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Ciudadanía; la vida diaria y los momentos de coyuntura

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Ciudadanía; la vida diaria y los momentos de coyuntura
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 2 de marzo de 2012

Ante lo corrupto de nuestro sistema político, no podemos sino desear un cambio de fondo a partir de pequeños pasos dados por personas pequeñas, simples, normales.

No podemos esperar un cambio proveniente de los partidos políticos, de la política en general, del ámbito empresarial, del ámbito cultural, etcétera.

Los cambios son, sobre todo, cuestión de los ciudadanos. En pequeñas dosis podemos administrar la medicina suficiente para curar el mal que aqueja a nuestra sociedad.

Ningún programa de conciencia ecológica es tan efectivo como el que los padres enseñen a sus hijos a reciclar la basura, a tirar los desperdicios en el lugar correcto y a preferir consumir productos orgánicos.

Ningún programa de fomento a la lectura será efectivo si la madre, el padre, los padres, los tíos, o los abuelos, prefieren “poner” al niño frente al televisor (o frente al Xbox o al Play Station), que sentarse con ellos a tratar de inculcarles un hábito de lectura.
Son esas pequeñas cosas que hacen una diferencia abismal en el conjunto.

Asimismo, la ciudadanía es el sujeto importante en los momentos de coyuntura.

Pienso en pasajes históricos como la Independencia, la Revolución, la Nacionalización de la Industria Petrolera.

Y también en momentos en los que la ciudadanía fue escéptica, timorata o indiferente y pagó con creces ese papel. El `68 mexicano es un ejemplo de ello: el grito (la demanda, la súplica) de “Únete Pueblo” es el eje sobre el cual podríamos reflexionar acerca del papel de la ciudadanía en el movimiento estudiantil.

También recuerdo el año 2006 en que los poblanos salimos a las calles para exigir la salida de Mario Marín del Gobierno del Estado.

Había sido descubierta una conjura para detener, torturar y vejar a una periodista “incómoda” que “chingaba” a sus amigos. Marín era el Jefe de la trama, el “héroe”, y estaba a disposición de quien quisiera matarlo (políticamente), a merced de que (figurativamente) le cortáramos la cabeza en la “Plaza de la Concordia” poblana; y se nos fue vivo. Lo dejamos vivir.

Hubo una movilización importante, cierto, pero nos quedamos cortos.

Nos faltó coraje, ímpetu y voluntad para tirar puertas, romper cristales, salir y plantarse día y noche frente a Palacio de Gobierno porque, parafraseando a Lydia Cacho, la impunidad de la crueldad y el cinismo de Marín significaba la pérdida de toda esperanza de democracia (en Puebla). Y dejamos que la oportunidad se nos diluyera entre los manos. Nos queda mucho por aprender de la Primavera Árabe.

Esto no significa que la ciudadanía haya sido la única responsable. Por supuesto que hubo el pacto entre PRI y PAN para mantenerlo en el poder. Pero eso lo alentó nuestro “momentáneo” involucramiento (y en muchos casos con matices de indiferencia)

Así las cosas, la ciudadanía tiene dos responsabilidades para cambiar este sistema podrido, corrupto, cínico y estable: cambiar en el “día a día” y asumir su papel en los momentos de coyuntura. En tiempos recientes hemos tomado más conciencia de lo primero. Pero, de lo segundo, falta que nos atrevamos mucho más.

Nadie nos regalará la democracia que queremos.

En este país aún necesitamos dejar de conformarnos con la democracia que la clase política nos otorga a cuentagotas y ser nosotros, activamente, quienes le limitemos.

Nos falta dar un salto hacia el activismo, no solo en las coyunturas, sino en la vida diaria.

Debemos asumirnos como sujetos históricos.

Asumirnos como ciudadanos democráticos; en el día a día y en los momentos de coyuntura.

Ello significa dos cosas aparentemente contradictorias: construir y destruir.

Construir la democracia que queremos. Es el paso más difícil.

Destruir el entorno de corrupción política y social que nos rodea. Ese, tal vez, sea el paso más necesario.

Staff Puebla On Line 2009
Staff Puebla On Line 2009