Agüera, el “plan B” de RVM para la presidencia de 4 años y 8 meses
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Para prever escenarios de cara a la elección de presidente municipal de Puebla, el año que viene, no hay que perder de vista una premisa fundamental: que Rafael Moreno Valle intentará por todos los medios a su alcance colocar a uno de sus aliados en esa relevante posición política.
Entre más cercano sea el aliado, entre más fuertes sean los lazos de interdependencia, incluso de subordinación, del nuevo edil hacia el gobernador, mejores perspectivas tendrá Moreno Valle para seguir en la construcción del proyecto político que se ha trazado.
Para el mandatario poblano debe resultar fundamental tener en la alcaldía de Puebla a un integrante del equipo compacto que lo ha venido acompañando desde hace más de una década.
Aquí es donde brotan los nombres que se han manejado en semanas y días recientes, con Fernando Manzanilla, secretario General de Gobierno, a la cabeza.
Pero si eso se volviera imposible, si por circunstancias incontrolables ninguno de los miembros de la burbuja resultase favorecido, entonces el huésped de Casa Puebla tendría que recurrir a un plan B, con la definición de un personaje que, aun sin ser morenovallista de origen, le garantizara lealtad y respuesta afirmativa a sus demandas.
La presidencia de la capital del estado no es poca cosa, y menos cuando se trata del ejercicio de un gobierno, el próximo gobierno, que estará en funciones durante casi cinco años.
Con esa premisa básica en el análisis, puede entenderse por qué el gobernador ha enviado a unos cuantos de sus colaboradores a realizar trabajo de campo en la ciudad, a darse a conocer entre los potenciales electores del municipio, y a tratar de construir una percepción positiva que los convierta en precandidatos con posibilidades reales de competir por la nominación en el PAN.
No tengo la menor duda de que Moreno Valle debe querer que Fernando Manzanilla sea el sucesor de Eduardo Rivera.
Me parece, al igual que a la mayoría de los observadores políticos que escriben y comentan sobre el tema, que el secretario General de Gobierno está en el primer escalón de aspiraciones del grupo en el poder.
Manzanilla, como principal aliado, colaborador y amigo de Moreno Valle, encabeza el plan A.
Sin embargo, no es el único que se encuentra en el ánimo del gobernador ni debe serlo.
El mandatario ha dejado correr también a Jorge Aguilar Chedraui y a José Antonio Gali Fayad, sus secretarios de Salud y de Infraestructura que repentinamente jalaron reflectores para ingresar al “dream team” de funcionarios con aspiraciones políticas.
Manzanilla, Chedraui y Gali, en ese orden, y quizá más atrás Amy Camacho y Pablo Rodríguez Regordosa, conforman la quinteta del morenovallismo para pelearle, primero al Yunque y después al PRI, la presidencia municipal de Puebla.
La apuesta parece sencilla pero no lo es.
Derrotar al panismo tradicional y a sus precandidatos, que debe tener varios, no será como ir a un día de fiesta en campamento scout.
Sin un buen posicionamiento entre el universo de probables votantes, sin una buena perspectiva electoral, difícilmente Manzanilla o cualquier otro de los morenovallistas podrá imponerse a los deseos del Yunque.
Para ganar la candidatura dentro del PAN, Manzanilla, Chedraui o Gali, o el que a usted se le ocurra, tendrá que llegar con un paquete importante de encuestas que muestren inmejorables resultados a su favor.
Y aun después de eso, de mostrar con argumentos en mano que se puede ser un candidato altamente competitivo, habrá que superar un segundo y no menos complicado obstáculo: el rechazo en automático de ese sector del panismo frente a las “sugerencias” de Moreno Valle.
Al interior del PAN habrá liderazgos dispuestos a bloquear todo intento del gobernador por hacerse de la candidatura.
Con todo y los eventuales números a favor en encuestas y sondeos, insistirán en la unción de un personaje salido de sus filas y lucharán por ello hasta el final, con altas probabilidades de éxito.
En esa postura veo desde ahora al propio Rivera, a Juan Carlos Mondragón, ya como ex presidente del Comité Directivo Estatal, a Ana Teresa Aranda y a otros más.
Ahí podría frustrarse el plan A del inquilino de Casa Puebla.
Y si el plan A se cae, si en lugar de un morenovallista resulta que el PAN postula a un yunquista, contrario en proyecto y convicciones al gobernador, pues entonces habría que echar mano de un plan B.
¿Cuál sería ese plan B?
Ni más ni menos que lanzar un candidato propio desde el PRI, sí, desde el partido tricolor, en coalición con el Partido Nueva Alianza, el Partido Compromiso por Puebla y los demás que acepten.
Imagine a quién preferiría Moreno Valle:
¿A Pablo Montiel Solana, a Francisco Rodríguez Álvarez, o, por ejemplo, a Enrique Agüera Ibáñez?
Me parece que el rector de la BUAP puede volverse el candidato del gobernador si el escenario en el PAN se le descompone.
Todavía falta tiempo y muchos episodios de la historia por transcurrir.
De cualquier forma, no lo descartaría.
En una de esas Moreno Valle le apuesta a jugar por dos bandas: la del PAN y la del PRI… y gana.