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Y el “Tigre” sigue vivo

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Y el “Tigre” sigue vivo
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 17 de febrero de 2011

La discreta frustración puede ser una de las paradojas de la felicidad estridente. Ocurre en la política donde el poder no tiene dueño y menos aun una patente o franquicia que permita ejercerlo pagando por él. Es digamos que un infortunio que lleva su dosis atenuante cuando el afectado todavía ostenta un cargo de elección popular.

En fin, dejo este que parece galimatías y voy a un ejemplo tan evidente como el que representa Humberto Aguilar Coronado.

El senador de la República quiso ser gobernador y las circunstancias lo obligaron a ceder sus derechos partidistas a quien garantizaba el triunfo electoral. Y digo ceder porque se abstuvo de pelear la nominación con la “garra” que le ganó el mote de “Tigre”. No le quedada de otra mas que apechugar la decisión de su partido (o de Calderón), además de que, intuyo, medió la promesa de que sería parte medular del nuevo gobierno estatal. Falló esta última intención basada en los tradicionales pactos políticos, y Humberto tuvo que adoptar la discreta frustración mientras que su otrora adversario, o sea Rafael Moreno Valle Rosas, manifestaba su felicidad acompañada con la estridencia que producen las manifestaciones populares.

Vi al senador ese día 1 de febrero, saludando a sus seguidores afuera del recinto donde había tomado posesión el nuevo mandatario. Estaba sonriente sí, pero sin poder ocultar aquel malvado sentimiento común en los políticos de carrera y de oficio, deseo que arbitrariamente reduzco a una frase: “Yo tenía que haber sido el que protestó como gobernador”.

Quince días después se repitió la escena.

Humberto, el Tigre, asistió a la toma de posesión de Eduardo Rivera, su compañero de “establo” u otro de los ahijados políticos de Francisco Fraile García (como lo fue el propio Aguilar Coronado). Supongo que volvió a sentir el sufrimiento que dos semanas antes había padecido. Esto porque también perdió la postulación al cargo de presidente municipal que protestó Rivera, elección interna que representaba la segunda oportunidad para Humberto. Sin embargo, salió derrotado debido, entre otras razones, a que Rivera había estado trabajando la candidatura adentro de su partido, pegado a la política local e incluso moviéndose en las entrañas del panismo que ahora representa en el gobierno municipal. Supongo que el Tigre se repitió: “Yo tenía que haber sido el que protestó como alcalde”.

El legislador federal sumó al hilo dos golpes existenciales en un periodo relativamente corto. Sufrió un par de frustraciones medio atemperadas por la satisfacción que produce el formar parte del Senado de la República. Soportó dos puyazos al ego,  “heridas” que sin duda le sacaron la casta para seguir trabajando el proyecto político que concibió cuando por primera vez saboreó las mieles del poder.

Esa es, pues, la desdicha del “patricio” Humberto Aguilar Coronado, congoja que sin duda ha sido atenuada con la bendición laica y republicana del cargo de elección popular que ejerce. Y puede ser, por qué no, que las derrotas sean ahora sus ventajas, méritos que deben haberle ganado el reconocimiento de Rafael Moreno Valle Rosas, cuyo proyecto, según se ve y ha trascendido, necesita de aliados poderosos y con peso político nacional.

Lo curioso de este embrollo es que en medio de tales congojas y corajes discretos, si se vale el término, Humberto tuvo la habilidad de colocar algunas de sus piezas en el poder Legislativo y en el Cabildo municipal, previsión que le permitirá validar aquello de que para que el tigre no reviva nunca hay que dejarlo magullado. Es obvio que Aguilar Coronado ya lamió y curó esas lesiones; no está muerto pues, aunque sus enemigos aseguren que lo “mataron”.

acmanjarrez@hotmail.com

Staff Puebla On Line 2009
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