Un “diálogo”; varias lecturas
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Sicilia y Calderón se citaron a un diálogo, aunque no sólo eran ellos, sino dos formas de ver la política, de entender la violencia, de querer la justicia, de buscar la paz.
Hay cosas que Felipe Calderón entiende de manera incorrecta.
1. Sicilia le demandó ayer que pidiera perdón a las familias de las víctimas por la guerra emprendida contra el crimen organizado. El Presidente afirmó que debía pedir perdón a las víctimas por no haber garantizado su seguridad, pero no por emprender la guerra contra las organizaciones criminales. Tal vez el Presidente no comprende que esa falta de garantía es (en buena parte) consecuencia directa de la acción militar que su gobierno emprendió.
2. El Presidente recalcó que lo verdaderamente irresponsable e imperdonable hubiera sido no haber actuado (al momento de asumir la Presidencia de la República, con los problemas de violencia que acaecían).
Tal vez el Presidente no entiende que no se le critica el combate al crimen organizado, sino la forma de combatirlo: sacando al ejército de los cuárteles y enviándolo a la calle.
3. El Presidente dice asumir la crítica, pero parece sordo. Sólo su razón, la razón militar, la violencia atacada con violencia, parece ser su respuesta al problema.
4. El Presidente tuvo razón en señalar que la culpa es de todos los niveles de gobierno. Sólo que le falta admitir que la intervención del ejército es solo culpa suya y de nadie más. Y es exactamente lo que se le exige: que dé un giro a la estrategia, porque la que ahora se tiene está desangrando al país. Y eso es sólo responsabilidad suya, como Jefe Supremo de las fuerzas armadas
Sicilia ha estado enorme:
1. Ha exigido la detención de una guerra que no es de los mexicanos, pero a ellos afecta. El Presidente le ha dado la razón. No hay más que hablar: estamos entre el fuego cruzado del crimen organizado y el gobierno, donde la acción del Estado no justifica la caída de tantos mexicanos. La violencia como solución a la violencia no parece haber sido la mejor solución.
2. Fue respetuoso y su mayor éxito es dar voz a más y más víctimas; a todas las víctimas. El diálogo en sí es ya un éxito de su movimiento. Cada víctima tiene nombre y rostro y las víctimas no son buenas, ni malas. Son víctimas de la incapacidad estatal. La afirmación del Presidente fue rotundamente exitosa para la causa de Sicilia: incluso los jóvenes caídos como integrantes del crimen organizado, son víctimas de esta guerra.
Más allá de coincidencias y diferencias, el diálogo debe ser visto como un primer paso y no como una solución al problema, porque:
a. El diálogo no resuelve la violencia. Los delincuentes siguen sueltos y la violencia no cesa. Por ello, en parte tienen razón quienes arguyen que el diálogo es inútil. En ese sentido, tienen razón. Pero es una forma muy utilitarista de medir el diálogo.
b. Porque el diálogo es esperanzador. Nunca, durante el sexenio, dos visiones tan distintas de atacar al crimen organizado habían expuesto sus posiciones en una misma mesa. Tal vez sea el punto de quiebre en una guerra que a nadie convence.
Así, el diálogo, aunque acartonado y formalista, fue un buen intento y un éxito de las víctimas, aunque ayer nadie ganó y nadie perdió. Tampoco ayer se ganó o se perdió la guerra contra el narcotráfico. Lo que sí logramos, fue presenciar la tolerancia entre dos posiciones. Falta que este primer paso se complemente con acciones gubernamentales llenas de sensibilidad democrática por parte del gobierno. Entonces, y sólo entonces, podremos decir si este diálogo fue o no benéfico para mejorar nuestra situación como país.