planeado un año atrás: la ciudad quedó demasiado destruida y asolada como para andarse con festejos. Pero, a pesar de eso, muchos se las arreglaron para dar la mejor de las bienvenidas a los franceses que duró dos días. Cuando llegó la noticia de la partida del presidente Benito Juárez hacía San Luis Potosí, entonces sí, la mayoría de los poblanos se dieron al festejo en grande, corriendo por las calles mientras exclamaban: “¡Viva Francia, muerte a Juárez!”
Finalmente, cuando los nuevos emperadores arribaron a Puebla, la sociedad poblana se volcó en atenciones hacia sus nuevos gobernantes, brindándoles una señorial calesa escoltada por doscientas carrozas más, que portaban a las más encumbradas damas de la sociedad angelopolitana.
Estos antecedentes, hacían que la sociedad de la Angelópolis no fuera entusiasta durante el cincuentenario.
Además, para 1913, en el cincuenta y un aniversario de la Batalla de Puebla, la entidad tenía nuevo gobernador. El 6 de enero de ese año, el gobernador del Estado, Nicolás Meléndez, expide el decreto del XXII Congreso Constitucional del estado, en donde se declara gobernador al Lic. Juan B. Carrasco, que gobernaría del 1 de febrero de 1913 al 31 de enero de 1917. Él fue impuesto por el presidente Madero en sustitución del Lic. Felipe Contreras, quien fue el que triunfó en las elecciones.
Juan B. Carrasco, nació en la ciudad de Puebla el 29 de julio de 1842. Realizó sus estudios en El Colegio del Estado. Desempeñó varios cargos públicos importantes durante el régimen del general porfirista Mucio P. Martínez. Murió en la ciudad de Puebla, el 29 de julio de 1915.
Empero, el 2 de febrero de 1913, el licenciado Juan B. Carrasco enferma y su lugar es ocupado por Francisco Barrientos y Barrrientos.
El 9 de febrero de 1913, el general Félix Díaz desconoce al presidente Madero, dando origen a los eventos de la Decena Trágica. En Puebla, el coronel Luis G. Pradillo, comandante del ejército federal en Puebla, secunda la rebelión de Félix Díaz. Asume todo el poder civil y militar en el estado y cierra la XXII Legislatura en nombre del movimiento felicista.
El 19 de febrero de 1913, triunfa la sublevación militar contra el gobierno de Madero. La repercusión de ese golpe de estado en la entidad, fue el estallido de la huelga de obreros maderistas, encabezados por Carlos Aldeco, que se inició el 23 de febrero.
En abril de 1913, se celebra en Monclova, Coahuila, la Convención Constitucionalista, con representantes de los estados de Sonora, Chihuahua y Coahuila, a efecto de desconocer al gobierno del general Victoriano Huerta. Venustiano Carranza es nombrado Primer Jefe del Ejército Constitucionalista.
A principios de mayo de 1913, agentes constitucionalistas enviados por Venustiano Carranza se asientan en la Sierra. A mediados de ese mes se unen a la policía local y capturan el pueblo de Huauchinango, donde liberan a 200 prisioneros. Luego invaden las localidades de Tetela de Ocampo y Tlatlauquitepec.
Curiosamente, el 4 de mayo de 1913, el gobernador Juan B. Carrasco reasume la gubernatura del estado, para al día siguiente, festejar la Batalla de Puebla, inaugurado, el aún inconcluso, mercado de “La Victoria”, junto con el presidente municipal Andrés Matienzo.
El nuevo mercado competiría con: “El Parían”, “El Parral”, “La placita del montón”, entre otros. La construcción del mercado de “La Victoria” se inició en el régimen porfirista del general Mucio P. Martínez.
A partir de 1913, el país y nuestra entidad, entran en una etapa de luchas intestinas por la Revolución, entre las diversas facciones revolucionarias y contrarevolucionarias, ya que el presidente de la república era el golpista Victoriano Huerta.
En 1917, se inicia el periodo constitucionalista y en toda la década de los 20´s comienza la consolidación e institucionalización de la revolución. Por eso, las celebraciones de la Batalla del Cinco de Mayo, se empiezan a consolidar en grande a partir de 1930.
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