William Hazlitt (I)
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El escritor inglés William Hazlitt, es el más célebre representante de “el ensayo personal y familiar”. Escribe de temas aparentemente ligeros, desde una visión subjetiva, en primera persona. Para Hazlitt elegir la levedad no significaba excluir el valor contrario. Así es considerado el crítico literario inglés más importante, tras Samuel Johnson.
Los textos de Hazlitt y sus reflexiones sobre las piezas y los personajes de Shakespeare sólo han sido igualados por los de Johnson en cuanto a profundidad, originalidad e imaginación.
Entre sus ensayos destacan: “Los personajes de las obras de Shakespeare”, publicado en 1817; “Panorama del teatro inglés”, en 1818; “Los escritores cómicos ingleses” de 1819; y “La literatura dramática en la era isabelina” de 1820.
Su admiración por Napoleón le inspiró la redacción de su biografía “Vida de Napoleón Bonaparte” en cuatro tomos publicados entre 1828 y 1830.
William, nació el 10 de abril de 1778, en Mitre Lane, Maidstone, Inglaterra. En 1780, su familia se trasladó a Bandon, en Cork; y de Bandon a Norteamérica en 1783, donde el padre de William Hazlitt predicó, impartió clases y fundó la primera iglesia unitaria de Boston.
Hazlitt procedía de una familia irlandesa protestante, y de una rama que se trasladó durante el reino de Jorge I desde el condado de Antrim a Tipperary. Su padre estudió en la Universidad de Glasgow, en donde fue compañero de Adam Smith, y se tituló hacia 1761. Allí se convirtió en un unitarista, se unió a su ministerio, y se trasladó a Inglaterra.
Posteriormente fue pastor en Wisbech, en Cambridgeshire, en Marshfield en Gloucestershire, y en Maidstone.
Su padre William, se casó con Grace Loftus, hija de un granjero, con la cual procreó muchos hijos, pero sólo tres sobrevivieron a la infancia: John, el hijo mayor, se convirtió en un pintor miniaturista. Su segundo hijo, fue una niña llamada Peggy, quien también empezó a pintar óleos como aficionada; y William quien fue el último hijo.
Entre 1786 y 1787 la familia regresó a Inglaterra y se asentó en Wem, en Shropshire. William, de ocho años estudió en casa y en una escuela local.
Su padre lo preparó para el ministerio unitarista y lo envió a un seminario en Londres, el “Hackney College”, en donde sólo permaneció un año, para poco después volver a casa, en donde se dedicó a la pintura, una opción en la que influyó la carrera de su hermano mayor.
Compaginó la escritura y la pintura, demostrando que dominaba ambas disciplinas, hasta que las compensaciones económicas de la escritura superaron a las de la pintura.
En 1798, Hazlitt fue presentado a Samuel Taylor Coleridge y William Wordsworth, ambos poetas, críticos y filósofos, fundadores del Romanticismo inglés.
En el siguiente artículo ahondaré más en la vida de William, ahora, quiero finalizar este artículo, con algunas de sus frases celebres, las cuales pienso que serán de su agrado:
“Todos somos, en mayor o menor medida, esclavos de la opinión pública.”
“Un buen carácter vale tanto como un buen patrimonio.”
“El hombre es un animal que traga sapos.”
“El hombre es, naturalmente, un adorador de ídolos y un amante de reyes. Son los excesos del poder lo que hechiza su imaginación.”
“Los hombres despiertos no tienen más que un mundo, pero los hombres dormidos tienen cada uno su mundo.”
“El hombre es un animal que se alimenta de adulaciones.”
“El hombre es el único animal que ríe y llora; porque él es el único que conoce la diferencia entre las cosas que son y las que deberían ser.”
“En cuanto una persona carece de delicadeza, te tiene en su poder.”
“Las personas hábiles son los instrumentos con que trabajan los viles.”
“La gente más callada es, de ordinario, la que mejor piensa en sí misma.”
“La admiración del poder ajeno es tan común en el hombre como el amor al poder propio. Uno lo convierte en esclavo, el otro en tirano.”
“Los sonsonetes del poder tapan para siempre su oído a la voz de la libertad, el tacto aterciopelado petrifica su corazón ante el sufrimiento del pueblo. Es el padrote intelectual del poder. Otros lo son también, pero en un sentido más ordinario. Por cada tirano hay mil esclavos dispuestos.”
“Al más terrible despotismo corresponde la sumisión más abyecta.”
“Los esclavos más miserables terminan siendo los más fieles.”
“El lacayo que se acomoda detrás del sillón del amo mira con desprecio a la gente.”
“Quien porta la corona de oro no está solo en sus alardes: el miserable encadenado que sufre en un calabozo se deslumbra con ella. Si pudiera arrancarse los grilletes, se olvidaría de inmediato de los prisioneros que deja atrás, por tener tan sólo la oportunidad de contemplar a lo lejos, en un desfile, ese trasto brillante […] Simetría perfecta: a una tiranía que despoja todo sentido de libertad a los hombres y barre cualquier impulso de resistencia, se corresponde con lealtad.”
“La razón humana, lenta, floja, divagante e imperfecta, nada puede hacer contra la miseria y la degradación que provoca el poder. Sus efectos se esparcen tan extensamente, se implantan tan profundamente, pesan tanto que poco puede hacerse”.
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