Campañas somníferas y candidatos cobardes
joomla.2009
Si las campañas electorales en México fueran una auténtica lluvia de ideas y propuestas entre los candidatos presidenciales, y mejor no hablamos de los que aspiran al Poder Legislativo, seguramente como ciudadanos discutiríamos con pasión y estas elecciones serían realmente de interés público y no habría, por tanto, necesidad de atacar a los demás contrincantes para ganar notoriedad en lo que muchos quisieran volver una guerra de lodo y no una fiesta democrática como debiera ser.
Cuando los seres humanos escuchamos que hablan de nosotros y de cosas que nos pueden afectar o beneficiar tenemos un interés natural alineado a nuestro instinto de sobrevivencia, de precaución y de prevención. Si esto es así, entonces, ¿cómo explicarnos que este proceso electoral lejos de atraer a los electores nos invita a dormir o francamente nos enoja?.
Los candidatos deberían procurar más el desarrollo de propuestas aunque ello suena francamente idílico, en especial si consideramos que las cabezas o no gustan de la lectura, o no saben contar o viven en un mundo de caramelo lleno de amor. Por ejemplo, resulta penoso que el PRI teniendo un candidato carismático en lugar de presentar un proyecto de Estado en todo evento, prefiera hacer compromisos sobre obras y servicios públicos. Aunque he de decir que mucho peor están los demás candidatos iniciando campañas de desprestigio y de ataque.
Y qué decir de Puebla cuando justo en esta semana se cancela el primer debate entre los candidatos al Senado sin justificación de peso aparente: que si no querían todos los candidatos, que si no lo organizó el IFE, que si el presidente de los estudiantes de la IBERO era pro Nueva Alianza, etc, etc.
Lo cierto es que el espíritu antidemocrático de muchos de nuestros candidatos los lleva a estar muy lejos de considerar estos ejercicios de intercambio de ideas como herramientas indispensables para el fortalecimiento de la democracia mexicana, y más bien son vistos como una prueba de ganar-perder ellos y nunca, pero nunca consideran el beneficio que pudieran obtener los electores.
Por fortuna algunos candidatos nos atrevemos a pensar y presentar ideas propias y exponerlas ante la opinión pública bajo el entendido de que solo así podemos encontrar coincidencias en las diferencias, que desde ese momento se inicia la construcción de consensos y no necesariamente, la debacle de tal o cual candidato.
Si no podemos ser valientes para hablar y defender entre similares lo que pensamos y proponemos, calculo que mucho menos seremos capaces de defender y abanderar lo que los ciudadanos piensan y proponen.
Valentía política es lo que falta en este país, pero en tanto los encontramos, nos leemos la próxima semana.