lunes, 15 junio 2026
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Suspiro de poder

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Suspiro de poder
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 28 de enero de 2011

No es nuevo lo que le pasa a Mario Marín. Es el juego del poder.

Se le va de las manos y, los que antes lo alababan, hoy lo atacan.

Deja de ser el jefe supremo. Su peor momento fueron los días del caso Lydia Cacho. Sus mejores momentos no se recuerdan.

Pasará a la Historia como un gobernador poco aseado políticamente. Su equipo -el gabinete- será recordado por su derroche y su falta de tacto político (dejo de lado las responsabilidades que les puedan fincar en el futuro).

Nadie duda que puedan demostrar la legalidad de sus actos. De hecho, la legalidad fue la principal aliada de Marín. Fue el principio de legalidad, aplicado a la admisión de pruebas (no tomar en cuenta pruebas obtenidas ilegalmente) su argumento de defensa en el caso de la afamada periodista. Y le dieron la razón.

Pero hay un paso enorme entre la legalidad y la legitimidad. Y a Marín se le fue toda legitimidad en las acusaciones hechas en su contra por Lydia Cacho y los medios de comunicación.

Nadie debe dudar: a Marín jamás se le comprobó delito alguno. Pero, ¿quién se atreve a afirmar públicamente que las voces de él y de Kamel Nacif no pertenecen a ambos personajes en la mítica llamada telefónica que hizo explotar todas las consciencias políticas? ¿Quién mete las manos al fuego y puede afirmar que no hubo un complot y un desvío de poder para detener a Cacho?

Que nadie lo dude: a Marín lo acompaña, hasta el día de hoy, la legalidad. Pero la duda puede y pudo más; su legitimidad se hizo añicos el día que La Jornada publicó la conversación entre él y Nacif.

Por eso, hoy Marín está solo. Nadie le acompaña y nadie le acompañará. Será un apestado. Bartlett se puede pasear por la Angelópolis, Melquiades por el Estado y Piña Olaya puede pasar desapercibido. Pero Marín corre el riesgo de ser encarado, vejado, increpado.

Es que el poder se le ha ido. Se sabe con fecha de caducidad y el martes nadie le sonreirá. Hoy, en su informe, Marín ha dado un último suspiro. Pero que nadie se equivoque. Este político no es improvisado; sabe que puede tener de nuevo el beneplácito de algunos. Una diputación, una senaduría, una embajada, le harían sonreír y haría que los bufones salgan de sus trincheras o desvíen su mirada, hoy centrada en el nuevo mandamás.

Marín sabe que el poder lo curaría todo. Que sería un bálsamo.  Por eso peleará para volver a saborearlo, a pesar de que hoy ha dado un suspiro triste, melancólico e irónico.

Staff Puebla On Line 2009
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